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Vecinos y veraneantes en Teror

La lucha contra el franquismo no fue patrimonio de cuatro apellidos de veraneantes capitalinos | Las hijas y nietas terorenses ya superamos dogmatismos de toda índole

Lola, madre de Lidia Esther Guerra del Rosario, exconcejala de Teror, y Felisita, en los años 50.

Lola, madre de Lidia Esther Guerra del Rosario, exconcejala de Teror, y Felisita, en los años 50.

Las palabras -dichas o escritas- son como las piedras, que tiradas en el agua de los estanques van provocando ondas concéntricas y de efectos imprevistos. El 12 de septiembre se publicó un artículo en LA PROVINCIA/DIARIO DE LAS PALMAS relativo a una puntualización sobre la devoción mariana de una familia de veraneantes en Teror. Pero sucede que al haberse planteado ese artículo en los términos realizados, quiero efectuar mis matizaciones desde la óptica de una vecina de Teror, como lo fue mi abuela, como lo era mi madre y como lo soy yo.

Primera onda

Desde el enfoque marxista es “La existencia determina la conciencia”; entendiendo por existencia las condiciones de vida materiales, y por conciencia el desarrollo del pensamiento.

Probablemente entre esas “beatas” que se quedaron en la iglesia según el artículo, estaban mi madre, mis tías, mi familia… Una familia que no podía salir taconeando de la iglesia porque calzaban alpargatas; una familia para la cual las “excursiones” a la Fuente Agria lo eran para acarrear agua y los “paseos” al barranco lo eran para lavar ropa; y cuyas visitas a las fincas de amigos eran juntas a tierras cercanas para plantar y coger papas o descamisar piñas. Para las cuales los dulces del Benítez no formaban parte del día a día, sino excepcionales; y a las que la leche no se la ordeñaban por encargo, sino que ellas o mi abuelo ordeñaban a la vaca “Mariposa” sobre la escudilla de gofio rebosándola con leche tibia y espumosa.

Segunda onda

En la teoría marxista, “La lucha de clases es la ley de la historia”. No se aprecia esa perspectiva en esta veraneante, que disfrutaba del paisaje hermoso de Teror, y obviaba al paisanaje. Critica la pasividad y el “borreguismo” de la feligresía, pero no se aprecia una compresión de la inanición cultural a que eran sometidas, ni se ve un gesto, por mínimo que sea, para tratar de paliar o subvertir ese orden injusto; que por cierto hacía vivir muy bien a los veraneantes y bastante peor a los vecinos empobrecidos.

Tercera onda

Para Marx: “El comunismo implica la desaparición de las clases sociales”. Curiosamente, en esta isla un puñado de familias parece haberse convertido en el grupo que patrimonializa el movimiento de las izquierdas y monopolizó la lucha contra el franquismo.

Se desdibuja, se obvia, se olvidan a los luchadores de toda clase y condición… como mi tío abuelo, que estuvo seis años en la cárcel por militar en el Partido Comunista; y que nos endulzaba las pocas crueldades que contaba de aquella época oscura, dejándonos coger de la nevera de su bar los polos que quisiéramos.

Cientos, miles, decenas de miles de personas que lucharon y pagaron un alto precio.

La lucha no fue patrimonio de cuatro apellidos de veraneantes capitalinos.

Cuarta onda

El marxismo no es una ciencia, es un método de interpretación histórico.

No pretenda decirnos lo que tenemos que hacer en Teror para exorcizar los fantasmas de nuestro pasado. Las hijas y nietas de aquellas beatas hemos ya superado dogmatismos de toda índole, cosa que parece que las veraneantes aún no han hecho.

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