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Medioambiente

Ángel Guerra, el guardián de las semillas

Una placa rinde homenaje en Osorio a uno de los mejores viveristas del Cabildo grancanario

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Homenaje en Osorio a un viverista.

Una decena de profesionales de los cuatro viveros que gestiona el Cabildo en la isla, descubrieron ayer en Osorio una placa en recuerdo de su compañero Ángel Guerra Quintana, en memoria de una figura incansable que gracias a su instinto, entre otros, contribuyó a descubrir los ‘superpinos’ de Arguineguín. 

La figura del viverista Ángel Guerra Quintana es la de un hombre que lleva más allá la metáfora de los que dejan huella porque él deja todo un bosque, cuando no el futuro pinar de la Gran Canaria toda. Nacido en el Toscón de Tejeda, y fallecido en junio del pasado año, Guerra Quintana era un sabio de la tierra autodidacta capaz de detectar con un instinto muy particular las mejores semillas paridas por la flora autóctona isleña, y con el que aportó más de cuarenta años de mejora genética al ecosistema grancanario.

Ayer, una decena de viveristas del Cabildo, corporación para la que trabajaba, le rindieron un íntimo homenaje en el mismo lugar en el que su contribución se podría erigir en la savia nueva de los pinares de los próximos siglos, donde se atesoran y prospera un grupo de pinos procedentes de Arguineguín que se han revelado como uno de los de mayor diversidad y singularidad genética, capaces de soportar las condiciones más duras, de aridez extrema para el resto de los de su especie.

Se trata del denominado huerto de semilleros de pinos canarios, ubicado en la finca de Osorio, y en el que figuran unas decenas de ejemplares que tras ser plantados hace años ya están comenzando a generar las piñas del relevo.

Allí, su compañero viverista Ñico González le erigió un pedestal ornamentado con lajas del sur en el que figura el nombre Ángel Guerra Quintana, una placa que fue descubierta al mediodía de ayer con no poca contenida emoción por diez de sus compañeros procedentes de los cuatro viveros insulares, como Juan García, Iballa de Vicente, Rosi Marchena y Kevin Febles, de Tafira; José Antonio Naranjo, de Osorio; el citado Ñico González, con Milagrosa Marrero, Carlos Morera y Cristina Jiménez, de Artenara; y Eleuterio Canino, de Las Tirajanas.

Natural de Tejeda, contribuyó a encontrar los pinos que repoblarán la isla en el futuro

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Allí, antes de descubrir la placa, lo calificaron como “el guardián de las semillas del sur” y se subrayó el “importante papel de su figura para preserva la seguridad de ese material, siempre cuidadoso con los plazos de recogida y tratamiento y la activación de las cuadrillas para actuar en el mejor momento”, además de virtudes como “la gran humanidad de una persona tan afable como abierta a la innovación”, y al que se debía en gran parte la réplica del pinar de Arguineguín en el que bajo su sombra ahora reposa la placa que lo recuerda.

Carlos Velázquez, ingeniero forestal y Coordinador de Viveros del Cabildo de Gran Canaria, explicaba que una de las más destacadas contribuciones de Angelito, como le conocían cariñosamente, se centraba en la primera década de este siglo, con la recolección de semillas en los barrancos y taliscos de Mogán, que luego fueron estudiadas en la Escuela de Montes de Madrid en el año 2008.

Los resultados se publican en 2009, concluyendo que esa población relíctica o marginal de apenas unos 120 ejemplares centenarios guardaban la mayor variabilidad genética de todos los de su especie en Canarias.

Los ejemplares, de Arguineguín, son capaces de sufrir graves sequías y altas temperaturas

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Para el ingeniero forestal, ese reducto de pinos en el sur, y el nuevo que prospera en las laderas del Pico de Osorio que ya está dando sus primeras semillas, “valen su peso en oro”, por varios motivos. Uno de ellos es que son los que se desarrollan en las cotas más bajas, que rondan entre los 200 y los 500 metros de altitud en unas condiciones pluviométricas radicales, de menos de 200 litros por metro cuadrado al año. A esto se añade la enorme vulnerabilidad de las poblaciones naturales, dado que se trata de un pinar diseminado que por su escaso número puede suponer una reducción de su riqueza genética derivada de la endogamia, de ahí la necesidad de conservar tanto el nuevo huerto como las propias semillas que se recopilan del original.

Y es que, según todos los pronósticos, lo siguiente por venir es un incremento de entre 3 a 5 grados centígrados por el cambio climático. Es en ese punto donde los irreductibles de Mogán entran en juego, con progresivas repoblaciones en las próximas décadas de costa a cumbre que vayan sustituyendo a los pinos de cotas más superiores que no puedan soportar ni esas futuras temperaturas ni los altos niveles de estrés hídrico al que estarán sujetos si se cumplen esas proyecciones.

Por todo ello, y mucho más, se cerraba el acto con un espontáneo minuto de silencio acompasado por el murmullo de esos mismos pinos que hoy lucen el nombre de su viverista, un momento para el recuerdo con el que se cerraban las XX Jornadas que celebran estos profesionales y sin cuya concurrencia durante décadas de trabajo, el tesoro de la flora isleña quedaría sepultado en el erial.

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