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La triste historia de los Super Constellation

La trayectoria del avión llamado ‘Pinta’ fue preocupante debido a los múltiples accidentes que protagonizó

La triste historia de los Super Constellation

La triste historia de los Super Constellation

El vuelo IB401 Madrid-Tenerife, que el Super Constellation Santa María había iniciado en la tarde del 5 de mayo de 1965 en el Aeropuerto de Madrid-Barajas, estaba finalizando al tiempo que comenzaban ciertas preocupaciones en la tripulación una vez comprobada la información recibida sobre las condiciones atmosféricas del Aeropuerto de Los Rodeos, destino final, el cual se encontraba bajo mínimos meteorológicos según sus condiciones de operatividad.

El comandante de la aeronave consideró la posibilidad de un aterrizaje a pesar del viento variable y una visibilidad de 100 a 500 metros. Lo intentó en tres ocasiones, las dos primeras sobrepasó la pista y en el tercer intento, el tren de aterrizaje impactó con un tractor, el avión se estrelló y se incendió, falleciendo 32 personas, entre ellas, tres pilotos, el radio, el mecánico y un auxiliar de vuelos.

Aquella entrega del primer Super Constellation que adquirió Iberia y posterior bendición a cargo del cardenal Spellman en Nueva York, quedó para la historia, finalizada en una isla del Atlántico once años después.

La triste historia de los Super Constellation

La historia del Super Constellation Pinta fue, ciertamente, preocupante debido a los múltiples accidentes que protagonizó. El 24 de septiembre de 1955, el avión que procedía de La Habana, presentó incidencias en su tren de aterrizaje cuando iba a proceder a su descenso al denominado actualmente Aeropuerto Internacional de Bermuda: una de las ruedas quedó atascada en su cavidad y por más esfuerzos que realizó la tripulación no se consiguió ponerla al nivel de las demás.

Se optó por un vuelo continuado alrededor de la vertical del campo hasta conseguir que los depósitos de combustible presentaran el nivel adecuado para el aterrizaje en emergencia.

El periódico ABC del jueves 29 de septiembre de 1955 relata al detalle lo sucedido aquella noche. Se decidió que los comandantes Abengoa y Arango, el radio Vega y el mecánico Félix Vicente quedasen en la cabina mientras el resto de la tripulación se incorporara a las restantes cabinas de pasajeros. Transcribo un párrafo del periódico en el que refleja esta situación:

Los restantes miembros de la tripulación: los señores Reing Loring, jefe de pilotos; Muela, radiotelegrafista y Aragón, mecánico, se unieron a la azafata, señorita Marichin Ruiz de Gamir, marquesa de Ulzurrun, y a los camareros, señores Castillo y Pastor, y asumieron el cometido de fortalecer la moral de los pasajeros e infundirles confianza…

Por otra parte, un sacerdote mexicano, tras solicitar autorización, pasó por cada una de las seis cabinas del avión a fin de dar la absolución a pasajeros y tripulantes. Al parecer, todo transcurrió con total normalidad, tras el cierre de la llave del combustible, la desconexión eléctrica y la parada de los motores centrales, el Super Constellation Pinta tomó tierra.

El avión tuvo que ser reparado y volvió a sus cometidos…pero con otra denominación, se le rebautizó con el nombre de Santa Clara. Permítanme, estimados lectores, que me aparte del tema aeronáutico para referirme al naval y dar razón de este cambio de nombre.

Una de las carabelas de Colón, la más pequeña, de apenas 22 metros de eslora, fue botada hacia 1488 en el puerto de Ribera de Moguer (Huelva) y era propiedad de los hermanos Niño. Se decidió bautizarla como Santa Clara, en honor del Monasterio de Santa Clara, en Moguer y desde 1931 declarado monumento nacional (su abadesa en aquellos años de Colón era Inés Enríquez, tía del rey Fernando el Católico, y tuvo mucho que ver con la aceptación final del proyecto de Colón).

La historia hizo que a esta carabela se la conociera con el calificativo de La Niña, recordando, de alguna manera, a sus propietarios. En septiembre de 1493 se integró en la flota que el Almirante conformó para su segunda expedición. En el verano de 1495, resguardada en el puerto de Haití, fue la única embarcación que se salvó del ciclón que asoló el territorio. Me parece, sin que mi pensamiento garantice esta consecuencia, que al avión Pinta se le rebautizó como Santa Clara en recuerdo de la salvación de la carabela de aquel ciclón de Haití, como se rescató el Super Constellation de lo sucedido en el Aeropuerto Internacional de Bermuda, islas distantes 1700 kilómetros situadas en el Caribe y los Sargazos, respectivamente.

Sigamos con la historia, triste, de nuestro avión. En 1956, en Nueva York, sufrió otro accidente y otro más, en 1958, esta vez en Madrid y un cuarto y definitivo, aunque sin víctimas, entre los 46 ocupantes de la aeronave, el lunes 6 de marzo de 1961: el vuelo IB991, de Madrid a Buenos Aires, vía San Pablo, fue normal hasta proceder a la fase de aproximación al Aeropuerto de Congoñas de San Pablo. Según el periódico Jornal do Brasil del martes 7 de marzo, el piloto se equivocó y no pudo compensar las condiciones del viento durante la aproximación. El resultado fue que se estrelló, incendiándose la aeronave, finalizando su vida en marzo de este año. Voló para Iberia apenas siete años.

Como carguero

El Super Constellation Niña dejó de prestar servicio a la compañía Iberia en 1967, es una aeronave también con una historia digna de ser contada, aunque su final no he podido confirmarlo. Sus últimos meses en Iberia fue utilizado como carguero hasta que en fecha 15 de mayo de 1967 fue traspasado a la compañía International Aerodyne Inc. (Miami), con el consiguiente certificado de aeronavegabilidad emitido para N8023, su nueva numeración.

En 1968 pasa, como HP-475, a Rutas Aéreas Panameñas, S. A. (RAPSA); en esta compañía presta servicio en un período muy corto pues, en este mismo año, es arrendado a Biafra Air Force, en donde vuela hasta el año 1970. En estas fechas existía un enfrentamiento civil en Nigeria, conocido como la guerra de Biafra (julio1967, enero 1970) y el antiguo Niña, ahora con el nombre de Ángel de la Paz, participa en esta guerra civil.

La mayor parte de los datos referidos en este último párrafo están extraídos del libro Kites, Birds and Stuff. Aircaft of the United States of America. Lockheed Aircraft. P. D. Stemp. (pág. 148).

En cierta ocasión leí una referencia, incluso un amigo me habló de ello, todo lo cual no lo he podido confirmar, en la que se decía y se comentaba que se instaló en El Algarve portugués como un curioso restaurante y que acabó sus días entre las llamas, incendio que se produjo en la cocina habilitada del singular espacio de comidas. Se añadía que restos de este avión están expuestos al público en un museo aeronáutico de Portugal. Podrían ser ciertas estas referencias y también, que este relato tuviera como protagonista a cualquiera de los aviones Super Constellation que Biafra utilizó en ese tiempo.

Otros aviones Super Constellation dados de baja finalizaron sus días de vuelo como hotel, museo, como atracciones infantiles, espacios para reuniones y, también, como restaurante.

El Super Constellation es uno de los aviones más expuestos en los museos aeronáuticos y del espacio repartidos por todo el mundo y, también, mostrados, a veces, en condiciones precarias en espacios abiertos.

Como curiosidad, finalmente señalar, que uno de estos aviones Super Constellation, L-1049 (VC-121E Columbine III, 53-7885, c/n 4151. Versión militar: + velocidad, combustible, potencia, longitud), fue usado como avión presidencial por el presidente estadounidense Dwight David Ike Eisenhower (1890-1969), cuyo ejercicio presidencial se desarrolló desde enero de 1953 a enero de 1961 y primero en ser designado Air Force One.

Sin embargo, en su viaje a España, en diciembre de 1959, no lo utilizó. Actualmente se expone en el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en la Base Aérea de la Fuerza Aérea de Wright-Patterson (Dayton-Ohio).

Manuel Ramos Almendra. CORONEL DE AVIACIÓN (RETIRADO), MIEMBRO DE LA RSEAPGC Y CORRESPONDIENTE DEL CONSEJO ASESOR DEL SERVICIO HISTÓRICO Y CULTURAL DEL EJÉRCITO DEL AIRE

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