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Las mejores olas de la isla

El Frontón, o la ola madre

Gáldar presume de la mejor cancha del mundo para la práctica del bodyboard

El Frontón, 
o la ola madre

El Frontón, o la ola madre

La costa de Gáldar esconde una peculiar baja volcánica capaz de crear en superficie una de las olas más bellas, potentes y perfectas del mundo, una onda de agua no apta para todos los públicos que impresiona a los más reputados expertos del bodyboard.

Es la ola del Frontón, y que forma parte de un agraciado trío que incluye a las de Bocabarranco y El Agujero. Pero es la primera la que acapara miles de portadas, vídeos y toneladas de artículos en las revistas especializadas de todo el mundo por sus peculiares características, irrepetibles para criterio de los profesionales, y que tienen en ella la meca de la especialidad.

Maxi Torres tiene 40 años, nació en Las Palmas de Gran Canaria, y una buena parte de su vida la ha pasado a la vera del fenómeno. “La mayor parte del tiempo lo paso allí por la ola, de hecho casi todo el invierno lo paso aquí”, afirma el también el organizador del certamen que desde 2013, y con el nombre de Fronton King es la cita más importante del mundial de la especialidad.

Torres la descubrió hace unos 25 años, “gracias a gente mayor que yo, con la que comenzamos a salir de Las Palmas para buscar lugares por el resto de la isla. Y amor a primera vista”.

Afirma que la gran impresión se la llevó por “la fuerza y la perfección de la ola, me preguntaba cómo podía ser tan perfecta: me quedé impactado”.

En resumen, “la mejor ola del mundo para el bodyboard, y no dicho solo por mí, sino por todos los riders que la han conocido, porque cumple con todos los requisitos: potente, de formas perfectas tanto de derecha como de izquierda, bastante tubular y con mucha rampa de salida para maniobras”.

Tiene su época. Es en invierno, a partir de septiembre, cuando coge unos volúmenes considerables y dura su racha hasta los meses de marzo o abril. “Esa es la época buena, que es cuando viene con fuerza el mar, del oeste, en unos 330 grados, con viento del sur y sureste, de forma que cuando tiene los colores del sol y el viento adecuado, es una maravilla”.

En las imágenes aéreas, o en días de mucha luz y claridad del agua se transparenta el secreto que la hace tan especial. Una baja que obliga a las ondas del mar levantarse erguida a pocos metros de la costa. Una bajilla que por la poca profundidad que ofrece no hace más que incrementar la adrenalina que de por sí ofrece lo que se encuentra sobre la superficie.

El Frontón, o la ola madre

Maxi asegura, que a pesar de lo evidente, de que el marisco espera con paciencia en el fondo el más mínimo error de los riders, la estadística no se corresponde con lo aparente. “Tiene un punto de peligrosidad, sí, pero tampoco tanto si se ven los números de accidentes y su gravedad, que no la hace especialmente delicada”.

En cualquier caso hay días en los que quita el hipo la sola presencia de la cresta y ese tubo que a medida que va rompiendo desde el centro a los dos lados, casi perfectamente simétricos, escupe columnas de vapor a toda presión como un monstruo enrabietado. Una sensación de la que no escapa ni los más bregados en la marea. “Cuando los competidores la ven por primera vez se quedan incluso asustados. Y eso que ya la han visto en vídeos, pero observarla en persona es muy distinto porque tiene un ruido que no deja indiferente a nadie, un rugido que se escucha desde los riscos, y una vez que la ves caer y te dices no, no puede ser”.

Para poner en contexto la maravilla, existen olas en otras partes del planeta más grandes, más largas, con mayor fuerza, pero no que reúna el catálogo que ofrece la de El Frontón. Nazaret, la de mayor altura registrada, en torno a los 30 metros es muy difícil para el bodyboard, ya que es casi imposible llegar al pico con medios propios, y solo maestros como Mike Steward, el más renombrado de la especialidad, se atreven con el gigante. De hecho no es hasta 2003 que se celebra una edición especial para la modalidad allí, que eso sí, ofrece espectáculos como el protagonizado por Steward en 2018 en los que a sus 55 años consiguió sin el apoyo de motos de agua cabalgar laderas de 15 metros de altura, tras 40 minutos bregando contra un Atlántico enfurecido por la tormenta tropical Leslie.

Otras, como la de Teahupoo, en Tahití, calificada como una de las más temibles del mundo, “es una masa de agua para correr y escapar”, asevera Torres, como ocurre con Pipeline, “todas olas técnicas que requieren de una gran experiencia”, y que contrastan con las de El Frontón, por ser una especie de navaja suiza que lo tiene todo.

El propio Steward, nueve veces campeón del mundo, currículum que nadie ostenta, ya dejó dicho en Gáldar que se trata de la mejor ola para la modalidad, lo mismo que opina Pierre-Louis Costes, que en una entrevista realizada tras proclamarse campeón del mundo aquí en 2016 la etiquetó no solo como tal sino como la que me le gusta del circuito mundial.

El Frontón, o la ola madre

La ola galdense es ‘sumisa’ hasta los seis metros de altura, pero a partir de los diez se encuentra con el problema de no alcanzar el pico sin ayuda. Son unas dimensiones impactantes. “El mayor susto que produce la ola es la de la posibilidad de golpear contra el fondo, que de cien veces que te caes una te das. Pero también corta el aliento cuando entras con un tamaño y a la hora te encuentras con el triple de lo que esperabas, que es cuando dices, esto está serio, al punto de tener que salir remando por Caleta”, apunta el organizador de El Frontón King, quién recalca “que para aprender la disciplina, precisamente, no es”.

En Canarias también se encuentran algunas olas parecidas, “pero nunca igual”, como ocurre con la de El Confítal, “pero compararla es complicada porque no cumple todos los requisitos”, al igual que ocurre con otras afamadas en el archipiélago como la de El Quemado, en Lanzarote.

Y es que permite bajar tanto por la derecha como por la izquierda, “es decir que se adapta a todos, te la posibilidad de realizar distintos tipos de maniobras, desde el clásico tubear a otras más radicales figuras aéreas”, y por tanto es la cancha perfecta para hacer cantera, y aquí es donde entra Torres en un punto crítico por la falta de apoyo económico. “Canarias es un destino para el surf en general pero las administraciones no han sido capaces de crear dotaciones como pérgolas, duchas, accesos, aparcamientos, a pesar de que ofrece un turismo activo que tiene en el mar unas canchas naturales, y que te permite en media hora practicar todas sus modalidades, desde el bodyboard o el surf en el norte al windsurf o kite en el sur y el sureste. Hay que recalcar que el retorno publicitario después de cada campeonato en Canarias se cifra en millones de euros”.

E ilustra. El último campeonato, “con un presupuesto de 200.000 euros tuvo un retorno certificado de entre dos millones y dos millones y medio de euros, con más de un millón de espectadores en más de 17 países diferentes, lo que supone un impacto tremendo”.

En este sentido, en el de la puesta en marcha del campeonato, sí subraya la colaboración del Ayuntamiento de Gáldar, del Cabildo a través del Instituto Insular de Deportes y el Patronato de Turismo, si bien echa en falta la implicación del capital privado en una “Canarias que suele gestiona mal los patrocinios”.

Por su parte el alcalde de Gáldar, Teodoro Sosa, enfatiza que la Corporación ha aportado en los últimos años infraestructura para la cita internacional, como son las gradas desmontables, a lo que añade el arreglo de los accesos, consciente de que el certamen “lo ven millones de personas, con nacionalidades de medio mundo”, pero también subraya la dificultad de ejecutar proyectos en una zona que es de dominio público marítimo-terrestre. Pero en lo que le toca, se ha propuesto mejorar accesos, con la colocación de vallados y quitamiedos en los riscos, y la adecentación del paseo a Caleta de Arriba, “mejorando infraestructuras pero sin efectuar obras duras”.

De momento, el gran proyecto en la zona lo protagoniza el colindante yacimiento arqueológico de La Guancha, que contará, entre otros, con una pasarela que da acceso al futuro centro de interpretación. Sosa recalca que esa futura dotación, como lugar de esparcimiento, tiene cabida también dentro de la actividad deportiva, sin tener necesariamente que mezclarse, como una opción más de disfrutar de esa parte del litoral galdense que históricamente ha sido también la playa del centro urbano de la ciudad de los guanartemes, con su antigua piscina natural y el arenal de Bocabarranco, que durante años sufrió de los vertidos de una depuradora que también se está poniendo al día para garantizar la calidad de las aguas en ese lugar.

Sosa asegura que “la ola de El Frontón tiene mucho futuro, porque se enmarca en una zona de potencial turístico, de lugar de esparcimiento de sol y playa, de indudable reclamo deportivo, y con un componente arqueológico de primer orden, que no en balde fue el primer yacimiento de Canarias en ser catalogado como Bien de Interés Cultural”, figura que no le desentonaría a la mismísima ola.

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