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'Mamma África' ya añora a sus chicos

La traductora Lucía Cavallero se despidió entre lágrimas de los ochenta inmigrates trasladados

'Mamma África' ya añora a sus chicos

"Que nos devuelvan a nuestros ochenta inmigrantes". Con ese grito, escuchado durante las protestas, los vecinos de Tunte intentan quitarse el estigma de racistas que les ha caído encima por oponerse al traslado de las 71 personas bloqueadas desde el domingo en el muelle de Arguineguín, 13 de ellas con positivo de Covid-19.

En las puertas del centro de acogida y por las calles del pueblo se repite aquello de "yo no soy racista" y se argumenta que en los últimos ocho meses se ha convivido perfectamente con los centenares de subsaharianos que han pasado por allí, pues son "buenos chicos" que se han ganado el cariño de los tirajaneros.

Lucía Cavallero, exjefa de protocolo del Ayuntamiento de San Bartolomé, confiesa que el miércoles se despidió entre lágrimas de sus "niños", a los que ayudó en los últimos meses en la traducción de idiomas, con alguna enseñanza del español a los interesados. Colaboradora de Cruz Roja, los inmigrantes la llamaban Mamma África y uno de ellos, Mohamed, le envió ayer mismo un mensaje de agradecimiento desde su nuevo destino.

A mediodía enseñaba orgullosa el whatsapp mientras se tomaba una caña en una terraza de la plaza del pueblo, sin sospechar que la tarde iba ser muy amarga. Su marido, Manuel Cabrera, fue uno de los que quiso mostrar su rechazo al traslado y acabó en el hospital.

Antes del incidente con la Policía Nacional, que previsiblemente acabara en una denuncia cruzada por supuestas agresiones, Manuel Cabrera ayudó a Ismael Guerra, portavoz oficial de los vecinos, en atender a los periodistas que se agolparon desde primera hora en la puerta del albergue. No se cortó en sus críticas a los políticos.

"Vivimos todo esto con desasosiego porque estamos desamparados por todo tipo de gobiernos y de administraciones, todos nos mienten, empezando por el Ayuntamiento, pues nadie se presentó aquí a arropar al pueblo, si siquiera para a decirnos que tenemos que aguantarnos lo que nos echen, pues aquí no hay previsiones de nada, todo se improvisa y así le va a este país", manifestó.

A su juicio, "es como si un bombero se va de vacaciones cuando hay un incendio: ahora hay un incendio por el Covid, por la inmigración irregular y por la crisis económica, pero nuestros mandatarios están de vacaciones y cuando están descansando nos mandan los problemas a los ciudadanos, hoy nos tocó a Tunte y la próxima vez le tocará a cualquier otro pueblo de Gran Canaria".

El dirigente vecinal aseguró que acusar de racismo a la población de Tunte "es una estupidez como la copa de un pino, pues siempre hemos demostrado que somos un pueblo solidario, lo que ocurre es que no tenemos políticos que nos defiendan y somos los vecinos los que hemos tenido que luchar por nuestra salud, porque no hay liderazgo político y parece que todo el país es un barco a la deriva".

Al igual que otros vecinos, Cabrera no entiende que "se desmontara la carpa de inmigrantes de Arinaga, en la que ya se había realizado un gasto, porque el alcalde de Agüimes la rechazó, y el ahora el alcalde de San Bartolomé se lo come con papas".

Esa teoría es la que manejan los clientes del bar Las Cuatro Esquinas, como Juan Araña y Miguel Ángel Medina, que ven la mano del presidente del Cabildo y exalcalde de Agüimes, Antonio Morales, en la decisión de desmontar la carpa de Arinaga y llevar a los inmigrantes a Tunte".

Ismael Guerra, portavoz de los vecinos, no solo niega que las protestas sean un brote de racismo, sino que acusa a la Delegación del Gobierno de generar esa situación y de "maltratar" a los inmigrantes.

"¿Racismo aquí? Todo lo contrario, llevamos ocho meses conviviendo con inmigrantes y estamos encantados. Somos un pueblo que lucha contra el trato que se les están dando a los inmigrantes. Ni nosotros ni nadie con sentido común entiende el por qué se desaloja un centro de inmigrantes donde había una buena convivencia, para crear un centro de tratamiento del coronavirus, en medio de un pueblo donde el 70% es población de riesgo y está alejado a más de una hora de cualquier hospital".

"Los racistas son los que permitieron que esas 71 personas estuvieran cuatro días al sol en el muelle de Arguineguín, los que mandan a estos pobres a Tunte, pues esto no es un hospital", dijo.

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