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Crisis del coronavirus Vuelta a casa desde Oceanía

22 horas a base de galletas en El Prat

Aythami Pérez, que venía de Australia, estuvo sin comida y angustiado en el aeropuerto de Barcelona

Aythami Pérez Vega, ayer, a su llegada al aeropuerto de Gran Canaria.

Aythami Pérez Vega, ayer, a su llegada al aeropuerto de Gran Canaria. Juan Castro

"Fue muy mal el viaje de vuelta a casa, a la Isla, desde Australia, al ser tan largo y con varias escalas", destaca el grancanario Aythami Pérez Vega tras aterrizar y salir por la terminal de llegadas del aeropuerto de Gran Canaria. Aythami Pérez llegó sobre las 14.15 horas de ayer en un avión procedente del aeropuerto de El Prat de Barcelona, en el que viajaban a bordo solo once pasajeros. Dos miembros de Cruz Roja tomaron a todos la temperatura tras aterrizar en Gando y rellenaron un formulario sobre el motivo del viaje.

"Deseo comer y dormir hasta que mi cuerpo diga que no hace falta más", exclamó el joven antes de salir del recinto aeroportuario.

Sobre el viaje de vuelta, el pasajero resalta lo mala que fue para él la escala en la Ciudad Condal. "Fue de 22 horas. No podía dormir por miedo a que les pasara algo a mis maletas y por la angustia de que se cancelara el vuelo a Gran Canaria", recuerda Pérez Vega. "No tenía nada para comer durante ese tiempo, sólo las galletas y poco más que ofrecen las máquinas en el aeropuerto de El Prat al estar todo cerrado. Lo pasé mal, solo, sentado en el suelo. Lo bueno es que estaba al lado de un enchufe y podía hablar por el móvil con los míos", agrega.

Aythami Pérez había viajado a la ciudad de Perth, capital del Estado de Australia Occidental, para aprender inglés. Sin embargo, la pandemia del coronavirus determinó el cierre de las escuelas y de los negocios de Australia, le obligó a pasar una semana de cuarentena en un piso con unos japoneses desconocidos y a tomar la decisión de volver a Gran Canaria junto a su familia.

El joven grancanario lo pasó mal durante la semana de cuarentena porque "no podía salir a la calle, ni tampoco comunicarme con la familia por la diferencia horaria, ocho más respecto a la hora canaria. Mis familiares podían hablar más cuando yo dormía. Así que me pasaba las noches en vela y dormía de día".

Respecto a tener alimentos para comer en ese piso durante la cuarentena, se resolvió gracias a una voluntaria. "Fui a Perth a estudiar a través de una agencia. Como consecuencia del virus se creó un grupo de wasap de las personas que viajamos con la agencia. Así conocí y contacté con una chica, con coche propio, que se ofreció para comprarme en el supermercado comida y llevármela a donde yo estaba. Me ayudó mucho", afirma.

Después de todo lo vivido, antes y durante el viaje de regreso al Archipiélago, Aythami Pérez lo tiene muy claro a la hora de hablar del futuro: "Pretendo volver a ahorrar para regresar de nuevo a Australia cuando sea posible para estudiar inglés".

Nadie esperaba a los pasajeros a bordo de ese avión que procedía de Barcelona. El aeropuerto grancanario estaba prácticamente vacío. Sólo se podía ver poco antes de las dos de la tarde a pequeños grupos de turistas que embarcaban en un vuelo.

Sobre las dos de la tarde, la pantalla en la terminal de salidas indicaba sólo once vuelos, de los cuales uno estaba cancelado, a Bruselas, y el último era a las 21.00 horas con destino Tenerife Norte. En los pasillos sólo se veía a trabajadores. A esa hora no se esperaba que en el día de ayer aterrizaran más de diez aviones.

La pareja de jóvenes formada por Marina Sarmiento, natural de Moya, y Pablo Perdomo, de la capital grancanaria, estaba también entre los once pasajeros del citado vuelo procedente de la capital catalana. Ella estudia Periodismo y él finalizó en febrero sus estudios de Ciencias Biomédicas, ambos en Barcelona.

"Cancelaron las clases y toda actividad universitaria con esta epidemia. Como nuestras familias estaban preocupadas, pues decidimos volver, como conseguimos hoy [ayer, para el lector]", explica Pablo Perdomo.

Aunque los dos hayan regresado, Sarmiento y Perdomo han resuelto que harán la cuarentena durante dos semanas por separado. "Cada uno en solitario y en una casa vacía distinta, ella en Moya y yo en Las Mesas", señala Pablo Perdomo. "Estaremos aislados, por seguridad y por el bien de los demás, pero más cerca de nuestros familiares".

En relación a cómo han encontrado la situación en Barcelona desde la decisión del Gobierno central de decretar el estado de alarma en todo el país el domingo día 14 de marzo, Marina Sarmiento afirma: "Sí se ha visto ese vacío en sus calles y avenidas, aparte de ver a gente paseando a los perros. Por regla general hemos visto que la gente ha seguido a rajatabla la cuarentena y el tener que estar en los domicilios. Hemos visto, es verdad, que en algunos supermercados no se respetaban esas distancias que hay que mantener entre cada uno".

"Tengo un amigo que estaba en Madrid, donde estudia. Ya regresó antes del 14 de marzo a Gran Canaria con síntomas leves de fiebre y vómitos. Se fue a una casa vacía para estar solo. Ya está mejor", sentencia Perdomo.

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