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Artesanía argentina con sede en Agüimes

Una pareja procedente del país sudamericano convierte en Gran Canaria su afición en oficio

Artesanía argentina con sede en Agüimes

Artesanía argentina con sede en Agüimes LP / DLP

“Es más por pasión que por beneficio. Es porque amo lo que hago. Lo más gratificante es hacer lo que te gusta hacer. He pasado de una afición, tejer, y que aprendí desde muy pequeña, a un oficio, y eso es muy bonito. Todo esto es muy creativo y consigo estar conmigo misma”. Así se explica Carla Della Vedova, nacida en Santa Fe (Argentina) en 1972, respecto a lo que siente por su trabajo de tejer, entre otros, muñecos mediante la técnica artesanal japonesa amigurumi, un tejido en círculo mediante técnica croché o ganchillo. “Hay una historia en Japón que dice que al tejer en círculo le creas el alma al muñeco. Lo común allí es que regalen los abuelos a los nietos estos muñecos que se convierten en un amuleto, en una compañía. Son tejidos de algodón al cien por cien, que se pueden lavar, seguros y que no supone ningún daño para el bebé”, señala.

“Desde muy pequeña, mi hobby era tejer. Soy de un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe y en esa época nos hacían tejer en el colegio, mi abuela, mi madre... Estaba rodeada en mi familia por tejedoras”, señala Carla en relación a cuál fue el origen de su actual actividad como artesana.

Ella llegó a Gran Canaria en 2011 y empezó a tejer muñecos, que nunca había hecho antes, como arterapia. Comenzó a vender y vio la posibilidad de convertirlo en su oficio. Abrió un puesto en el complejo hotelero Anfi del Mar, y con el paso del tiempo sacó el carné de artesana de la Fundación para el estudio y desarrollo de la artesanía Canaria  (Fedac). 

No sólo teje muñecos, como elefantes, koalas u ositos, sino también cactus, sonajeros y prendas de vestir. “También uno vive etapas. Con el confimamiento de tres meses me puse a hacer cosas para las que no tenía tiempo, y empecé a experimentar nuevas técnicas, y relacionado con la decoración, a hacer telares circulares y murales de croché”, apunta, y agrega que “es un trabajo en el que la producción es muy lenta. Para hacer un muñeco medio puedo tardar entre seis y diez horas. El coste de la mano de obra es muy difícil reflejar en el precio”.

Artesanía argentina con sede en Agüimes

La artesanía y la creatividad está muy presente en una parte de su familia. Su madre, Marta Cravero, de 70 años, comenzó como pintora, luego se dedicó a la cerámica y en la actualidad trabaja con la vitrofusión. No tienen tendencias artísticas su padre, Daniel Della Vedova, de 77 años, ni la otra hija, Daniela, de 51 años, que trabaja en una gestoría. El tercer hijo de Marta y Daniel es Giancarlo, quien es ingeniero químico y que trabajó en Suiza con cementos. Hace tres años cambió su vida: decidió volver al país natal para dedicarse a destilar ginebra artesanal.

Por su parte, Pablo Arrigo, que es natural de Córdoba (Argentina), donde nació en 1968, comenta en términos parecidos a su pareja sobre lo que significa para hacer obras mediante la vitrofusión. “No hay nada como hacer lo que te gusta. Es un privilegio, una satisfacción muy grande. Estudié Construcciones y vine a Gran Canaria en 2001 para trabajar en la construcción”, afirma.

Sin embargo, su vida dio otra vuelta cuando en 2010 se vio sin trabajo por la crisis inmobiliaria. Regresó a Argentina, donde conoció a Carla, y a su madre, quien le enseñó la vitrofusión, que se convertiría en una nueva pasión y en su nuevo oficio. Su madre es Elsa Madrid, de 82 años, y su padre, ya fallecido, es Pablo Atilio Arrigo.

“La vitrofusión me pareció desde el principio una técnica muy interesante en la que combinas el vidrio y los esmaltes. Usas distintos vidrios y sobre todo reciclas el vidrio de botellas”, dice Arrigo, quien tiene el taller en El Salobre, en San Bartolomé de Tirajana, y el honor que programa para hacer “piezas únicas porque es imposible que sean iguales”. “Hago con el vidrio platos, bandejas, portaincienso y jabonera, así como también, con más materiales, esculturas murales y bisutería”, relata.

Carla y Pablo abandonaron en 2011 Argentina e iniciaron juntos una etapa en Gran Canaria, residiendo nueve años en Mogán. “Llevamos un año viviendo en Agüimes, que nos atrajo por muchas cosas: hay muchos artesanos; el turismo; y por el apoyo a la artesanía que da el Ayuntamiento. En casa exponemos nuestros trabajos. Estamos en un tiempo diferente con esta pandemia, sin poder ir trabajar en los mercadillos. Volveremos pronto a la normalidad”, espera Pablo Arrigo.

La pareja de artesanos Carla Della Vedoda y Pablo Arrigo tras residir nueve años en Mogán se trasladaron a un lugar que les atrajo: Agüimes. En las fotos, arriba, los dos, con artículos elaborados por ellos en el pasillo de la vivienda donde muestran sus artesanías; sobre estas líneas, a la izquierda, una obra de él hecha con hierro, madera y vidrio; y a la derecha, un telar circular realizado por ella. |

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