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Crisis del coronavirus Los efectos en el mundo rural

El 'annus horribilis' de Tejeda

La crisis sanitaria amenaza la economía del pueblo, muy debilitada tras los incendios de agosto

Una vecina sale de una panadería en la calle principal del casco de Tejeda, en una imagen de archivo. YAIZA SOCORRO

Un vehículo de conservación de carreteras del Cabildo de Gran Canaria transita por la carretera que cruza el casco de Tejeda. Es uno de los pocos movimientos que se registran estos días de confinamiento en el pueblo cumbrero, donde los vecinos guardan un riguroso encierro, cumpliendo con las directrices de las autoridades. Si este es ya un municipio tranquilo en su rutina diaria, en esta época sus calles lucen casi desiertas, en una situación que sus habitantes admiten que es extraña aun así. Quienes más sufren esta eventualidad son sus comerciantes y empresarios, que, ante la falta de visitantes y turistas, han visto mermar sus ingresos hasta en dos tercios con respecto a otros momentos más boyantes, en un año que ha sido especialmente duro para la economía local.

A pesar de que, tras un invierno inusualmente cálido, las lluvias volvieron a regar los cultivos de Tejeda la semana pasada, la sensación que se tiene en sus calles es de incertidumbre. Como les pasa a sus vecinos de Artenara, la economía ya se encontraba debilitada antes de que llegara esta crisis sanitaria, puesto que en los últimos ocho meses se han enfrentado a las consecuencias negativas de dos incendios forestales que les obligaron a desalojar sus casas, y de una tormenta de arena y viento que le puso la guinda a un invierno seco. "Parece que no salimos de una para meternos en otra", lamenta Ezequiel Cárdenes, administrador de la estación de servicio del municipio, uno de los únicos cuatro establecimientos que permanecen abiertos al público en el casco. Coincide con esta idea el alcalde, Francisco Perera, quien resume la situación de una manera muy gráfica: "Como se dice vulgarmente, desde principios de agosto del año pasado tenemos la negra".

El municipio se encontraba en plena recuperación, con una Fiesta del Almendro que congregó a miles de personas en torno a un evento que puso en valor el producto local y la capacidad de la cumbre grancanaria para resurgir de las cenizas, cuando llegó este zarpazo. Y es que el sector servicios es el motor económico principal de un pueblo en el que la agricultura y la ganadería hace tiempo que dejaron de ser una opción de trabajo para su ciudadanía. Y ello repercute en el conjunto de los habitantes. "Todos estamos notando la merma" de ingresos, destaca el regidor. Y, por ello, no duda en que todos juntos volverán a salir de la situación fortalecidos.

Con menos de 2.000 personas empadronadas, esta es la segunda localidad con menor censo de la Isla, solo superada por Artenara, y eso se nota especialmente en la afluencia de personas a los comercios que permanecen abiertos. Los vecinos son los únicos que acuden y, teniendo en cuenta que realmente viven unos 600, esa cifra no da para superar los costes que supone mantener la actividad. El gestor de la gasolinera reconoce que deben permanecer abiertos porque se encargan de "un servicio básico para la población" pero que, al mantener los gastos y descender bruscamente los ingresos, las cuentas no le salen.

En su caso, las ventas se han reducido un 75%, puesto que solo los vehículos municipales y los de conservación de carreteras del Cabildo continúan repostando con asiduidad, mientras que el servicio de bombonas de gas no da para cubrir lo que se pierde por el otro lado. De hecho, se plantea aplicar un expediente de regulación temporal del empleo, el famoso ERTE del que tanto se habla estos días de cuarentena, o bien acordar con sus cuatro empleados que se cojan algunos de los días de vacaciones y quedarse él solo al frente de la gasolinera desde la próxima semana, así como reducir el horario del servicio.

La situación es muy parecida en el despacho de pan, la farmacia y el supermercado, que permanecen abiertos durante este confinamiento y que, al igual que la gasolinera, han visto muy disminuidos sus ingresos. Por las peculiaridades de los municipios rurales, la asociación de empresarios de Artenara (Edarte) ha solicitado que, de alguna manera, se tengan en cuenta sus peculiaridades a la hora de dar un servicio público a la sociedad, puesto que entienden que les deja en una situación insostenible, algo que no ocurre con los establecimientos en pueblos más grandes y en las ciudades. Por ahora, los de Tejeda no han hablado sobre la cuestión, aunque sí que opinan que necesitarán ayudas "sí o sí" una vez que pase esta situación.

El problema de la dispersión

Más allá de los problemas económicos a los que se tendrá que enfrentar la sociedad tejedense, existen otros inconvenientes presentes que desde el Consistorio tratan de paliarse todo lo posible. Uno de ellos es atender a las personas mayores del pueblo, que son una gran parte de la población, por si necesitan cualquier cosa y no pueden desplazarse para obtenerla. De esta forma, el Ayuntamiento ha dispuesto un reparto a domicilio de alimentos y medicinas ampliado para que ninguno de ellos se quede desabastecido. Además, también se les enviarán geles desinfectantes para que, al menos, tengan condiciones mínimas de seguridad en sus casas. "En aquellos aspectos en los que podamos ayudarles, pues aquí estaremos", sentencia el alcalde cumbrero.

Uno de los grandes problemas que tienen los pueblos rurales como Tejeda -y que comparte con Artenara- es la gran dispersión de los núcleos poblados, que se extienden por toda la superficie municipal. Según Perera, este hecho les "complica mucho más" el poder llevarles lo que necesiten desde el casco, donde se encuentran los únicos establecimientos de venta abiertos al público. Ello también provoca que la compañía de limpieza y desinfección que tienen contratada en consorcio con Artenara y Valleseco no llegue a todos esos lugares.

Con respecto a esto último, Perera adelanta que el Ayuntamiento se encuentra gestionando la adquisición de equipos para fumigar que puedan llevarse a los barrios y lugares donde la empresa no puede llegar, como caseríos en los que solo es posible desplazarse a pie por su interior. "Estamos trabajando sin parar para que el servicio pueda ponerse en funcionamiento desde la próxima semana", indica el regidor, que insta a la ciudadanía a quedarse en sus casas porque, hasta que llegue una vacuna, "es la única forma de combatir" al virus. También desde el colegio de Tejeda su equipo docente y no docente ha participado en un vídeo publicado en redes sociales para que el alumnado entienda la importancia de no salir a la calle.

La lluvia sigue cayendo en las calles del municipio, un agua necesaria que ha alegrado a los agricultores después de un invierno seco. El líquido vital se ha podido aprovechar porque ha caído muy sereno y no ha provocado destrozos. Ha servido para regar los cultivos y almacenar en los depósitos para unos próximos meses que están cargados de incertidumbre. La crisis sanitaria, que ya ha infectado a más de 94.000 personas en España y causado la muerte de más de 8.000, todavía no ha afectado a ningún vecino del pueblo, pero la pandemia del miedo sí que amenaza su rutina. "Lo que nos espera en un futuro próximo no es nada fácil", sentencia Cárdenes. Pero Tejeda volverá a resurgir como ave fénix.

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