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Crisis del coronavirus Los que no paran

La agricultura no se rinde

Los trabajadores del campo continúan cosechando pese a las "bajas ventas" que han sufrido tras el cierre de mercados por la pandemia

Foto de archivo de una cosecha de zanahorias. JOSÉ CARLOS GUERRA

Sin rendirse, así están los agricultores de la Isla que se levantan día a día con incertidumbre y preocupación. Y es que algunos han tenido pérdidas desde que empezó el estado de alerta, a consecuencia de la llegada del coronavirus, en especial los que se dedican a las hortalizas. Sin embargo, a diario salen de sus hogares con rumbo a sus fincas para continuar con la producción y proveer de alimentos al pueblo canario.

Han pasado poco más de dos semanas desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretó la cuarentena para varios sectores del país, entre ellos la hostelería, de la cual dependían otros gremios como la ganadería y la agricultura. "Con el cierre de los restaurantes y bares, todo se para más", cuenta Martín Déniz, agricultor de hortalizas como puerros y cebolla. "El problema que tenemos es que no hay demanda, vamos a enterrar la siembra porque no hay venta, no se vende", lamenta Déniz. "No es que haya producción", resalta. "Es que dependemos del turismo, la Isla se sostiene con una sola pata. Eso es lo peor", asegura con preocupación el agricultor.

Déniz también manifiesta que, pese a que algunos mercados han cerrado sus puertas, en la Isla se sigue comprando a productores extranjeros y no se "da prioridad" al local. "Se sigue importando y tenemos esa competencia y sin un mercado al cual venderle", apunta mientras resalta que, al no tener salida de sus cosechas, estas "se gastan o se tiran". "Europa no existe para que nosotros exportemos nuestra producción, solo para traer las de otros", lamenta.

En una situación similar se encuentra David Ramos Díaz, que se dedica al cultivo de hortalizas, en especial lechugas y col. "Estamos fatal, porque la venta ha disminuido más del 50%, sobre todo porque suministramos a una empresa que vende ensaladas empaquetadas y que, ahora mismo, se ha parado", señala el trabajador del campo. "Hemos enterrado un montón de cultivo", afirma con tristeza. Respecto al virus explica que utilizan "todos los medios de desinfección" como guantes, desinfectantes y manteniendo la distancia de seguridad con otros trabajadores. La rutina laboral desde que comenzó el decreto de alarma le ha cambiado de una manera "exagerada". "Casi que estamos aburridos y amargados, dándole vueltas a la cabeza, preguntándonos si plantamos mucho o poco o si no lo hacemos", describe Ramos Díaz con intranquilidad. Por lo que espera que "todo mejore por el bien de todos".

Por su parte, los hermanos y trabajadores del campo Gerardo y Yeray Déniz Rivero, cuya finca se sitúa en la zona de medianías, trabajan en diferentes fincas, pero ahora se ayudan entre ellos para evitar "traer empleados y que puedan resultar infectados". "Nosotros seguimos trabajando con normalidad nuestro cultivo de papa. Ahora hemos parado un poco la recolecta pero esperamos poder comenzar esta semana". "Por ahora solo hemos realizado el tratamiento fitosanitario de nuestra plantación", narra Gerardo Déniz Rivero.

El campesino comenta que siente miedo ante el virus "como todos". "Lo bueno es que yo puedo dominar el cultivo solo, el problema es cuando se necesite tener un empleado para la recolección, aunque la finca es grande y sobrará espacio para que mantengan la distancia entre ellos", manifiesta el agricultor.

"Procuramos estar dentro de nuestra casa temprano, a los cultivos acudimos por las mañanas ya que tenemos varias fincas", revela. Como medida de prevención el trabajador del sector primario realiza un pedido mayor a sus proveedores de artículos fitosanitarios para evitar que estos se desplacen varias veces, además, se encargan ellos mismos de llevar el resto de los productos a las otras cosechas de su propiedad.

La angustia se apodera del agricultor al pensar qué va a pasar una vez que empiece a cosechar. "No sabemos cómo va a reaccionar el mercado cuando comience la recolección, desconocemos los precios, no sabemos si eso nos va a beneficiar o perjudicar", asevera, aunque entiende que se debería dar la prioridad a los agricultores locales, porque sigue abierto la importación.

Otro que ha resultado afectado por esta situación es el agricultor Romen Quintana Llanera y su empresa, que regenta con otros tres familiares, en la que se dedican a cultivar tomate de exportación y papaya. "Desde el sector tenemos incertidumbre a nivel personal y económico, con la diferencia de que seguimos trabajando, pero los mercados están parados, no hay turismo y el descenso ha sido brutal. El mercado de exportación está muy mal ya que en Europa no se está vendiendo", destaca Quintana. También hacen lo posible por cuidarse del coronavirus. "No dejamos de estar expuestos porque salimos a la calle, pero hay que seguir en la actividad", enfatiza. "Tenemos miedo, no estamos inmunes, y el temor de un contagio no es solo por mí, sino por los que están en casa", concluye el trabajador del campo.

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