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Crisis del coronavirus La crisis desde la perspectiva de los alcaldes

Gonzalo Rosario: "Temo una avalancha de gente en próximas semanas para ver a la virgen del Pino"

"En este periodo se han triplicado las solicitudes de ayudas de emergencia para alimentos" , afirma el alcalde de Teror

Gonzalo Rosario, alcalde del municipio de Teror.

Gonzalo Rosario, alcalde del municipio de Teror. J. PÉREZ CURBELO

El municipio de Teror figura con ocho casos positivos de Covid-19

La enfermedad ha sido prácticamente inapreciable, pues de esos ochos casos de contagio solo hubo un ingresado en hospital. En realidad de Teror son solo cuatro personas, aunque los ocho figuran empadronados aquí. En el Centro de Salud solo está constatado ese ingreso, el de un señor que hizo un viaje a Valencia. Las demás diagnosticados con positivo han estado en sus domicilios.

¿Qué medidas ha tomado el Ayuntamiento para ayudar a los vecinos en dificultades?

Esa fue la primera iniciativa que tomamos. Estaba a punto de salir la convocatoria normal para las ayudas de emergencia, para alquiler, agua, luz y alimentos, pero la paralizamos para utilizar un procedimiento mucho más ágil, que nos permitiera dar respuesta en solo 24 horas, solo con la solicitud y una declaración responsable. A todas esas personas necesitadas les llevamos la comida a sus casas para que no tengan que desplazarse. En el periodo que llevamos de confinamiento se han repartido más de 200 lotes de alimentos y productos de higiene, lo que significa que se han triplicado las demandas habituales.

¿Es más fácil controlar el confinamiento en el mundo rural?

Sí, claro. La población del campo no tiene tanta necesidad de salir. No es lo mismo estar encerrado en un piso pequeño de una ciudad que aquí, donde casi todas las casas tiene azoteas, jardines o un terrenito al lado para coger aire. La gente no tiene necesidad de irse lejos para oxigenarse. Somos pocos vecinos en comparación con la capital. Como se ha visto a nivel nacional, el despoblamiento, lo que llaman la España vaciada, ha sido una ventaja en esta pandemia, pues los contagios son muchos menos en el mundo rural.

¿Cómo ha afectado el cierre en el pueblo de Teror y los diferentes barrios?

Ha sido por igual en todos lados. El motor es el casco urbano y el entorno de la basílica. Fuera solo hay pequeños comercios en los barrios y algunas carpinterías metálicas y de madera, que pararon las dos semanas y volvieron a arrancar. El sector de la restauración es uno de los más afectados y este lunes, ahora que se empieza a vislumbrar la apertura de las cafeterías y restaurantes, vamos a reunirnos con los que tienen terrazas porque el Ayuntamiento está predispuesto a aumentar los espacios para que puedan poner más mesas. En algunos establecimientos hay espacio de sobra y pueden tener casi las mismas mesas que ahora. Con dos o tres mesas no van a abrir, pero si les permiten seis u ocho si lo harán. No estoy muy de acuerdo con el criterio de los aforos, es mejor el de las distancias.

Aparte del turismo ligado a la basílica de Pino, la economía de Teror se basa en varias industrias, el comercio, la agricultura y la ganadería. ¿Cómo están resistiendo el estado de alarma?

Las fábricas más importantes de Panrico Donuts y de Aguas de Teror, como son alimentarias, han seguido funcionando sin incidencia alguna. En la agricultura ya se habían recogido las principales cosechas y se sigue trabajando con cierta normalidad. La demanda en el sector de la alimentación ha sido crecido bastante, incluso los propios vecinos se compran unos a otros para no desplazarse.

La obras de ampliación de la carretera estuvieron paradas durante 15 días y se trabaja a otro ritmo. ¿Se podrá cumplir el plazo de terminarla antes de fin de año?

Esperemos que sí. Hay un inconveniente porque la empresa adjudicataria, de por sí, tiene sus limitaciones a nivel económico. Se ha modificado el proyecto por algo más de dos millones de euros y ya está en los últimos trámites. El Gobierno de Canarias está intentando acelerar al máximo esa obra para ver si se acaba pasado el verano, pero no saldrá para el día del Pino. De todas formas, aunque hubiera que parar las obras, ya estamos encantados con la nueva carretera tal y como está. Se puede circular con comodidad a lo largo de toda la vía porque han desaparecido los estrechamientos que obligaban a parar si se cruzaba otro coche.

¿Qué cálculos hace el Ayuntamiento respecto a la celebración de las Fiestas del Pino?

No hay nada decidido. Con la información que tenemos a día de hoy no se van a poder celebrar las fiestas del Pino como se han hecho siempre. No se podrán realizar actos multitudinarios. Se habla de un máximo con 400 personas con un separación y eso es inviable en las vías públicas. Este lunes tenemos una reunión con la consejera insular de Cultura para ver que se podría hacer, pues el Cabildo es el que organiza la ofrenda-romería. Y también tenemos que hablar con la Iglesia y con la Delegación del Gobierno porque hay un problema con los aforos dentro de la basílica. Teror no es un municipio normal en ese sentido, pues el primer domingo que abran las iglesias todo el mundo va a querer venir a ver a la virgen del Pino, hay que controlar la separación dentro de la iglesia.

Entonces, ¿teme una avalancha para ver a la virgen del Pino cuando se permita la movilidad?

Efectivamente, pero no en septiembre, sino en las próximas semanas. Solo se podrá utilizar un tercio del aforo, habrá que elaborar un plan de seguridad y contratar guardias privados para controlar que se cumpla la separación entre los fieles en las misas. No hay sillas, sino bancos continuos. En Teror está la patrona y vendrá gente de toda la Isla, unos a darle gracias y otros a pedirle, por lo que hay que coordinar todo eso. Aunque hay gente más aprensiva que preferirá irse a dar un paseo a la cumbre a la playa, muchas personas querrán venir a ver a la patrona. Aunque solo acuda un tercio de lo que habitual en otros años, ya es una cantidad muy grande y será inviable celebrar las misas multitudinarias de los domingos. Nos preocupa esa movilización masiva hacia Teror.

¿Y qué está pensado para evitarlo?

Habrá que buscar una fórmula para que la gente venga de forma escalonada, ya sea por municipios, por parroquias o cualquier otra manera de coordinar las visitas, pero será complicado porque a Teror se puede llegar por cuatro carreteras distintas y es difícil controlarlas. Otra propuesta es que se obligue a venir con mascarillas.

Ha dicho que al menos se intentará realizar algún acto simbólico para los días del Pino.

Aunque todo puede cambiar de ahora a septiembre, con las actuales restricciones solo podemos hacer algo simbólico y tenemos que analizarlo con el Cabildo y el Obispado, ver que se puede hacer y que no. Ya se han suspendido los Sanfermines o las fiestas lustrales de La Palma y ni siquiera se podrán celebrar las de los barrios. Con la nueva normalidad no será posible una fiesta del Pino como de costumbre. Tampoco las de San Juan, la Rama o la que sea.

¿Tiene ya alguna idea para esos actos simbólicos?

Ya se ha hablado con el párroco y una posibilidad es que la imagen del Pino esté abajo hasta fin de año, no solo los quince días habituales, para que la gente la vaya a visitar de forma escalonada. Este año, más que nunca, tiene sentido la solidaridad de los 21 municipios en la ofrenda-romería del 7 de septiembre, pues esos alimentos van a las familias más necesitadas. Hay que buscar una forma para que esa ofrenda se mantenga y los productos llegue a las entidades que los reparten. La parte folclórica de la romería y la ceremonia religiosa del día del Pino será solo simbólica.

Se dice que el coronavirus nos va a cambiar la vida. ¿Cree que algún día se podrá recobrar la estampa típica de Teror, con sus mercadillos y centenares de visitantes alrededor de la basílica.

A corto plazo no. Al menos hasta que haya una vacuna o una medicación, porque una de las incertidumbres es que, como otros virus, pueda resurgir en el otoño. Este año va a ser complicado volver a esa imagen tradicional. Haremos un plan de reactivación económica con los comerciantes y la hostelería, porque muchos de esos negocios viven de los clientes del fin de semana. Tenemos un valor añadido, que es la imagen del Pino. La gente de la propia isla vendrá cuando se les permita. Aparte de nuestra arquitectura y paisaje, la virgen del Pino es un patrimonio sentimental y espiritual que tenemos los grancanarios. Ya sean más o menos creyentes, a todos nos gusta venir al Pino.

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