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ANÁLISIS

Los agricultores piden agua a gritos

Las medianías del Sur, ajenas al proyecto de soberanía alimentaria y energética, que propone Antonio Morales, viven más pendientes de que llueva a que el consejero insular del Sector Primario se digne a visitarles y escucharles

Los agricultores piden agua a gritos

Los agricultores piden agua a gritos

La ecoisla que el presidente del Cabildo, Antonio Morales, promulga como proyecto medioambiental revolucionario y necesario para la Gran Canaria del presente y del futuro deberá reformularse y escuchar los ecos cada vez más sonoros que se levantan en las medianías del campo. Las conclusiones que se sacan después de oír a los vecinos de Soria y Barranquillo Andrés y a sus representantes agrícolas, es que la "isla energética y agroalimentaria autosuficiente" que se publicita desde el Cabildo es un proyecto totalmente desconocido; que es una idea ambiciosa parida sin sustento humano y por tanto de limitado recorrido y destinada al fracaso. En definitiva, que es un eslogan político propagandístico sólo de buena factura para los papeles periódicos que se usan para amortiguar el roce de frutas y verduras en las cajas de plástico recicladas de los supermercados. Pero nada más.

Porque la quimérica ecoisla que defiende el presidente del Cabildo está demostrando que se desentiende de la verdadera realidad de los agricultores, como la creciente sed de los campos, para priorizar vanas naderías que suelen quedarse mayoritariamente orilladas en la costa, sin ofrecer beneficio ni alternativas de desarrollo presente y futuro a las poblaciones rurales que mantienen con vida el interior de la Isla. Sirvan de ejemplo la construcción de un tren eólico que cuando llegue de Las Palmas al Sur posiblemente ya será ineficaz por obsoleto; costosas ediciones de tebeos infantiles y charlas informativas para la lucha contra el fuego (178.000 euros); las apañadas de cabras asilvestradas que bien pudieran contribuir con sus cagadas a mantener el ecosistema o, entre otras indolentes y vergonzosas actuaciones político-administrativas de semejante calibre que se formulan con dinero público, la pretendida e innecesaria compra de terrenos particulares en el protegido Macizo de Amurga (4,6 millones de euros).

Realidad rural

Esa es la verdadera radiografía de una isla incompleta. Porque la realidad rural, mucho más carnal, más humana, más terrenal y mundana, es menos compleja y mucho menos costosa que la que los políticos y empresarios proponen y acuerdan en los despachos con apoyo logístico de funcionarios técnicos. "Si llueve bastante, serenito y bien, bueno. Muy bueno. Si llueve poco o no llueve nada, malo. Muy, muy malo. Porque sin agua no hay vida". Por eso los agricultores de Soria y Barranquillo Andrés, con los pies pegados al suelo y la mirada puesta en el cielo, son ajenos al proyecto de soberanía alimentaria y energética con el que el presidente del gobierno insular viene embobando la perdiz desde la última cita electoral. Los agricultores son muy serios cuando reconocen que no conocen el proyecto porque, entre otras razones de peso, no se les ha hecho partícipes.

"¿Ecoisla, eso qué es, en qué consiste? Nadie del Cabildo, ni político ni técnico, ha contado con nosotros para informarnos y formar parte de eso. A nosotros no nos han pedido ninguna opinión ni tampoco nos han explicado nada", advierte Juan Leonardo Suárez Pérez (62 años), presidente de la comunidad de Regantes de la presa Salto del Perro de Barranquillo Andrés y veterano agricultor con puesto en Mercalaspalmas. "Al último consejero de Agricultura que vimos por aquí arriba fue a Demetrio Suárez, cuando era el presidente del Cabildo José Miguel Pérez. Al actual consejero ni lo conocemos. No sabemos qué cara tiene ni cómo se llama. De momento ni siquiera nos ha llamado para interesarse por nosotros", dice Leonardo "dejando las cosas claras".

Ese desconocimiento sobre la ecoisla de Morales es generalizado. Es un hecho contrastado también con el presidente y el secretario de la Comunidad de Regantes de Soria, Cristo Quintana y Tomás León, e incluso con el histórico cartero José Santana Ruíz (68 años), presidente y ranchero de la Comunidad de Regantes Mesa de Chira. El centenar de comuneros de esa misma entidad, vecinos de Huesa Bermeja, El Caidero, Las Filipinas, Lomo Tuerto y el Barranco de Chira, con una media de edad de 60 años y donde participan una veintena de mujeres, "ahora están escapando", afirma Pepe 'Fortunato'. El Consejo Insular de Aguas les viene racionando el agua de riego con apertura sólo de jueves a sábado desde hace ya cuatro años, "desde el 2016, porque la presa de Los Cercados de Araña sin nacientes se está secando". La del Salto del Perro, en Barranquillo Andrés, ya está completamente seca desde junio de 2019. Los regantes de la presa de Chira también sufren racionamiento obligado porque el embalse está a aproximadamente un 20% (unas 1.500 horas) y se pretende que el suministro pueda garantizarse hasta entrado el mes de septiembre. Los regantes de Soria adscritos a la Presa de La Cueva de Las Niñas, también las ven venir. Tienen un consumo medio de una 100 horas mensuales y sólo disponen de agua "hasta el próximo marzo. Y después ya se verá qué pasa", afirma Tomás León, que ante "el mamoneo y la mediocridad" del Cabildo ha decidido darse de baja de la agricultura subvencionada y de la etiqueta de agricultor ecológico.

El peligroso sentimiento de exclusión y olvido que anida en las voces de la Comunidad de Regantes de la Presa Salto del Perro, conformada por 96 socios de entre 45 y 55 años de media y de los que casi la mitad son mujeres, es compartido por los integrantes de la Comunidad de Regantes de Soria, con 68 agricultores de 50 años de media y de los que 14 son mujeres. Contrasta ese sentimiento con las subvenciones antifuegos del Cabildo para contados ganaderos del interior isleño, a los que se han destinado 332.000 euros para las bautizadas "ovejas bomberas", y con el benévolo apoyo que también desde el Cabildo se suele otorgar a proyectos turísticos de toda índole aunque perturben la quietud del área costera. O a megaproyectos eléctricos como la central Chira-Soria, que sin siquiera iniciarse las obras ya está sembrando inquietudes humanas, y generando comprobadas cicatrices de impacto ambiental en el paisaje protegido del Barranco de Soria.

Un consejero desconocido

En contraste, los hombres y mujeres que sostienen verdes las pequeñas fincas familiares que se despedregaron antiguo con muscular esfuerzo en las ladeas rocosas del profundo cauce que nace en La Cumbre, que son quienes en verdad logran dar entidad y pervivencia a los pueblos y núcleos diseminados por su garganta gracias precisamente a su tarea, reiteran que no están recibiendo la atención debida. "Los últimos dineros que se destinaron por el Cabildo a infraestructuras agrícolas en esta zona fueron para arreglo de caminos y subvenciones para tuberías, hace 10 ó 12 años", recuerda Juan Leonardo. Por eso, visto lo visto hasta ahora, poco esperan del actual consejero responsable de la Consejería de Sector Primario y Soberanía Alimentaria, Miguel Hidalgo. No lo conocen. Ni siquiera en momentos de gran incertidumbre como los actuales les ha llamado. Parece no importarle una situación que no es puntual y que requiere previsión, gestión y acción para que no se repita. Porque está probado que cada vez se suceden periodos más largos de tiempos de sequía que ponen en grave riesgo la continuidad de los cultivos, y que cada vez proliferan mayores olas de calor que amenazan fuegos devoradores, como el inolvidable y devastador incendio de 2007 del que las vecindades del barranco soriero guardan un amargo y triste recuerdo.

"Mal asunto si la ecoisla también tiene que ver con un plan de previsión y lucha contra los incendios, porque tampoco para eso han contado con los agricultores", sostiene Juan Leonardo. "Ya se equivocaron con el fuego del 2007, cuando nos sacaron a todos de aquí. Fue un error, porque nosotros conocemos el terreno, sabemos dónde y cómo se pueden hacer los cortafuegos y, sobre todo, porque somos los que manejamos a diario la red de tuberías y los depósitos del agua con los que pueden combatirse las llamas. Si no cambian la forma de apagarlas en el próximo incendio se quema media isla. ¿Dónde se ha visto que el fuego se apague de cola y no haciéndolo de frente?", argumenta el presidente de los regantes de Barranquillo, una institución agraria que ya existía hace 70 años, cuando su padre era soltero, y que él defiende desde hace unos 20.

En el Barranco de Soria los agricultores doman la tierra a mano de sacho y arado de pequeño tractor manual. Las fincas no son muy grandes. Son dominios familiares y domésticos medianos y pequeños, con extensiones que basculan por lo general entre los 40 y los 600 ó 700 metros. Es una tierra agradecida donde se cultivan papas y judías y otras verduras y hortalizas destinadas básicamente al autoconsumo (a la tan trillada "soberanía alimentaria" de Morales) y también muchos matos frutales de guayabos, naranjas, mandarinas, mangos, aguacates, albaricoqueros, olivos e incluso parrales, porque en las laderas de la gran cuenca volcánica de la Isla, a donde no está llegando el Cabildo, también hay vecinos que saben hacer buen vino.

¿Central hidroeléctrica?

Esos vecinos atentos al cielo, que esperan ansiosos la lluvia como el mejor regalo para el suelo, afirman que si este año no llueve y se secan las presas no habrá más solución que acudir a las aguas depuradas y desaladas para auxiliar la sed del campo. Pero no se fían del proyecto hidroeléctrico de la Central Chira-Soria. Consideran que si el Cabildo sigue desoyendo su opinión, el único beneficiario del proyecto será la empresa promotora. Por eso Juan Leonardo advierte que todas las comunidades de regantes del Barranco de Soria tendrán que ser una sola voz para exigir que el megaproyecto avalado por el Cabildo sirva para garantizar de una vez a los agricultores la disponibilidad de agua durante todo el año, "de enero a enero", y además a un precio mucho más barato que los 15 euros que pagan actualmente, dado que el empresariado del invento se va a aprovechar económicamente de unas infraestructuras hidráulicas que son públicas. "No sólo las comunidades de Regantes, de Soria y Barrancquilo Andrés, también las de Huesa Bermeja, Los Lomos, Lomo La Palma, y Cercados de Araña tendremos que ponernos a una como regantes de la Presa de Chira. El agua tendrán que dejarla como mínimo al precio que está o incluso bajarla, porque cuando llueva y las presas se llenen la concesionaria de la central se supone que no tendrá costes de desalación ni tampoco de bombeo".

La sustantivación de este importante megaproyecto hidroelécrico es un claro ejemplo de las flaquezas de la Ecoisla que impulsa el Cabildo que preside Morales. Siendo el agua y la agricultura dos de los pilares en los que debiera basarse, no sólo para dar vida a los campos, sino también para preservar esos campos del fuego, los agricultores del Barranco de Soria también lo desconocen. En la reunión técnico informativa a la que fueron convocados en su día "sólo nos dijeron que presentáramos alegaciones si las obras nos afectaban a nivel de propiedad o si estropeaban el suelo. Pero no se habló nada del agua que podía aprovecharse para el riego", recuerda el presidente de los regantes.

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