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Los efectos en el mundo rural

El golpe de gracia

El comercio y la población de Artenara se enfrentan a un nuevo revés tras recuperarse, con sacrificios, del efecto de los incendios de agosto

Dos turistas delante del Centro de Interpretación de Risco Caído.

Dos turistas delante del Centro de Interpretación de Risco Caído. J. PÉREZ CURBELO

"Lo que nos estamos viendo venir es un golpe de gracia". Así de tajante se muestra Miqueas Sánchez, el presidente de la asociación de empresarios de Artenara, Edarte, sobre las consecuencias que puede tener la crisis sanitaria desatada por el coronavirus en los comercios del pueblo cumbrero, que ha vivido un último año caótico, con dos incendios que les dejaron ya confinados en agosto, y una tormenta de arena en febrero que espantó al turismo. Esos tropiezos se consiguieron corregir, no sin grandes sacrificios, pero este amenaza con hacer temblar los cimientos de muchas pequeñas empresas.

Un incendio supone un duro revés para la población de cualquier municipio. Que solo unos días después se propague otro empieza a afectar de manera grave su economía. Que pocos meses más tarde, una de las calimas más intesas de la historia vuelva a frenar la actividad altera los pequeños brotes que volvían a surgir. Pero esta cuarentena que parece se va a alargar al menos durante un mes, puede ser el golpe definitivo que se lleve por delante a muchos de los pequeños comerciantes de Artenara, un pueblo que ha sufrido retos mayúsculos en los últimos ocho ciclos lunares. La situación se ha vuelto insostenible, y la sensación que tienen los empresarios es que, a diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones, esta vez la recuperación no será tan rápida, y la incertidumbre se cebará con sus comercios.

"No estamos hablando de ponerse ricos o pobres, sino de sobrevivir o no sobrevivir, de creación de puestos de trabajo, de microeconomía en estos municipios", enfatiza Sánchez. Lo que quieren conseguir los empresarios de Artenara es que se tenga en cuenta las peculiaridades de los establecimientos de zonas rurales o de barrios, ya que es muy distinto establecer unos servicios mínimos en grandes pueblos o ciudades que en los más pequeños, en donde la afluencia es menor y los costes de permanecer abiertos superan a los ingresos por muy amplio margen. Por ello, han mandado un escrito tanto al Gobierno de España, como al Ejecutivo canario y el Cabildo insular en el que expresan su preocupación y les instan a implementar algún plan de ayudas a este tipo de comercios.

El alcalde de Artenara, Jesús Díaz, coincide con el panorama descrito por los empresarios locales y asegura que el Consistorio les ayudará "en todo lo posible", siempre dentro de sus competencias y capacidad. "No les vamos a abandonar, y hasta donde podamos llegar, llegaremos", insistió, para luego recordar cómo se volcó el pueblo canario tras los incendios, con sendas iniciativas propuestas para dinamizar la economía del municipio tras esos golpes que contaron con gran afluencia, en la que se mostró la solidaridad hacia los efectos de la tormenta que sufrió la cumbre grancanaria.

Díaz explica el comportamiento habitual del vecino de Artenara, municipio en el que hay censados poco más de 1.000 habitantes, pero que, en la práctica, alberga a unos 500: "Quienes viven aquí son personas mayores que permanecen en sus casas y hacen sus grandes compras del mes en los centros comerciales de la capital". Por ello, los principales clientes de los establecimientos del pueblo, más allá de las pequeñas compras cotidianas de sus pobladores, son los turistas y visitantes que pasan con su coche por ahí y deciden parar a tomarse algo o comprar cualquier cosa.

Para el líder de los empresarios locales, las 17 compañías que operan en el municipio requieren de un plan de acción que les dé cierta viabilidad de futuro después de tantas semanas complicadas. Y esta es una problemática que comparten con los comercios de Tejeda, pueblo vecino que también ha sufrido las mismas catástrofes que Artenara. De ahí que se piense en hacer frente conjunto para hacer llegar sus demandas lo más alto posible, para lo que han pedido la cooperación también del resto de asociaciones empresariales de la Isla. Y remarca, con cierta preocupación: "El problema de todo esto no son solo las ventas puntuales de ahora, sino la incertidumbre de las expectativas futuras". Y es que cuestiones como el despoblamiento de las zonas rurales o la cada vez menor afluencia de visitantes son campos de batalla en los que se tendrá que luchar los próximos años en núcleos como estos.

Resignación en el encierro

Según el regidor cumbrero, la ciudadanía "está cada vez más concienciada de que tiene que quedarse en casa para poder pasar esta situación cuanto antes", y así lo están haciendo en el municipio, donde poca gente se ve por las calles desde que hace dos semanas se decretara el estado de alarma en todo el país. Permanecen en sus viviendas a la espera de que puedan volver a reanudar sus actividades cotidianas sin miedo a contagiarse por el coronavirus. Para Díaz, la situación es todavía más complicada si se tiene en cuenta que el suyo es uno de los pueblos más alejados de la capital grancanaria, que se encuentra a unos 50 kilómetros de distancia por carreteras tortuosas.

En cualquier caso, los servicios sociales del Ayuntamiento están ayudando "en todo lo posible" a aquellos vecinos y vecinas que requieran asistencia, acercándoles las compras y medicinas y atendiendo sus necesidades siempre que esté en sus manos. Muchos de esos habitantes, recuerda el alcalde, son personas que viven solas y sus familias se encuentran, normalmente, a mucha distancia de ellos. Además, al ser un pueblo pequeño, todos se conocen entre sí y las llamadas para interesarse se suceden cada día, mientras todo fuera está cerrado por la cuarentena.

Entre lo que permanece cerrado, el recientemente inaugurado Centro de Interpretación de Risco Caído, que el alcalde espera que se pueda convertir "en un atractivo más" para que la gente pueda acercarse a Artenara una vez esta situación pase. Además, se ha tenido que aplazar la apertura al público de la réplica de una de las cuevas más simbólicas del espacio declarado Patrimonio Mundial de la Unesco el año pasado, que tenía previsto celebrarse durante el presente mes. "Este es un municipio muy pequeño, y todo está cerrado. A los trabajadores les hemos dicho que se queden en sus casas, y se ha parado prácticamente todo", apunta Díaz al respecto.

Por ejemplo, la escuela de telares que se imparte en el barrio de Las Arvejas ha tenido que suspenderse. En ella, se reunían varias mujeres del pueblo para aprender uno de los oficios de los antepasados canarios que, con la modernidad, ha ido perdiendo adeptos.

De hecho, fue visitado a finales del 2019 por la consejera insular de Industria, Artesanía y Comercio, Minerva Alonso, con el objetivo de darle un espaldarazo institucional al proyecto. Quizás ahora el futuro no parezca halagüeño, pero la sociedad artenarense seguirá peleando por evitar que su pueblo caiga en el olvido una vez pase esta nueva piedra en el camino.

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