Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

En busca de padrino para mi abeja

La iniciativa 'Mi dulce colmena Gran Canaria' busca dar a conocer el valor de estos insectos

Gutiérrez atiende a las abejas de uno de sus panales. | |

Gutiérrez atiende a las abejas de uno de sus panales. | |

Padrinos de bautizo, padrinos de boda y padrinos de... Abejas. Juan Antonio Gutiérrez ha puesto en marcha una novedosa iniciativa que busca dar a conocer el ciclo vital y la importancia de estos insectos en el día a día de la humanidad y, para ello, aboga por apadrinar alguno de sus 24 apiarios de Gran Canaria.

Un tercio de los alimentos que consume el ser humano viene directamente de un derivado del trabajo de las abejas y la polinización. De hecho, el 80% de las plantas que se polinizan en el planeta lo hacen gracias a estos insectos. Estas son dos de las razones que han llevado al apicultor Juan Antonio Gutiérrez a plantear una iniciativa que busca poner en valor estos hechos y, de paso, crear un vínculo entre la población y los antófilos, a través del apadrinamiento de sus colmenas. Mi dulce colmena Gran Canaria nace de la pasión de este joven de 35 años, y la curiosidad hacia un proyecto tan novedoso ya ha despertado el interés de numerosas personas: 200 de ellas han solicitado información y nueve ya se han convertido en orgullosas madrinas en poco más de 15 días.

Gutiérrez explica, todavía con una grata sorpresa por la repercusión que ha obtenido su iniciativa, en qué consiste Mi dulce colmena Gran Canaria: “Hacer una aportación económica, del padrino o la madrina, para ser invertida en la propia abeja, ya sea para material, refuerzo de alimento o medicamentos para acabar con bacterias”. Todo ello, agrega, genera “un vínculo” entre ambas partes en el que las dos resultan beneficiadas, unos con más fondos para subsistir y otros con más conocimiento acerca del ciclo de la vida de la abeja y con un obsequio muy dulce de la colmena apadrinada.

Pero no solo esto, el padrino o la madrina podrá personalizar su colmena, para lo cual se le llevará el panal para que lo pinte a su gusto o le ponga algún nombre que aparecerá en una etiqueta conjunta. Gutiérrez también se compromete a hacerle un seguimiento con vídeos e instantáneas que hará llegar a estos mecenas, e incluso piensa en organizar visitas a los apiarios para que puedan ver a sus pequeñas ahijadas. Todos ellos, además, obtendrán un diploma que refleje su altruismo. “Yo creo que es la mejor manera de concienciar a la gente y que sepan cómo son [las abejas]”, asegura.

Gutiérrez, que no se dedica en exclusividad a ello, encontró la pasión por las abejas desde pequeño al enamorarse de la miel. Eso le hizo querer conocer más detalles sobre la vida de estos insectos y el proceso para fabricar este dulce producto. Hasta el punto que se graduó en una universidad argentina en estudios relacionados con la apicultura y completó su formación con diversos cursos. “Al principio, quise ganar experiencia cooperando con otros colegas, pero hace aproximadamente un año conseguí mis propias colmenas”, explica. Ahora, cuenta con tres apiarios: el más grande en Valleseco, otro en Valsequillo y un tercero en San José del Álamo, en el que tiene además un vínculo establecido con un agricultor para una simbiosis que ayude a ambos.

Juan Antonio Gutiérrez, de 35 años, observa a una de sus abejas, posada en su dedo, este viernes en su apiario de Valleseco. | | JOSÉ CARLOS GUERRA

Es normal que, de ese amor por su trabajo, surja también ese afán protector y por dar a conocer al resto de ciudadanía lo que estos insectos significan para su día a día. Y ya ha conseguido transmitir esa pasión a nueve personas, incluso tres de ellas de fuera de las Islas: un joven de Pontevedra, otra persona de Sevilla y una tercera que vive en Madrid. Mecenas por toda la geografía nacional, y lo que queda, porque entre las más de 200 peticiones de información siguen apareciendo personas de múltiples lugares de España.

Una especie en peligro

Juan Antonio Gutiérrez trabaja exclusivamente con ejemplares de abeja negra canaria, una especie autóctona que se encuentra en riesgo de extinción, si bien desde el año 2001 está protegida por el Gobierno regional. La principal amenaza que tienen es la introducción de una variedad de origen italiano, mucho más agresiva y activa, que le ha quitado parte de su territorio. Si bien el mensaje es en defensa de estos antófilos en general, y no de los patrios en particular, tal y como quiere destacar el apicultor.

La abeja canaria es más corpulenta que su prima italiana, tiene un color completamente negro salvo algunos anillos de color dorado. También tiene un carácter más dócil, más tranquilo, a la hora de dejarse atender por el apicultor, y está, igualmente, más adaptada al clima del Archipiélago y a las características de la flora que tenemos en las Islas.

Sin embargo, todas las abejas -canarias o foráneas- se enfrentan a una serie de amenazas comunes: el cambio climático y la contaminación por pesticidas; un parásito, la varroa, que constituye uno de sus principales problemas; o las nuevas tecnologías, como la señal 5G, que repercute negativamente en el GPS que tienen estos insectos para orientarse. Sin esa sonda que usan para localizar y marcar los lugares por los que se mueven, no podrían encontrar su colmena, no sabrían volver al sitio en el que han hallado previamente alimento, ni conseguirían llevar a sus compañeras a dichos lugares.

Y es que las tecnologías se están convirtiendo en la nueva forma de vida de una población que, tal y como lamenta Gutiérrez, se está olvidando de sus raíces. “Antiguamente, éramos más naturales en general, nos alimentábamos de manera más natural, estábamos más en contacto con la naturaleza, y ahora con las redes sociales y los avances no salimos de ahí“, insiste en ese sentido este joven apicultor, que opina que ello ha alejado, cada vez más, a las gentes de la ciudad de los aspectos más rurales, provocando un desconocimiento total en ciertas cuestiones relacionadas con esta vida.

Mientras en la ciudad la vida discurre, Gutiérrez se evade de ese ajetreo, al menos, una vez cada 15 días, cuando acude a alguno de sus apiarios a cuidar de sus amigas jiribillas. Un proceso que intenta hacer lo más natural posible, para no molestarlas más de lo necesario. En eso también se nota su inmenso respeto por la abeja.

Compartir el artículo

stats