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Nuevos descubrimientos en Santa María de Guía

El arreglo del camino real del noroeste destapa un cementerio de 1.000 años

El mundo aborigen y la forma de vida de los últimos siglos renacen junto al rehabilitado sendero de piedras de San Felipe, situado bajo la autovía y túneles de Silva del siglo XXI

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El arreglo del camino real del noroeste destapa un cementerio de 1.000 años

La carretera de Silva la sepultó y las obras del nuevo puente han permitido recuperarla. Guía rescata parte del antiguo camino real que se usó desde la época aborigen hasta hace unos 50 años para desplazarse entre Las Palmas de Gran Canaria y el noroeste de la Isla. El sendero de piedras que acaba de estrenarse, de unos dos kilómetros de longitud y unos 250 metros de desnivel, discurre por el acantilado de la costa de San Felipe y, en un tramo, bajo la nueva autovía del siglo XXI y se adentra hasta en el túnel. El pateo permite descubrir ocho cuevas, dentro de conjunto de una veintena de espacios prehispánicas funerarios localizados entre los riscos de los alrededores, de entre la que sobresale una pequeña necrópolis colectiva prehispánica, emplazada en una grieta natural y vertical entre dos piedras, en una muestra de sepultura no descubierta antes en Gran Canaria, y cuya antigüedad se data en hace unos 1.000 años. Pero también surge la llamada cueva de Las Ánimas, porque era lugar de descanso para los cortejos funerarios en tránsito hasta el pueblo, y hasta un pequeño altar funerario de 1947, en homenaje a un chofer que se despeñó.

El sendero vuelve a estar transitable tras las obras de actuación del Gobierno de Canarias en el puente y túneles de Silva, en el linde de Guía y Moya, aunque discurre por el lado guiense. Y repone la parte de aquel camino real, que se conserva tal y como se encontraba hasta mediados del siglo pasado. Es decir, empedrado y reforzado por grandes muro de contención.

El camino se utilizó antes la Conquista, como muestra el yacimiento funerario. Pero, tras la Conquista de la Isla a finales del siglo XV, se mejora y se convierte en camino real.

La vía comenzó a conocerse como Camino de San Felipe a partir de 1676, cuando el capitán Felipe de Sosa manda construir una ermita al pie del risco.

250 metros de pendiente

Sus días de gloria se fueron apagando con la construcción de la carretera general de la Cuesta de Silva en 1885, aunque luego seguiría usándose hasta los años 70 del siglo XX. Sobre todo, por los vecinos de San Felipe. Tras estos trabajos, quedó casi inutilizable por las voladuras y derrumbes, que cubrieron la pista.

Esta senda que discurre por el acantilado costero hasta la playa es la mejor conservada del Camino Real del Norte, que comunicaba la capital con Guía y Gáldar, y que contaba con prolongaciones hacia los puertos de Sardina y Agaete.

Además de disfrutar del paseo hasta la playa de arena y rocas, y de la flora y fauna propias de la zona, se puede disfrutar de las vistas de los acantilados, el puente de Silva, el litoral del norte y en la lejanía la península de La Isleta, en la capital. Pero también pasear y adentrarse en siglos de historia. El lugar conserva ocho cuevas en un dispar nivel de conservación, que sirvieron hasta mediados del siglo pasado como viviendas y para otras funciones.

El camino tiene un recorrido de dos kilómetros en su totalidad, de una dificultad baja, si bien la cuesta tan pronunciada desde el nivel del mar es de 250 metros.

El inicio en la zona baja parte desde la playa de San Felipe de Guía, en el linde con Moya. Y en parte alta arranca a los pies del la casa-bar conocida en la comarca como S-11. Además, la vía puede tener continuidad hacia el Cenobio de Valerón, situado a 900 metros de distancia, siguiendo la vieja carretera a Las Palmas de Gran Canaria (GC-291). Y a tres kilómetros se puede visitar el casco de Guía y su Conjunto Histórico.

Si tomamos este punto de partida, es todavía visible un recuerdo con cruz y placa al conductor Esteban Falcón, que se accidentó por la antigua carretera el 3 de noviembre de 1947, a los 33 años, según reza su pequeño memorial.

Los postes informativos expuestos dentro del proyecto realizado por la empresa Arqueocanaria para dar a conocer la historia de la zona, recuerdan que "de las dificultades de este camino de San Felipe y de la carretera de la cuesta de Silva, con decenas de curvas y pasos estrechos, da testimonio la cruz que señala el lugar hasta donde cayó en 1947 el camión cargado de mercancías que conducía Esteban Falcón Almeida, fallecido en el accidente". Y se reproduce su permiso de conducir, expedido en enero de 1944.

La zona alta conserva los muros de piedra de contención y el firme original de una parte del antiguo camino Real del Norte, que quedó inutilizado con la pista de tierra. Durante siglos fue una zona de paso de viajeros, y arrieros con sus animales de carga.

Un de las singularizadas de este pateo es que el camino transita unos 250 metros dentro del túnel de Silva, separado por una barrera de hormigón, y luego se pasa bajo la estructura de la autovía.

Pleito con Gáldar yAgaete

El camino Real del Norte y el del Sur, recuerda uno de las señales informativas, fueron durante cientos de años las principales vías de comunicación terrestre tras la Conquista castellana, con continuidad hasta la construcción de las carreteras en el último tercio del siglo XIX.

Si bien en 1885 se construye la carretera general de la Cuesta de Silva para salvar las pendientes y los desprendimientos, se siguió empleando hasta hace medio siglo. De forma especial, por los vecinos de San Felipe que iban a Guía, y de aquí los jornaleros que iban a las fincas agrícolas de la costa para ganarse el jornal.

Las dificultades del trazado de la vieja carretera, y lo difícil y costoso de su mantenimiento, debido a los continuos desprendimientos llevaron a que a mediados del siglo XIX el Ayuntamiento de Guía solicitara un trazado alternativo.

El camino también generó algunos conflictos político-sociales entre Guía, Gáldar y Agaete hace muchas décadas. Gáldar decía que al estar dentro del territorio de Guía, su municipio debía arreglarlo. Y este alegaba que beneficiaba a todos, por lo que les pedían apoyo. En 1854 se planteó que si los empresarios usaban el camino al puerto de Sardina de Gáldar, también este debería colaborar en su arreglo.

El deterioro y cierre del camino por los desprendimientos tras las lluvias fue algo frecuente a lo largo de 500 años que estuvo en uso. En 1840 se acuerda por el gobierno de la Isla que los municipios debían enviar a obreros para repararla, en relación a su población. Guía aporta 10, Gáldar 11 Agaete 5 y Moya 2.

El destrozo fue tan grande en 1843, que se reunieron 400 hombres para su puesta en servicio, de distintas profesiones. Colaboraban hasta los orchilleros, habituados a descolgarse para recoger orchilla de los riscos.

En 1860 se aprueba el Real Decreto que establece el plan general de construcción de carreteras de España, figurando la vía de Las Palmas de Gran Canaria a Agaete, por Guía. En 1881 se subasta la obra de la nueva carretea que se alejaba del acantilado costero, remontando los barrancos de El Hormiguero y San Felipe o El Calabozo y que, en una de su múltiples curvas , pasa al pie del Cenobio de Valerón, lugar muy inaccesible hasta entonces.

En 1885 ya se podía ir en diligencia. Este trazado se popularizó como Cuesta de Silva, que es el que se mantiene en líneas generales hasta la actualidad.

Pero, en la década de los 70 del siglo pasado, debido a las necesidades de tráfico por su estrechez y la peligrosidad, impulsó la construcción de los primeros viaductos y túneles.

En 1981 se inaugura la actual carretera, de la que sobresale el puente sobre el barranco de Moya, de 416 metros de longitud y 12 de ancho Y, sobre todo, las pilas centrales de 106 metros de altura, que la convertían en esa época en uno de los puentes más altos de Europa.

En 2004 se acomete el desdoblamiento del trazado de la Variante de Silva, para responder a los atascos por el aumento del volumen de tráfico.

Seis años después se concluye la obra, destacando el viaducto paralelo de 1979, ampliándose el ancho de rodadura a 15 metros para poder dar cabida a tres carriles.

Uno de los tramos de la autovía tuvo que modificarse respecto al proyecto original de esta obra , para salvar precisamente las citadas cuevas de alto valor arqueológico y etnográfico situadas en el camino real. Y también se restauró este sendero, que había quedado partido y quedado inutilizable con las citadas obras de carreteras.

Los paneles informativos también dejan constancia de algunos acontecimientos de relevancia que han tenido lugar en su espectacular entorno. No en vano, ha sido escenario natural para películas. Para la película 'Fast and Furious 6' se rodaron escenas de acción en el puente de Silva.

La presencia de yacimientos arqueológicos en el entorno del camino es relevante, aunque sobresale el granero del Cenobio de Valerón. Se ha documentado una veintena de cuevas prehispánicas funerarias situadas en las inmediaciones de este camino, destacando sobre todo un depósito funerario colectivo, que se habilitó en una grieta natural y vertical entre dos piedras. En este caso, está fuera del pateo.

La sepultura alcanza una mayor relevancia por ser una práctica funeraria no detectada antes en Gran Canaria. En ella fueron depositados tras su muerte cuatro cuerpos apoyados a su lado derecho, dispuestos unos sobre otros.

Se estima que hay una diferencia de 100 años entre el primer depósito y el último, según los estudios científicos realizados con el Carbono 14.

El enterramiento se produjo hace unos 1.000 años, entre el siglo IX y principios del XI D.C. Pertenecieron a dos personas adultas, una muchacha de 16-18 años, y un niño de 7 a 9 años.

La presencia de una gran poblamiento prehispánica en casas de piedra en esta costa de San Felipe o costa de Layraga ha quedado constatada por crónicas de la Conquista. Como anécdota, Abreu Galindo relata que en 1478 los canarios usaron gaviotas atadas y alimentadas en sus técnicas de defensa. De esta forma acostumbraban a estas aves a la presencia humana, y los invasores creían que no había nadie en el lugar, porque las gaviotas seguían sobrevolando los techos de las casas. Entonces, "viéndolos andar sin orden, dieron sobre los cristianos con grandes alaridos y silbos, y prendieron algunos y otros huyeron, quedando muertos algunos".

Con el paso del tiempo, la mayoría de las cuevas que ahora puede ser visitadas se destinaron a viviendas, salvo tres de las ocho (para animales y otros usos). Casi todas tienen planta cuadrada y rectangular, y muchas contaban con una puerta de madera, como muestran los restos.

Algunas de las cuevas disponían de alacenas excavadas en sus paredes, para coloca el ajuar. Y el mobiliario era mínimo (alguna mesa y camastro). Y dentro del utillaje, se localizó algún caldero de cerámica o metal, tazones y tallas de cerámica para el agua.

Entre todas destaca la llamada cueva de las Ánimas, por la presencia de una cruz grabada en la roca del exterior. Y se llamó así porque era donde se dejaban los cortejos funerarios en los que se llevaban los féretros a hombros de la gente que moría en San Felipe, para descansar antes de continuar el camino hacia la iglesia y el cementerio de Guía.

En otra se halló durante los trabajos los restos deteriorados de un libro y un sombrero.

El camino es una atalaya para contemplar el paisaje costero del norte de la Isla. El acantilado está formado por el aplanamiento de coladas volcánicas de hasta tres metros de espesor formadas hace millones de años. En una de esas tobas o piroclastos rojizos, y expulsadas por el volcán del Gallego, se excavaron las cuevas.

Entre los siglos XIX y XX se crearon los bancales de cultivos, que ofrece un gran valor etnográfico al conjunto de toda esta zona., y que se conservan en parte en la actualidad.

En cuanto a la vegetación que puede ser descubierta durante el paseo, aparecen sobre todo especies adaptadas a la alta concentración de sal del mar en el suelo, y el denominado aerosol marino (su agua pulverizada), unido a las escasas lluvias y la alta insolación que predominan en este litoral grancanario. Entre las variedades dominantes aparece la tabaiba dulce , tolda, bejeque y el verol, algunos cardoncillos y magarza de costa, además de tuneras indias y pitas y rabo gatos. Y en fauna, la pardela cenicienta, el cernícalo y el lagarto de Gran Canaria.

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