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Teror | Unas Fiestas del Pino diferentes

La pandemia no frena a Paca en El Pino

Una mujer de 94 años acude a su cita con la virgen, pese al calor y la Covid-19 - Teror acoge un acto de solidaridad y ofrenda simbólica de todos los municipios y el Cabildo

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Ofrenda a la Virgen del Pino

No hay pandemia ni coronavirus que pueda con ella. A sus 94 años, Paca Díaz, una de las vecinas más conocidas y queridas del municipio de Artenara, ha sido fiel a su tradición de asistir a Teror para visitar a la Virgen del Pino durante las fiestas en honor a la patrona de la Isla. Y lo hizo ayer, durante el acto de solidaridad y fraternidad de Gran Canaria con la Virgen del Pino, un evento simbólico celebrado en Teror, sin público, en el cual los municipios y el Cabildo realizaron una ofrenda a la imagen mariana en sustitución de la tradicional romería ofrenda, que no se celebrará por las restricciones sanitarias por la Covid-19. Este acto fue grabado para su emisión en televisión el 5 de septiembre.

Paca lleva ya 67 años asistiendo a la romería ofrenda, desde que en 1952 el entonces cronista de Gran Canaria, Néstor Álamo, impulsase este acto. Y en esta atípica edición no iba a ser menos. Antes lo hacía subida a un burro, pero desde hace unos años, dada su avanzada edad lo hace en una silla flanqueada por familiares y ayer lo hizo incluso a pie. "Este año es muy diferente; qué tristeza es verlo así, qué tristeza", señaló ayer a las puertas de la basílica, acompañada por el alcalde de Artenara, Jesús Díaz, y varios de sus familiares, "pero por lo menos puedo venir a ver a la Virgen del Pino".

Lo hizo sin perder las costumbres: enfundada en su traje típico al que este año tuvo que sumarle la mascarilla obligatoria. "Yo vengo pase lo que pase", dijo, sin soltar la cachimba que siempre la acompaña. A la Virgen del Pino se le pide de todo, y eso bien lo sabe ella. "Yo le pido un novio, como siempre", añade con humor. Pero ese novio nunca ha llegado. "A mi cuenta, creo que la virgen está más sorda que yo, porque el novio no llega", dice risueña. Pero a saber si la patrona está realmente sorda o no le hace caso para volver a ver a Paca al año siguiente a sus pies. Ella sigue insistiendo.

Paca ha logrado participar en esta celebración atípica, porque en esta edición las tradicionales fiestas en honor a la Virgen del Pino no se podrán celebrar, al menos de la forma que todos los grancanarios desean con la participación del pueblo. La restricciones sanitarias por el coronavirus ha provocado la cancelación de todos los eventos, sobre todo aquellos que concentran grandes masificaciones. Es por eso que este año la romería ofrenda ha sido sustituida por una ofrenda simbólica de los ayuntamientos.

Desde las 07.30 horas de la mañana de ayer, los 21 municipios y el Cabildo acercaron sus ofrendas hasta Teror en turnos de cinco y con una hora de llegada pactada para evitar aglomeraciones, y la mercancía se descargó en palés para evitar la manipulación y posibles contagios por Covid-19. En la alameda de Teror esperaban ya una veintena de voluntarios de Cáritas para recoger esos productos y repartirlos, ya por la tarde, entre una decena de organizaciones de ayuda a personas desfavorecidas. El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Teror, Enoc Acosta, mostró su satisfacción por que los vecinos del municipio hayan respetado las normas y no se acercasen para evitar aglomeraciones. "El comportamiento ha sido ejemplar", agregó.

Durante el acto, los representantes de cada ayuntamiento y del Cabildo entregaron al alcalde de Teror, Gonzalo Rosario, y al párroco de la basílica de El Pino, Jorge Martín de la Coba, una cesta con los productos más representativos de su municipio. La pandemia no ha sido un obstáculo para que la Isla haya demostrado su solidaridad.

Responsabilidad

Para Martín de la Coba, lo importante de esta atípica edición de El Pino "es el gesto de solidaridad en estos momentos duros que estamos viviendo". "No se puede ocultar la tristeza de saber cómo se pone la plaza cuando está llena y tener que vivirlo este año de otra manera, pero no ha menguado la generosidad del pueblo canario", añade. El párroco destacó ayer el "comportamiento" ejemplar de la ciudadanía al asistir al Pino de forma escalonada para evitar aglomeraciones. "La gente llega concienciada, pero aún así hago un llamamiento a la prudencia, la responsabilidad y la sensatez", señala.

Desde la organización de las fiestas también destacaron ayer la importancia de este acto simbólico en el marco de la crisis sanitaria. José Luis Quintana, secretario de la Fundación Nanino Díaz Cutillas, organismo del Cabildo encargado de la organización, destacó que al igual que los municipios han honrado a sus patrones con actos simbólicos, el Cabildo no podía dejar de conmemorar estas fiestas. "Había que hacerlo; no podemos pasar de largo con la patrona de Gran Canaria", sostuvo.

Una parte importante del trabajo realizado ayer en la villa mariana cayó sobre los hombros del equipo de voluntarios. Uno de ellos fue Fernando Hernández González, un vecino de Teror que a sus casi 78 años lleva ya 16 como voluntario de Cáritas. Para él, la situación de este año es cuanto menos extraña, pero la sobrelleva bien. "Es verdad que siempre recogemos la ofrenda a las puertas de la basílica y ahora lo hacemos en otra ubicación distinta, pero hay que hacerlo porque hay gente que lo necesita; cuando te comprometes con algo debes cumplirlo y yo vengo aunque esté cojo", asevera.

Como terorense lleva toda su vida participando de las fiestas de su municipio, y entre sus recuerdos está el encuentro de un grupo de amigos a las 10.00 de la mañana de todos los 7 de septiembre en la puerta del templo para visitar las carretas en sus últimos preparativos. "Yo creo que este año también nos vamos a ver", confía.

Durante toda la mañana de ayer la Basílica del Pino recibió a numerosos peregrinos, pero sin registrarse apenas colas a sus puertas. Varios de ellos fueron los hermanos María del Pino, Félix y Auxiliadora Hernández, y la sobrina Fátima Viera, quienes siguieron las recomendaciones de las autoridades y adelantaron su visita al Pino para evitar aglomeraciones.

Llegaron a la villa felices, pero reconocen dificultades en el camino. "La caminata ha sido dura por tener que utilizar la mascarilla, ya que con la cuesta y el esfuerzo a veces costaba un poco respirar, pero al final ha valido la pena", relata Félix. Por su parte, María del Pino y Auxiliadora explican que suben todos los años y en 2020 más que nunca piden a la virgen "salud y que acabe con el virus en todo el mundo".

Hasta la villa se acercaron también ayer Franci y Aleida Cataño, dos ciudadanas de origen colombiano residentes en la Isla que llevaron a otros familiares a conocer Teror. "Da pena ver este año todo vacío, pero es lo que nos toca", apuntó Franci, "pero hemos venido porque dicen que a la virgen concede todo lo que se le pide".

Los visitantes de Teror llegan concienciados, guardan las distancias y recuerdan el uso de la mascarilla, pero aún así no se podrán celebrar actos festivos. La grabación ayer de esta ofrenda simbólica se emitirá el día 5 junto a otra pieza que se grabará la semana que viene con las autoridades y las décimas que los niños de los municipios están grabando, organizados por el verseador Yeray Rodríguez.

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