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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Las casas rurales sufren un mal invierno tras el incendio y el exceso de la oferta

La irrupción de las viviendas vacacionales desbanca en la Isla el modelo original del turismo rural

Casa rural Doña Margarita. LP / DLP

La irrupción de las viviendas vacacionales, la quiebra de aerolíneas como Air Berlín, o la reducción de vuelos de Ryanair y los hospedajes ilegales está mermando la actividad de las casas rurales en Gran Canaria. Y lo hace con índices significativos, con mermas de hasta un 40 por ciento menos de ocupación el año pasado con respecto al anterior, y con unas proyecciones para los próximos meses no muy halagüeñas ya que en estos días no está cubierta ni la mitad de las reservas para Semana Santa, un cupo con creces resuelto en otros ejercicios para estas fechas de finales de febrero.

José Rivero es intermediador turístico. Gestiona una treintena de casas rurales y vive del sector desde su aparición en la isla, cuando el nombre de 'casa rural' provocó en aquél entonces una explosión tanto de la oferta como de la demanda.

Rivero afirma que este tipo de alojamiento, "como todo el sector turístico, vive sus momentos cíclicos, de crisis y bonanzas, y que el bajón desde febrero del pasado año es igual que el convencional". Pero lo ocurrido con las casas rurales desde el pasado invierno ha comenzado a alertar a los propietarios, por una "temporada que fue muy floja", y que tiene visos de repetirse con apenas diez días mensuales de ocupación en sus establecimientos, tal y como está ocurriendo a estas alturas del año.

Y para la estación veraniega señala que "si no tienes piscina, pues simplemente no se alquilan, y las que lo ofertan son las del sur las ocupadas, porque en la zona centro y norte el mercado se encuentra fatal dado que el clima ha cambiado en la zona, y eso lo saben los clientes".

Las casas rurales, como tales, están catalogadas desde principios de siglo por el preceptivo reglamento del Gobierno de Canarias, que en su momento contemplaba una serie de requisitos como que se encuentren enclavadas en suelo rústico, que sean parte integrante del patrimonio histórico de las islas, es decir, incluidas en algunos de los instrumentos previstos en el artículo 15 de la Ley 4/1999, de 15 de marzo. Además debían estar construidas antes de 1950, su reforma o mejora de instalaciones no debían superar el 25 por ciento de la superficie original. También se detallaba la tipología del mobiliario, entre otras cuestiones, que añaden conceptos como la obligatoriedad de calefacción central a aquellas ubicadas sobre la cota de los 500 metros de altura.

Una buena parte de las viviendas existentes en la actualidad y en estado de explotación hoy en día proceden de aquella hornada y sus propietarios recuerdan el "tedioso" proceso burocrático para lograr abrir por fin la cancela a un inquilino.

Pero por esas mismas circunstancias la oferta crecía de manera progresiva, hasta que en la segunda mitad de la primera década del siglo se producen dos circunstancias que van a dar un vuelco a esa pequeña edad de oro: la crisis económica y la aparición de la modalidad de vivienda vacacional, para cuya puesta en marcha apenas se necesitaba poco más que la cédula de habitabilidad, dar cuenta de la identidad de sus clientes a la Dirección General de Policía y la presentación de declaración responsable ante el cabildo correspondiente.

Y como afirma Alicia Aramendía, miembro de la asociación de casas rurales Las Tirajanas, "les dan el alta hasta por teléfono", de manera que inmuebles emblemáticos, de tipología canaria y construidos antes de la mitad del siglo pasado, prefieren catalogarse como vivienda vacacional para evitar el trámite burocrático inherente a la categoría rural.

Reducción de vuelos

Reducción de vuelos

Según afirma el intermediador, en la isla "ni se sabe" el número de ellas. Calcula que rurales existen unas 200 y vacacionales medio millar, "lo que unido a la quiebra de las compañías aéreas, y la situación de Ryanair con el cierre de sus bases en la isla, "se ha notado" aún más la merma, para subrayar que "hay clientes que tienen alquiladas las casas pero no pueden venir o bien porque no encuentran vuelos, o son carísimos, y se van a otros destinos".

No acaban ahí las dificultades. Ante un descenso generalizado del volumen de negocio, "los grandes hoteles se ven obligados a llenar, y para ello bajan precios. Cinco estrellas con todo incluido rivalizan en el coste para el cliente con las casas rurales, y claro, se lo piensan, hacen cuentas, y los hay que prefieren tener todos los gastos cubiertos y luego ir descubriendo la isla interior".

Y es que "son tiempos de cambios, en el que las reservas", detalla Aramendía, "se hacen cada vez con menos tiempo. Hace dos semanas me llegó una reserva el sábado, y a la media hora se nos presentaron los clientes en casa. Quiero decir con esto que tenemos que tener una total disponibilidad on line, y estar preparados para recibir a alguien las 24 horas del día, como si fuera un hotel de 800 habitaciones, lo que indica que el sector turístico está cambiando mucho".

A esto se añade las percepciones del potencial turista de casa rural, que se mantiene informado de las condiciones en las que se encuentra el entorno que quiere visitar, y que incluso mira si se está pasando una sequía. "Si observan que hace años que no llueve, o como ocurrió en agosto, saben de los incendios forestales, buscan otros lugares, da igual que sea la isla de al lado", tal es así que en octubre y noviembre, meses estrella, se obtuvo un saldo "malísimo con un 12 por ciento menos", unas estadísticas de ocupación que muestran "un notable descenso", según las fuentes consultadas.

Cultura e idiosincracia

Cultura e idiosincracia

Para unos empresarios que tienen en su casa rural un mero complemento, "porque de esto no se vive", el último año "ha sido radical", continúa Alicia. "Y los ayuntamientos no hacen absolutamente nada por apoyarnos, porque tienen muy poco interés en el medio rural, en mantener la tradición, la cultura y la idiosincracia de cada isla".

Por ese motivo, una veintena de emprendedores han creado la asociación de propietarios de casas de turismo rural Las Tirajanas, a la que pertenece Aramendía, "un proyecto muy bonito", subraya, "con el vamos a potenciar los grandes valores de Santa Lucía, un pueblo precioso que sí ha sabido mantener su personalidad porque está alejado y que queremos que también trascienda a San Bartolomé de Tirajana y la villa de Agüimes, para unificar una gran cuenca donde acoger a esos turistas y que lo vean con otros ojos".

Entre las iniciativas que se han propuesto figura la realización de un plan de gestión de la red de senderos trabajando conjuntamente con los empresarios del turismo activo para fomentar la ferrata y la escalada, así como crear un espacio de promoción para el cicloturismo, tanto el recreativo como el deportivo.

Otras de las ideas es la de implementar una serie de circuitos permanentes para la práctica de la orientación así como intentar consolidar la zona como destino starlight, para la observación nocturna dada la baja contaminación lumínica de sus cielos.

"Pero ante todo", recalca, "lo que queremos es conseguir una sensibilización para que exista una colaboración publica y privada, para que ayuntamientos, turismo y agricultura se den la mano para reactivar estas economía. Tenemos claro que no se trata de ofertar nuestras casas, que de eso ya sabemos, sino de convertir estos puntos en referentes del turismo activo".

Pero para ello "hay que darle un contenido al entorno, que se puedan visitar museos, potenciar valores como, en el caso de Santa Lucía, las almazaras y resaltar su patrimonio con un museo de la palmera, o la cestería, o dar a conocer que el lugar fue capital de los famosos tintes de la cochinilla, por no hablar de su aceite y su artesanía del pan, porque hasta ahora solo se pone en valor lo que da dinero de forma rápida, y hay que sacar, al igual que en la España vaciada, a la Gran Canaria olvidada".

La unión es una de las claves para el éxito de una actividad económica generalmente exenta de la participación de grandes cadenas corporativas.

Lourdes Pérez Mederos es directora del Hotel Rural Las Longueras, en Agaete, uno de los siete establecimientos de este tipo ubicados en Gran Canaria, y es vocal de Gran Canaria Natural & Active, lo que le permite dinamizar la promoción de su sorprendente establecimiento fuera de la isla, entre otras ventajas. Las Longueras, además, trabaja con tourperación.

El Hotel Rural, ubicado en el estratégico Valle se sirve también de otras dos firmas, una británica y otra holandesa, para captar turistas que buscan actividades, bien sean de senderismo o de cicloturismo, y asegura que sus huéspedes desayunan, "y no vuelven hasta la cena", para disfrutar justo de lo que propone Aramendía, "de la gastronomía local, las queserías, los molinos de gofio y los museos, "porque", como subraya Lourdes Pérez, "no es tanto una cuestión de cultura, sino de diferenciarse de los hoteles de gran capacidad y ofrecerles experiencias diferentes".

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