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Las casas del Patronato de Teror

Las ‘Casas Baratas’ surgieron mal desde un principio | Las deficiencias en la construcción han sido vergonzosas y una permanente y justísima queja vecinal

Las casas del Patronato de Teror LP/DLP

Cuando en 1962 se anunció en la Villa Mariana la construcción de viviendas para familias necesitadas, el contento fue grande entre muchas personas que vivían -incluso en casas del Recinto Histórico de Teror- en inhumanas condiciones casi de hacinamiento.

El anuncio, que surgía por el convenio y bajo el patrocinio conjunto del “Patronato Benéfico San José Artesano” y Cáritas, destinó para ello un amplio solar de 3.700 metros cuadrados cedidos por el ayuntamiento en pleno celebrado el 11 de noviembre de 1961 en la zona conocida como los “Llanos de Quevedo”. El Ayuntamiento acordó también en el mismo pleno sufragar con 40.635 pesetas, el 50% de lo presupuestado en un primer momento.

Junto a la parcela destinada a ello; ya se había inaugurado el domingo 19 de julio de 1942 otra de las instalaciones sociales del Teror de posguerra: el Campo de Deportes “El Pino” situado en tierras de Antonio Abad Herrera. El nuevo campo de fútbol se había inaugurado con un partido en el que el equipo visitante -el Marino- ganaba por goleada de 5 a 2 al Terorense y terminaba así el errante deambular de los espacios destinados al fútbol que había tenido su última ubicación junto al Muro Nuevo, donde posteriormente se levantó el Colegio Salesiano hoy sede de las Oficinas Municipales.

La primera piedra de las nuevas edificaciones -conocidas desde entonces por el pueblo como las “Casas Baratas”- se colocó el 1 de mayo de 1962, festividad de la onomástica que daba nombre al Patronato promotor.

Era un día de fiesta y como tal se entendió sobre todo por las familias que por sus condiciones económicas y sociales ya se veían viviendo en uno de aquellos pisos. Se engalanaron las calles con banderas y los voladores anunciaron toda la tarde que Teror se unía a los muchos municipios que ya por entonces construían con ayudas del gobierno y bajo ese mismo medio de patronatos, viviendas para las clases más desfavorecidas.

Hombres y mujeres de Teror y todos sus barrios, de los pueblos más cercanos y autoridades llegadas desde la capital se juntaron aquella tarde en la Plaza del Pino para asistir al acto, animando todo el gentío como siempre en las grandes solemnidades por la Banda de Música de la Villa.

Tal como reseñaron las crónicas del acto “a las seis de la tarde y partiendo de la Plaza de la Virgen se puso en marcha la comitiva de coches conduciendo a las autoridades civiles y religiosas de Teror y miembros destacados del Patronato, y llegados al lugar, que llenaba numeroso público se procedió a la firma del pergamino, que junto con una colección de monedas se iba a enterrar con la primera piedra”.

Las casas del Patronato de Teror LP

El acta que quedó enterrada bajo los cimientos de las Casas Baratas la firmaron Monseñor Antonio Socorro Lantigua, Manuel Ortega Suárez, alcalde de Teror, Juan Ortega, director de Cáritas Parroquial, Manuel Rodríguez, contratista de las obras, Domingo Naranjo, señor Comandante de Puesto de la Guardia Civil y todos los concejales allí presentes, entre otros mi abuelo Sinesio Yánez Travieso. Asimismo, en nombre del Patronato José Rodríguez, vicepresidente del mismo, Ignacio Viéitez, presidente de la Junta Ejecutiva, José Manuel Ruiz, carmelita secretario de la misma, Alberto Zoghbi, José Santana y Antonio Gómez como vocales y en nombre de Cáritas Diocesana Natividad Alfonso Calzada Castañeda como su director y el inspector Martín Arbuja.

Después Monseñor Socorro bendijo aquella primera piedra que sustentara y diera inicio a lo que iba a ser el lugar que acogiera y diera digna vivienda a tantas familias pobres que estaban necesitadas de ello.

Bajo los dos padrinazgos de la Virgen del Pino y San José surgía aquella obra que tal como destacara el reverendo José Rodríguez debía ser inspiración de políticos ya que al gravísimo problema de carencia de viviendas para las familias humildes que sufría Canarias no podía estar ajeno nadie “de buena voluntad y menos el capital católico so pena de traicionar a su fe y a sus deberes”.

Volvieron todos ellos al pueblo tras el acto ya que el vino de honor ofrecido por el Ayuntamiento a autoridades y miembros del patronato se celebraba en las Casas consistoriales.

La obra cuyo coste final pasó de los dos millones comenzó rápida y presta y ya en 1963 los tres módulos que constituían las 24 viviendas estaban a altura de techo.

Con apoyos gubernamentales y municipales se avanzó, mientras tanto el cura de Teror como todos aquellos ubicados en puestos de poder, el periodista terorense Ignacio Quintana entre otros, iban recibiendo en sus despachos las peticiones personales y muchas veces doloridas de tantas mujeres y hombres del municipio para poder ser alguno de los beneficiarios de aquellas viviendas que se construían junto al cauce del Barranco de la Fuente Agria.

Unas viviendas que se terminaron tres años después de la primera piedra y cuya entrega de llave y título de propiedad -novedoso acto para la Villa de entonces- tuvo lugar en acto aún más solemne que el anterior el 8 de noviembre de 1965.

Aquel día, del que se cumplieron 55 años en plena pandemia de Covid, fue también una fiesta en todo el municipio. Para la entrega llegó el Gobernador Civil Antonio Avendaño Porrúa y los que iban a recibirlas de sus manos manifestaban su alegría por ser propietarios de uno de aquellos pisos que se anunciaban como viviendas modernas que constaban “de tres dormitorios, baño, comedor-estar y cocina” y que costaron más de dos millones de pesetas, de las que 720.000 eran subvención del Ministerio de la Vivienda; 630.000 de un préstamo de la Caja de Ahorros, un donativo de Cáritas y una aportación de la constructora benéfica de San José.

Las casas del Patronato de Teror LP/DLP

Al gobernador y al delegado provincial del Ministerio de la Vivienda, Gómez Cantolla, el alcalde, el cura, concejales y miembros de Cáritas Parroquial, además de los sacerdotes José y Francisco Rodríguez y Rodríguez, brillantes personajes del clero de nuestra tierra que nacieran junto a Teodoro, su otro hermano cura, en Juncalillo de Gáldar.

José Rodríguez y Rodríguez bendijo las edificaciones que según él afirmaba eran una pequeña solución a un gran problema: la vivienda en Canarias, porque si el Estado no podía dar esa respuesta -manifestó- era el pueblo el que tenía que sentir el remordimiento de lo poco que se había hecho.

Un tanto indignado por lo que consideraba una injusticia para los que carecían de viviendas en las que poder vivir con un mínimo de respeto a sus necesidades, José Rodríguez se preguntaba frente a todos los asistentes: “¿Dónde están las ganas de hacer el bien y esos fervores de caridad del capital de los hombres católicos, que se llaman cristianos cien por cien, si sigue siendo para nosotros una vergüenza el que no podamos hacer una aportación eficaz”. Los aplausos que recibieron sus palabras fueron la mejor muestra de que el pueblo opinaba lo mismo que él.

Lo cierto es que aquella constructora benéfica a mediados de los sesenta sólo tenía para cubrir una demanda de unas 120 viviendas cuando en la provincia se estimaban las necesidades en torno a las 20.000.

Después de insistir en la necesidad de un plan de emergencia para paliar el grave problema, manifestó que el Patronato Benéfico de San José Artesano ofrecía un solar igual al que se había construido, y junto a él con proyecto aprobado para que 24 nuevas familias de Teror pudieran hacer su casa en régimen de cooperativa, y si fuera preciso también de otro proyecto de 72 viviendas para que con el mismo régimen cooperativo se construyeran para igual número de familias, con lo que consideraba que quedaría totalmente acabado el problema de viviendas en la Villa.

Graves palabras y consideraciones para toda Canarias que José Rodríguez defendió en muchos foros durante el resto de su vida.

El gobernador Avendaño dijo -casi en contestación directa al sacerdote- que la preocupación mayor que tenía en la provincia era la de poder dotar a todas las familias canarias de un hogar digno, pero que la solución de este problema no era fácil ya que no era simplemente de carácter económico y no convenía de ninguna manera desbordar las aportaciones e inversiones que podían desequilibrar la economía de un país y producir una brutal inflación o incluso traducirse en un perjuicio total para toda la población. Los polígonos de San Cristóbal o Cruz de Piedra o las viviendas del Patronato Francisco Franco fueron puestos como ejemplos de esta subvención creciente en viviendas por parte del Estado.

Y allí terminó un acto que no hubiese sido tan relevante en la historia de la Villa Mariana si paradójicamente y pese a los muchos y buenos propósitos no hubiese quedado como el único llevado a cabo en el municipio para dotar de viviendas sociales, de protección oficial, etc. a las muchas familias necesitadas de ello durante las décadas transcurridas desde entonces.

Las “Casas Baratas” surgieron mal desde un principio. En un proceso de ubicación de servicios para la población junto al recinto terorense pero no dentro del mismo; en pleno municipal de 21 de febrero de 1955 se habían acordado varias obras de necesidad perentoria, entre las que destacaba el alcantarillado y sobre todo la tan necesaria Estación Depuradora de Aguas Residuales; que fue concluida en julio de 1958.

El “Tanque de la Mierda”, que así se le llamó, siempre fue a partir de entonces una de las vergüenzas de la entrada a Teror por la carretera de la Fuente y una permanente protesta vecinal hasta su cierre casi cuatro décadas más tarde y que singularmente afectó desde el mismo inicio de su vida en Quevedo a las vecinas y vecinos de las viviendas del Patronato. Además, las deficiencias en la construcción han sido vergonzosas y una permanente y justísima queja de los vecinos que se ha traducido en infinidad de intervenciones por parte del Ayuntamiento, conjuntamente con Cabildo y Gobierno Autonómico, que al día de hoy entrados ya en la cuenta de su más de medio siglo de existencia siguen siendo razón de denuncias, acusaciones y lamentaciones. Razonable es por tanto que las ‘Casas Baratas’ de Teror tengan ya una contundente solución.

Es de justicia, como diría don José Rodríguez.

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