El vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria, Román Rodríguez, inauguró ayer a las 6.16 minutos de la tarde el segundo tramo de la circunvalación de 2,5 kilómetros, que une a Arucas con la Cruz de Firgas y que reduce a poco más de dos minutos un trayecto que antes se tardaba hasta más de diez en realizar a través de la estrecha vía del barrio de La Goleta.

Poco más arriba del que será el futuro cruce de La Goleta, barrio que queda por conectar al vial, se daban cita asociaciones vecinales, empresarios locales y los alcaldes de ambos municipios, Juan Francisco Padrón, que no llegó a tiempo de cortar la cinta atascado en Telde, y el de Firgas, Manuel Báez, ambos con un buen número de concejales.

Ángel Víctor Torres, teniente de alcalde de Arucas, actuó de suplente de Padrón para resumir que la obra merecía descorchar "una botella de vino", tras "treinta años peleando para verla terminada". Calificó la jornada de "histórica" y no solo por la cercanía que representa para los habitantes de Firgas, Valleseco o Artenara, que solían tomar el angosto pasillo de La Goleta para acercarse a la capital, sino por los núcleos de El Cerrillo, Tomás León, Vasco López o El Angostillo que, por fin, se liberan de un tráfico de hasta 15.000 vehículos diarios, según dijo.

El alcalde de Firgas, Manuel Báez, felicitaba al Cabildo por la mejoría, pero recordaba que queda otra fase para conectar la Cruz con el centro de la villa.

Román Rodríguez puso el acento en que esta obra, de 11.171.633 euros, además de haber sido pagada "por el gobierno de la isla, que ha sido el que ha puesto todos los cuartos", materializa una de las apuestas más importantes de la Corporación en el mandato que ahora expira, y que responde a un "plan estratégico para reactivar las comarcas con más dificultades: el norte, el centro y las cumbres".

Una vez cortada la cinta en más de diez trozos -de repente convertida en souvenir-, aparecía por fin el alcalde de Arucas. Padrón incidía en que el nuevo tramo tendrá su prolongación con la IV fase de la circunvalación capitalina convirtiendo a la ciudad en un nudo de conexión de cumbre a costa, y anunció que El Trapiche quedaría también aliviado, sobre todo con el cambio de rumbo que a partir de ahora harán los camiones de Agua de Firgas, que se desplazarán por el nuevo firme.

"No llores más, Bamba mía"

Pero a quienes se veía especialmente contentos era a los habitantes de La Goleta, que en las últimas décadas han visto cómo un tranquilo pago montado en un lomo se convertía en una suerte de M-30. Luis Díaz y José Antonio Perera, del colectivo Cuesta La Arena, aseguraban que "mañana la gente se aburre" y que por lo pronto iban a tardar más en pintar sus fachadas, hoy hasta los quicios de carbonilla.

Pero era José Antonio Falcón, también residente en La Goleta y, según confesó, presidente del Festival de la Canción, el que metía un cierto jaleo a la fiesta. Entre voladores que salían de las azoteas del territorio liberado, Falcón confesaba que esta noche cantaba el optimista tema No llores más, Bamba mía. Unos minutos después salía pitando el primer fotingo hacia La Cruz.