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El barullo no deja suficientes propinas

Gáldar recibe numerosas visitas el fin de semana, pero la restauración sigue sin remontar

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Terrazas en Gáldar en pleno nivel 3 de alerta por Covid José Carlos Guerra

A las doce del mediodía parece que no cabe una aguja en pleno casco antiguo del municipio de Gáldar. La imagen que se pinta a través de la calle Capitán Quesada, nombrada popularmente como la 'calle larga', podría asemejarse a la de hace unos meses, cuando el coronavirus aún no se había presentado en Gran Canaria. Cientos de personas recorren de un lado a otro la conocida vía, en donde se ubican la mayor parte de negocios de restauración y comercio de la localidad norteña. El sol está en lo alto, vecinos y visitantes disfrutan del cálido clima tomando algo en las decenas de terrazas antes de almorzar. “Esto siempre ha sido el corazón del Norte”, expresan convencidos algunos empresarios.

El movimiento incesante que se aprecia en esta zona da a pensar que los empresarios no lo están pasando tan mal a pesar de las circunstancias, pero la prohibición de servir comidas y bebidas en el interior de los locales y la reducción del aforo de las terrazas no permite remontar económicamente. El barullo no deja suficientes propinas. Las pérdidas superan hasta el 80% en algunos casos, especialmente de aquellos establecimientos que carecen de espacio en exterior. A pesar de que el Ayuntamiento ha aprobado decretos para permitir la instalación de mesas y sillas en zonas destinadas al aparcamiento a todos los que lo soliciten, la medida no consigue que muchos de los negocios puedan mantenerse a flote.

“Me he planteado qué hacer las próximas semanas, no sé si podré aguantar esta situación mucho tiempo porque cada vez es más difícil hacer frente a los gastos”, admite Juan Antonio Ramos, propietario de la cafetería Ciudad de Gáldar, que muere de pena al confesar que ya ha tenido que despedir a dos de sus trabajadores y mandar al ERTE a otros tres empleados. A pesar de encontrarse en pleno centro, situado en la calle con mayor ajetreo de todo el municipio, asegura que debe cerrar a las cuatro de la tarde porque no le compensa estar tantas horas abierto; las cenas, que son el momento más crucial del día para la facturación, no son tan demandadas ahora por la clientela, que no ve que compense reservar una mesa para tener que desocuparla en poco tiempo al haberse establecido el toque de queda a las 10.

Y ese es otro de los asuntos que más polémica causa en el debate de la nueva normativa. “Tenemos que ir cerrando a las nueve de la noche para poder guardar todo el mobiliario, limpiar y hacer la caja antes de que se haga la hora y después tener tiempo de llegar a casa”, admiten varios de los hosteleros. Por esto motivo muchos negocios han debido reorganizar sus turnos para adaptarse mejor a la situación. Así lo han decidido desde el restaurante Casco de Gáldar, uno de los establecimientos que se encuentran rodeando la plaza de Santiago. “Nosotros partíamos la jornada, trabajábamos al mediodía para los almuerzos y después volvíamos a abrir para la cena; ahora tenemos que realizar nuestra actividad de corrido para intentar sacar provecho de alguna forma”, sostiene Lumi Hernández, encargada del negocio.

A pesar de todo, piensa que este es uno de los municipios en donde mejor se está afrontando esta compleja temporada. No sólo por los impulsos desde la administración, que ha aprobado también la ampliación de las terrazas a coste cero, sino por la cantidad de visitantes que se acercan a Gáldar. “Aquí vienen muchas personas del Sur y del Sureste de la Isla; sobre todo en estos momentos que hay menos actividad económica en esa zona”, analiza. Y lo cierto es que en las horas puntas no faltan los paseos por las callejuelas, el intenso murmullo que producen los que se encuentran y el rugir de los coches de aquellos que buscan estacionar. Aún así no niega que la situación está muy complicada. “De hecho nosotros estuvimos cerrados estas semanas, no veíamos que pudiera compensar abrir; pero finalmente decidimos hacerlo”, añade, una decisión tomada a raíz de que el Gobierno de Canarias decidiese la prórroga del nivel 3.

El barullo no deja suficientes propinas J. C. G.

Otras de las medidas que ha beneficiado en cierta forma a los restauradores del municipio tiene que ver con el cierre de las calles. Juan José Ponce, dueño de la pastelería El Cisne, es uno de los afectados por la prohibición de atender en interiores, pero ha obtenido la licencia de sacar algunas sillas y mesas al exterior a pesar de que la vía no es peatonal. “Por lo menos sacamos eso de beneficio, para poder pagar algunos gastos”, sostiene el empresario, que destaca que nunca ha pasado por una situación similar en su trayectoria profesional. Ponce explica que las restricciones no sólo afectan a la hora de atraer gente al local, sino también en el propio servicio de pedir para llevar. “Ahora mismo no se están celebrando fiestas de cumpleaños, comuniones o eventos así”, señala, por lo que tienen que conformarse con vender al día a día. “Es verdad que está viniendo gente los fines de semana, pero hay demasiadas terrazas en la misma zona y es complicado que la gente llegue aquí”, asegura.

Para los establecimientos situados en vías paralelas a la de Capitán Quesada o la plaza principal, los esfuerzos a los que se someten por sobrevivir son demasiados. Aunque la administración ha permitido la ocupación de las plazas de aparcamiento para las mesas y sillas de los establecimientos, el espacio en muchas ocasiones es demasiado pequeño y por tanto, sólo se pueden colocar tres o cuatro núcleos. En comparación con los restaurantes de las calles peatonales, que pueden hacer un uso más extensivo de sus terrazas y colocar más mesas separadas, los pequeños negocios de interior se ven más perjudicados.

“Antes de pasar a este nivel venía bastante gente porque se sentía cómoda, tranquila y segura”, asegura Patricia Bruno, que trabaja en La Tiendita, un establecimiento con diferentes habitaciones y un patio interior que permitía la entrada y salida de aire. Aunque ha podido instalar tres mesas y un toldo en el exterior -mobiliario que ha tenido que pedir prestado- con un permiso municipal, “no se puede vivir de los cafés o las cervezas”, explica con crudeza, anunciando que la próxima semana tendrán que cerrar temporalmente. “Abrimos en plena pandemia, el mismo fin de semana en que se declaró el estado de alarma, pero aún así hemos estado aguantando todo este tiempo; ahora ya no”, expresa pesarosa.

Las pérdidas económicas alcanzan el 80% en algunos locales del casco.

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Los pedidos para llevar o las comidas a domicilio son servicios que se están fomentando mucho en estas nuevas circunstancias, pero que no son efectivos para muchos negocios. Algunos hosteleros argumentan que no merece la pena llevar almuerzos o cenas a las viviendas de los clientes porque eso supone más pagos; un empleado que se dedique a transportar, un vehículo y seguro para cubrir accidentes. En el caso del restaurante Mamma mía, de la calle Drago, la mayor dificultad se encuentra en la restricción de libre movimiento. “No entiendo por qué en toda España permiten que el servicio a domicilio se efectúe hasta las 12 a pesar de los toque de queda y en Canarias no”, señala con enfado Saúl Centenera, encargado del local.

El barullo no deja suficientes propinas J. C. G.

Y es que al encontrarse en una vía tan mal ubicada, su mayor fuente de ingresos reside en este servicio. “Tenemos que cerrar los pedidos a las 9.15, porque no nos da tiempo de prepararlos y entregarlos; es un lío porque la gente cena a esa hora”, añade. Considera, como muchos restauradores, que la normativa no es justa para su sector. El interior de su local es suficientemente ancho como para albergar 12 mesas con espacio de seguridad, “pero en la plaza que tenemos en el exterior solo podemos poner cuatro”, explica encogiéndose de hombros, resignado.

En su terraza apenas se ha sentado un grupo familiar en dos semanas, lo que parece mentira teniendo en cuenta la cantidad de gente que se mueve por otras zonas del municipio. Sin embargo, es la realidad. No solo la de él, sino la de muchos otros negocios que no tienen la misma suerte de ubicarse en el mismo centro.

TODAS LAS LICENCIAS APROBADAS

El Ayuntamiento de Gáldar no se ha quedado impasible ante la complicada situación que viven los restauradores del municipio. El pasado 18 de enero, al iniciarse el nivel 3 de alarma, el alcalde firmó un decreto para permitir la ampliación de la superficie de ocupación de las terrazas en vías y espacios públicos de establecimientos de hostelería. Esta medida ha aliviado momentáneamente a muchos negocios que carecían de espacios exteriores para colocar mesas y sillas. En total, han sido 35 los empresarios que han solicitado licencias para poder acogerse al decreto y el Consistorio las ha aprobado todas, según detallan fuentes municipales. Desde la asociación de empresarios resaltan la labor de la administración, aunque admiten que aún así la situación está siendo muy complicada para todos. | J. P.

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