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CRISIS DEL CORONAVIRUS La incidencia en el sector vitivinícola

Las bodegas buscan al cliente canario ante las pérdidas por la caída turística

Las excursiones de extranjeros desde los hoteles del Sur dejan más beneficio que la propia venta del vino

Dos viticultores durante la vendimia de la Bodegas Bentayga, en en municipio de Tejeda.

Dos viticultores durante la vendimia de la Bodegas Bentayga, en en municipio de Tejeda. QUIQUE CURBELO

Las bodegas de Gran Canaria confían en salvar este año 2020 con un aumento del consumo local durante los próximos meses, hasta que empiece a recuperarse el turismo en el Sur, y para ello piden a la población de la Isla que apoye el mantenimiento del sector con la compra de vinos de la tierra en los comercios habituales o a través de las otras formulas de comercialización que han puesto en marcha para hacer frente a la pandemia.

El coronavirus frenó en seco la venta y la propia actividad de las bodegas que compaginaban la producción de vinos con las excursiones turísticas, como las de Los Berrazales, en el Valle de Agaete, o Las Tirajanas, en Tunte, que de la noche a la mañana dejaron de recibir visitantes.

Durante estos dos meses de confinamiento han continuado con el trabajo de campo y preparan las viñas para la próxima vendimia, en agosto y septiembre, pero las principales empresas han tenido que aplicar los expediente de regulación temporal de empleo a una parte de sus trabajadores, en concreto a los que atienden a los turistas.

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida de Gran Canaria advirtió el pasado martes de que las pérdidas se cifran hasta en un 90% de los ingresos, lo que en muchos casos plantea dudas de cómo pagar la nueva cosecha. Ante ello, el presidente de ese organismo, Pedro Suárez, animó a los bodegueros a "reinventarse" y a buscar "nuevas vías de venta de su producto como forma de amortiguar los efectos de la crisis sanitaria".

Enoturismo

Luis Molina, enólogo de La Vica, Plaza Perdida o La Cantera, no descarta que algunas de las bodegas desaparezcan como consecuencia de la Covid-19 y considera que una de las salidas a corto plazo es el enoturismo dirigido a la propia población grancanaria, con visitas a los viñedos y lagares hasta que los restaurantes vuelvan a recobrar la normalidad.

En Gran Canaria se han contabilizado hasta 70 productores de vino, pero solo 42 permanecen activos e incorporados a la Denominación de Origen. Según los últimos listados del Consejo Regulador, son las bodegas Bentayga, El Troncón, Frontón de Oro, San Juan, La Higuera Mayor, Las Tirajanas, Lava, Los Berrazales, Losoyos, Mondalón, Monte Bandama, Montealto, Plaza Perdida, Señorío de Agüimes, Señorío de Cabrera, Vega de Gáldar, Ventura, Viejo Antón, La Vica, Tunte, Viña Cantera. Beliandra, Capón, El Ancla, Hinojo, Hoya Chiquita, La Montaña, La Savia Ecológica, Montaña del Pinar, Peña Rajada, Rincón del Guiniguada, Viña El Castaño, Hoyos de Bandama, Hoya del Alcalde, Volcán, Los Lirios, Viña Mimosa, Vandama, Mocanal y Tabaiba.

Varias de estas entidades ya tienen más ingresos por las degustaciones y visitas turísticas a sus instalaciones que por la producción y venta de vinos. En ese ámbito destaca la finca La Laja, en el Valle de Agaete, que junto al café y otros productos agrícolas dispone de un viñedo y de una bodega, Los Berrazales, que recibe diariamente a decenas de turistas extranjeros, la mayoría procedentes de los hoteles del Sur por acuerdos con los turoperadores.

"La venta y la parte turística están totalmente parada, pero en la finca siempre hay trabajo que hacer y estamos preparando la próxima vendimia; las visitas están canceladas y calculamos que hasta entrado el mes de junio no empezará a activarse la movilidad, por lo que estamos organizando todo para cuando volvamos a abrir", explicó Víctor Lugo, gerente de Bodegas Los Berrazales e impulsor de los vinos grancanarios en el mercado peninsular. Ante el parón obligado por el coronavirus, los trabajadores se han dedicado a mimar la finca, a embotellar las cosechas anteriores y a plantar más viñedos.

Al contrario que en casi todo el resto de la isla, la vendimia de 2019 en el Valle de Agaete fue buena en cantidad de uva. Si no se malogra estas próximas semanas, por plagas o fenómenos meteorológicos, la cosecha de este año también será de mayor volumen.

"De momento estamos contentos y sin problemas, como vendemos mucho en la finca, nos cogió la temporada alta de turismo antes de la pandemia y despachamos mucho vino a los visitantes extranjeros, por lo que no nos coge con mucho stock en la bodega", comentó el gerente. Eso no ha impedido que cuatro trabajadores de la parte agrícola y tres de la turística se han tenido que acoger a un ERTE.

Todavía no hay fecha para la apertura y será escalonada. "Otros bodegueros tienen todavía bastante vino, pero la parte turística está parada en todos sitios y pensamos que no se volverá a activar hasta octubre, por lo que se intentará salvar este verano con los clientes canarios", recalcó Lugo. Hasta que el vuelvan las excursiones desde el Sur, su finca podría reiniciar la actividad con visitas guiadas a tres o cuatro parejas al día.

Sandra Armas, gerente de Bodegas Bentayga y vicepresidenta del Consejo Regulador, declaró que el futuro del sector vitívinicola es difícil de predecir, pues ha tenido una caída de ventas de un 90%. "Seguimos vendiendo on line a través del distribuidor y algo también a través de las web de Gran Canaria Me Gusta y unos grandes almacenes, pero poco más porque han cerrado los restaurantes, que son nuestros principales clientes", apuntó.

Tras la peor vendimia de la historia de la bodega en 2019, pues en los viñedos de la caldera de Tejeda no hubo invierno, la buena noticia para las Bodegas Bentayga es que la actual cosecha "viene con bastante uva, aunque aún es temprano para hablar de la calidad". Para dar salida a ese vino, la familia Armas está realizando "una fuerte labor por captar al cliente local". En la parte del turismo hay más incertidumbre.

Esa ausencia de extranjeros en los hoteles del Sur la sufre especialmente la bodega Las Tirajanas, la de mayor producción de uvas de Gran Canaria. Ana Nanclares, gerente de esta cooperativa, confirmó que las ventas se han reducido "de forma estrepitosa".

"Nuestra bodega -explicó- trabaja con hoteles y restauración, pero de repente se cerró todo en las zonas turísticas del Sur y solo ahora están empezando a abrir tímidamente algunos establecimientos con terraza, pero no es suficiente". Como consecuencia, los tres empleados que atendían las visitas de los extranjeros están en un ERTE y la parte de la bodega y la plantación ha quedado bajo mínimos, con cinco personas incluido el enólogo y la propia gerente.

El mismo problema, aunque en menor proporción, se le presenta a Bodegas Mondalón, en Tafira Alta, pues el negocio es familiar y no hay que prescindir de ningún empleado. Tamara Cruz, que lleva la empresa y le gusta definirse como bodeguera, aseguró que, de hecho, mientras atendía la llamada de este periódico estaba tumbada en el suelo arreglando unas parras. "Como no hemos podido abrir la tienda, hemos vendido algo a domicilio, pero es un goteo y no es ni un 5% de lo que vendemos normalmente", resaltó. La salida a corto plazo es volver a abrir la tienda lo antes posible y organizar degustaciones en la bodega y visitas privadas en grupo.

Competencia

Los vinos grancanarios, como los del resto de las Islas, tienen una dura competencia con los de la Península, que también se ofrecen por vía telemática y abarrotan estos días las estanterías de los supermercados, con precios menores al tener una gran producción.

"Aparte de nuestros propios problemas, ahora mismo hay ofertas muy agresivas en precios de las grandes marcas peninsulares; los restaurantes y vinotecas tirarán primero de lo que ya tienen almacenado, por lo que la venta de nuestras últimas cosechas será complicada, únicamente a particulares y a domicilio, pero es algo testimonial, sostuvo Luis Molina.

Para afrontar las consecuencias de la pandemia, según el enólogo, "hay que reestructurar el negocio y reinventarse", pues consideró que "la solución va estar posiblemente en el enoturismo interior, que la gente vaya directamente a las bodegas y a los viñedos para que compruebe lo complejo y difícil que es cultivar en Gran Canaria, que conozca nuestros vinos espectaculares y los disfrute".

Ante la constatación de que algunas bodegas ya sobreviven más de las visitas turísticas que de la producción y venta de vinos, Molina opinó que se deberían aprovechar las restricciones que van a tener los restaurantes en los próximos meses (mascarillas y distancia personal) para ofertar degustaciones en las bodegas, que se pueden realizar al aire libre y en amplios espacios.

"Todos los bodegueros vamos a pasar dificultades porque vivimos al día, todo lo que ganas lo tienes que invertir directamente, salvo los empresarios que lo tiene como negocio secundario, por eso hay que intentar crear esa infraestructura de enoturismo, pues una botella se disfruta más en la bodega que en un restaurante", afirmó Molina, quien abogó por erradicar la idea de que los vinos canarios son caros.

Al respecto, precisó que un vino de autor en la Península, como los que se elaboran en las bodegas grancanarias, cuesta en la unos 30 o 40 euros, mientras que en la isla se venden a 15 euros. "El precio aquí es mal alto por los costes, pero es un vino de calidad, al igual que los quesos, que no se pueden comparar con los que nos quieren imponer desde la Península a 3 euros", concluyó.

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