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Playa de Arinaga, brisa y Benemérita

Los bañistas disfrutan del sol y el mar, mientras los agentes les recuerdan el uso de la mascarilla

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Bañistas y terrazas llenas en la Playa de Arinaga

En la playa de Arinaga, desde la Avenida de los Pescadores hasta Risco Verde, se puede disfrutar del sol y el mar durante casi todo el año. Se imponen en este litoral de Agüimes, habitualmente, los azotes del viento, pero ayer, con la ola de calor y los termómetros superando los 32 grados, ya a las doce del mediodía, los bañistas celebraban más que nunca esas rachas frescas porque a esas elevadas temperaturas habia que añadir el sofoco de llevar bien colocada la mascarilla que se ha impuesto por el Covid.

De recordar a todo aquel que no la tenía puesta la obligatoriedad de cubrirse la boca, se encargaban seis agentes de la Benemérita. Bajo el mando del teniente jefe del puesto de Agüimes e Ingenio explicaban a los usuarios que disfrutaban del día en el muelle, en el mismo paseo, o en la playa, que "no llevar la mascarilla, llevarla mal colocada, o no llevarla para tomar el sol cuando se no se mantiene la distancia de metro y medio con otras personas, puede ser motivo de sanción". Aclaraba el teniente de la Guardia Civil que el recorrido por toda la playa de Arinaga formaba parte de una campaña informativa y pedagógica, que ha incluido también el reparto de mascarillas ,y que la han realizado cada vez que las tareas del servicio se los ha permitido. Con todo, los agentes efectuaron ayer sábado en esta playa de Agüimes varias propuestas de sanción.

Ajena a esta visita, Ana Santana, vecina de Arinaga, confesaba que "con el vientito se sentía menos el calor". Respaldada en un muro, en las escalinatas de acceso a la playa, en la zona de Los barquillos, aprovechando la marea baja, contaba que elige esa esquina porque hay sombra. Hay que recordar que con la pandemia no se pueden llevar ni sombrillas ni neveras. Desde hace cuatro o cinco años, Ana comparte tertulias en este lugar con Eulalia Cabrera, del Cruce de Sardina, y Mari Carmen Monroy, de Carrizal. Todo empezó por "le puede echar un vistazo al bolso", y con el paso del tiempo, en esas horas de charla, sol y salitre ha entablado una amistad. Manteniendo la distancia, y sentadas en diagonal, las tres amigas señalaban que, a raíz del coronavirus, han decidido disfrutar de la playa entre las 9 de la mañana y las doce del mediodía porque hay menos gente.

Además, exponían que la cercanía, la facilidad para encontrar aparcamiento junto a que siempre hace sol, son los motivos por los que van a esta playa. Y el viento. "Si Arinaga se queda sin viento, nos ahogamos" enfatizó Ana, que contó como va ataviada de pamelas o diadema para que no se le alborote el pelo, porque ella: "antes muerta que sencilla".

Para Teresa Bordón, nacida en Agüimes y residente en Arinaga, la zona de Los barquillos es el mejor lugar de la playa porque "es el sitio de toda la vida" y era donde acudía con su madre de pequeña. Allí estaba ayer con su hija Desireé, su bebé Álvaro, y el marido de ésta, Juan Cruz. También a las doce y media ya pensaba volver a casa porque "es cuando llega todo el mundo y hay que evitar eso". Lo que echa de menos Teresa es que se haya perdido el ambiente familiar de su niñez y juventud, puesto que la localidad ha crecido mucho estos años, y acuden más usuarios de otros municipios.

Precisamente Dailos González y su amigo Giovanni Suárez, que viven en Vecindario, en Santa Lucía de Tirajana, explicaban que eligen Arinaga porque les queda cerca, pero también "por el ambiente, porque hay un lugar para tomar el sol sin coger arena". Se refería al solarium, muy concurrido, donde no corría el viento, y apenas se oía el mensaje elaborado por el Ayuntamiento de Agüimes, informando del Decreto ley 20 de 18 de julio de 2020, que el socorrista Néstor lanzaba por megafonía. Lo de la distancia que había que mantener, la prohibición de compartir toallas, colocar sombrillas y llevar neveras,o no invadir rampas, quedaba todo en un ruido.

Pero, todo cambió cuando los agentes de la Guardia Civil empezaron a ser vistos por el paseo. La mayoría de los usuarios del solarium o los que estaban en las zonas de acceso a la playa no llevaban la mascarilla y disfrutaban del sol como siempre. Ante esto, los agentes se acercaron para recalcarles que debían ponerse la mascarilla sobre todo a los que veían en reducidos grupos, a fin de que respetaran la distancia social con sus amigos y desconocidos.

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