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Los canteros de Arucas afirman que “Tenerife se equivoca de enemigo”

El presidente de la patronal de Santa Cruz denuncia el uso preferente de la piedra azul en su isla | Los labrantes sostienen que el problema está en el material foráneo

El escultor Fran Celis hace arte con piedra de Arucas durante el pasado bicentenario de Mogán.

El escultor Fran Celis hace arte con piedra de Arucas durante el pasado bicentenario de Mogán. LP/DLP

Los canteros de Arucas responden a las quejas vertidas por el presidente de Fepeco, Óscar Izquierdo, en las que denunciaba el uso preferente de piedra natural de Arucas para colocarlas en obras públicas de Tenerife en detrimento de la piedra chasnera de Arico, asegurando que Izquierdo “se equivoca de enemigo, porque en las islas hay mercado para todos”, y apuntando a la introducción de piedra foránea como el verdadero problema que sufre el sector.

Mundin Santana Perera, socio y administrador de la empresa Mecohersan Piedras La Cantera junto con su hermano Domingo, y que explota la afamada piedra de Arucas no tiene constancia de ese supuesto desagravio, para apuntar que también su firma vende esa misma piedra procedente de Arico para diversas obras en cualquier punto de la Comunidad, “porque todos somos canarios”, señala, para añadir que lo importante “es llamar la atención al Gobierno de Canarias, cabildos y ayuntamientos para luchar contra la invasión de piedra de fuera, procedente de lugares como China, Vietnam o India”, incidiendo “que ese sí que es el problema”.

Santana explica que la llamada piedra chasnera es una piedra volcánica “igual que la nuestra, prima hermana, pero más parecida a la piedra de Moya, una fonolita de color marrón, aunque no tan dura como la de Arucas, que se usa para restauraciones, fachadas y calles, como las de La Laguna, que son de ese material”.

La misma fuente abunda en que tras el cierre de la cantera de Cabo Verde en Moya, se ha recurrido a la piedra tinerfeña para ejecutar la restauración del muro perimetral del Puerto de Las Palmas, para ilustrar “que cada una de ellas tiene su mercado”.

“Pero lo que es una pena”, añade, “es que exceptuando el casco de La Laguna en Tenerife, y el centro urbano de Arucas en Gran Canaria, en todas las demás grandes intervenciones, como Triana, Tejeda, el Puerto de la Cruz o Vegueta se ha recurrido sobre todo al basalto asiático o al pórfido argentino, ésta última colocada en la avenida de Canarias de Vecindario”.

La mayoría de los ayuntamientos de Canarias recurren al mercado asiático para sus obras

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Con respecto a éste trabajo, Santana explica que el arquitecto indicó la utilización de “piedra de Arucas o similar, ya que por Ley deben indicar esto, y similares son las de Ayagaures, La Gomera, o la propia chasnera de Tenerife, pero al final, y a pesar de reunirnos con el entonces alcalde Silverio Matos y los concejales, optaron por traer piedra asiática, y para nosotros esto es una competencia desleal porque mientras aquí tenemos a los trabajadores asegurados, con sus vacaciones y todas las garantías laborales se opta por un material que en ocasiones también llega de países como la India y que ni siquiera sabemos en qué condiciones laborables se extrae”.

En cualquier caso Mundin Santana recuerda que desde antiguo las grandes obras de piedra en la isla de Tenerife se han realizado tradicionalmente con buena parte de la piedra de Arucas, lo que conllevó a que muchos labrantes de la ciudad norteña se desplazaran a vivir a la isla vecina, “como mi abuelo o mi padre”, al punto de que muchos se quedaron allí por vida, que durante años eran recibidos en las fiestas de San Juan y que eran conocidos como Los chicharreros de Arucas.

Santana cita obras realizadas por los labrantes aruquenses, como el Banco de España, y que fueron firmadas por apellidos como los propios Santana, los Jordán o los Marrero.

En su familia contabiliza seis personas, “todas nacidas en La Goleta, que es la cuna de este oficio en Canarias”, y que también terminaron viviendo allí.

La tradición del trabajo de la piedra, en su caso, se remonta a “cientos de años, porque ya el abuelo de mi padre decía que su propio abuelo también lo era, en un mundo duro de trabajo en el que se comenzaba a ello desde ni niño. De hecho mi padre comenzó con ocho años y medio a acarrear cestas, sacando desde el fondo de la cantera, a veces entre llantos, los cachillos de piedra inservibles que había que ir sacando, o yendo al herrero para arreglar las herramientas”.

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