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Policía a los 56 años

Valentín Peña aprueba las oposiciones y accede al cuerpo policial de Moya casi a la edad máxima permitida | “Es un puñetazo en la mesa por los mayores de 50”, afirma

Policía a los 56 años

Policía a los 56 años

Valentín Peña está convencido de que tiene dos edades: la que figura en su carnet de identidad, 56 años, y la edad mental, que él calcula que será “de unos 30 años menos”. Y es precisamente esa suposición, su condición física y las ganas por ejercer la profesión lo que ha llevado a Valentín a aprobar las oposiciones de la Policía Local de Moya casi al límite máximo para entrar en el cuerpo. “Conseguir ser policía a los 56 años es un puñetazo en la mesa por todas las personas mayores de 50 años; no estamos acabados, nos tienen que dar una oportunidad en la vida laboral”, reivindica, “no nos pueden enterrar todavía porque estamos más vivos que nunca”. Valentín accede al cuerpo junto a otros tres compañeros y ha superado una criba de un total de 240 personas.

Nacido en Madrid, llegó a Gran Canaria cuando tenía tan solo 18 años, terminó el COU, estudió ciencias empresariales en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y luego se lanzó al mercado laboral en el sector de la banca en 1989. Y en ese sector permaneció 24 años hasta que en 2013 su empresa aprobó un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) y lo despidió. Al borde de los 50 años, y consciente de que su edad era un obstáculo a pesar de contar con una tarjeta de presentación con más de dos décadas de servicios financieros a su espalda, decidió poner en marcha un negocio de restauración en San Bartolomé de Tirajana, una empresa que mantuvo dos años y cerró por aburrimiento. “Tenía que dedicarle de lunes a sábado, mañana, tarde y noche, y no era lo que yo quería”, relata, “tenía claro que mi vida laboral aún era larga y tenía que estar motivado y estar a gusto”.

“Tenía claro que mi vida laboral aún era larga y tenía que estar motivado”, cuenta Valentín

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Y se cruza en su camino la oposición para la Policía Local de Moya y no lo pensó dos veces. Durante los últimos cuatro años ha dedicado prácticamente todo su tiempo y su esfuerzo a estudiar. “Ha sido mi filosofía de vida”, dice. Hasta el punto de que en este período ha tenido la oportunidad de trabajar en varias aseguradoras e incluso firmó un contrato, pero se dio cuenta de que no era lo que le apetecía, agradeció la oferta y acabó declinándola. Hizo también algunos intentos de meterse en otras empresas pero se dio cuenta rápidamente de que con más de 50 el currículum va a la basura, aunque sea impecable. “Durante cuatro años me dediqué en exclusiva a estudiar, de lunes a domingo, renunciando a vacaciones y hasta a asaderos”, relata, hasta que lo consiguió.

Pero la pasión de Valentín por esta profesión no es gratuita y le viene de muy atrás. “Siempre me ha gustado la acción”, señala. Tanto, que hace 16 años, cuando tenía 40 años y trabajaba en la banca, se presentó, como reto personal, a las oposiciones al Cuerpo de Bomberos de Las Palmas de Gran Canaria, examen que aprobó a la primera pero no obtuvo plaza. “Estas profesiones siempre me han motivado mucho”, afirma.

Para Valentín, prepararse las oposiciones para policía fue una apuesta arriesgada. “Si no me salía esto, ya con 56 años sería más difícil encontrar trabajo, así que era entrar ahora en el cuerpo o no entrar, no podía dejar pasar este tren”, cuenta. Un tren cuya media de edad de los pasajeros está entre los 20 y los 30 años, muy por debajo de la edad de este entonces opositor.

Él ha sido el principal sorprendido porque no le costó nada sentarse a estudiar. “Tenía claro lo que quería y lo difícil que era y la única forma era hincar los codos”, dice. Y en todo este tiempo ha contado con el apoyo de su mujer, su hija y sus padres. “Mi familia estaba asombrada porque yo no fallaba a estudiar ni a los entrenamientos físicos”, apunta el policía, “darles una alegría era para mí un aliciente mayor a conseguirlo para mi propia satisfacción”.

El nombramiento de este policía y sus tres compañeros tuvo lugar la semana pasada en un acto en el Ayuntamiento de Moya. Por delante tiene ahora un período de prácticas tutelado por un agente veterano en el cuerpo que le acompañará para conocer el municipio. Además, el próximo 2 de noviembre Valentín ingresará en la Academia Canaria de Seguridad para aprender aspectos como la inmovilización o el manejo del arma reglamentaria antes de salir a patrullar las calles moyenses.

Valentín Peña ha logrado su pasión a los 56 años, pero sabe que su sueño tiene fecha de caducidad: solo nueve años, hasta que cumpla los 65. “Lo tengo asumido; hay quien se jubila a los 60 años si ya tiene los años mínimos de servicio, pero yo no me lo planteo; mi edad de referencia es la jubilación, así lo quiero y lo necesito”, concluye.

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