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Se fue ‘el Bola’, un hombre bueno

Los amigos de José Antonio Bolaños, fundador del Giors, lo definen como la persona de la “sonrisa eterna” | “No vivía para él, vivía para los demás”, afirma Julio Hernández

Bolaños, el segundo por la derecha, junto a su hijo Pablo y sus hermanos Cathy y Alexis. | LP / DLP

Bolaños, el segundo por la derecha, junto a su hijo Pablo y sus hermanos Cathy y Alexis. | LP / DLP

El 8 de junio de 1965 nacía en la calle Valsendero de La Isleta el primogénito del matrimonio formado por Antonio y Luz Marina. Nacía una persona buena, de esas que siempre están ahí, para lo bueno y para lo malo. Una persona que, como describe su amigo José Antonio Santana Trujillo, tenía una “sonrisa eterna”. Nacía José Antonio Bolaños Otarola, más conocido como ‘el Bola’ o ‘el Boli’, fundador del Grupo de Intervención Operativo, Rescate y Salvamento (Giors). Nacía una persona que estaba dispuesta a entregar todo lo que estaba en sus manos para ayudar a todo aquel que lo necesitara.

Se fue ‘el Bola’, un hombre bueno

‘El Bola’ era el mayor de seis hermanos. Y como hermano mayor hizo también funciones de padres. Lo hizo con su hermana Cathy, 18 años más pequeña. “Desde que tenía conocimiento ya me inculcaba su pasión por las emergencias”, comenta Cathy, quien quiere aclarar que a Bolaños no se le llamaba cariñosamente ‘el Bola’ por su apellido: “Él cuando tenía 14 ó 15 años practicaba boxeo. Como estaba entradito en carnes le comenzaron a llamar ‘el Bolita’ y de ahí salió ‘el Bola’”.

Se fue ‘el Bola’, un hombre bueno

Ya desde joven empezó a enfocar su futuro hacia el sector de las emergencias. En aquellos años hacía pareja casi inseparable con Julio Hernández, actual agente de la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria. Para recalcar el aprecio mutuo que tenían, Hernández apunta que se llamaban entre ellos “primos” sin unirles ninguna relación familiar. “Sí claro, es el ‘primo Julio’, él me vio nacer”, ratifica Cathy. El ahora policía cuenta que esa amistad se forjó en Protección Civil de San Bartolomé de Tirajana allá por los ochenta. Fueron unos años que recuerda con especial cariño. “Lo pasamos muy bien”, comenta después de contar una de las numerosas anécdotas. Julio Hernández destaca del José Antonio Bolaños su trabajo incansable. “Le decía: ‘Boli’, ¿cómo aguantas?, ¿no estás reventado?’. Se desvivía por la gente, le dedicaba su tiempo libre, ya fuera fines de semana, noches. Es impagable lo que ese hombre hizo. No vivía para él, vivía para los demás”, cuenta.

Se fue ‘el Bola’, un hombre bueno

Ambos se conocieron poco antes de que José Antonio Bolaños comenzara al frente del Giors. La fundación del grupo, como lo llamaba, tuvo lugar de manera oficial en 1996, según recoge los escritos, pero ya había cogido forma desde mucho antes. Contaba ‘el Bola’ durante un reportaje sobre personas desaparecidas que todo se inició con una de las numerosas búsquedas en las que participó. Una que le afectó especialmente, a él y a toda la sociedad canaria. Fue la del niño Tanausú Aday, quien se perdió en el Sureste de Gran Canaria cuando había salido de cacería junto con su padre. Cathy puntualiza que también tuvo que ver una historia familiar: “Lo que siempre nos contaba, a parte del niño, es que fue por nuestro abuelo, que perdió la memoria, se perdió y desapareció”. “Pedimos ayuda y no obtuvimos respuesta alguna; entonces cogimos a la familia, él cogió a sus amigos y entre eso y lo del niño decía que era increíble que nadie ayudaba en estos casos”, apostilla la también componente del Giors. Fue entonces, con la búsqueda del pequeño, cuando creó el grupo, “era la chispa que faltaba”.

Ambos se conocieron poco antes de que José Antonio Bolaños comenzara al frente del Giors. La fundación del grupo, como lo llamaba, tuvo lugar de manera oficial en 1996, según recoge los escritos, pero ya había cogido forma desde mucho antes. Contaba ‘el Bola’ durante un reportaje sobre personas desaparecidas que todo se inició con una de las numerosas búsquedas en las que participó. Una que le afectó especialmente, a él y a toda la sociedad canaria. Fue la del niño Tanausú Aday, quien se perdió en el Sureste de Gran Canaria cuando había salido de cacería junto con su padre. Cathy puntualiza que también tuvo que ver una historia familiar: “Lo que siempre nos contaba, a parte del niño, es que fue por nuestro abuelo, que perdió la memoria, se perdió y desapareció”. “Pedimos ayuda y no obtuvimos respuesta alguna; entonces cogimos a la familia, él cogió a sus amigos y entre eso y lo del niño decía que era increíble que nadie ayudaba en estos casos”, apostilla la también componente del Giors. Fue entonces, con la búsqueda del pequeño, cuando creó el grupo, “era la chispa que faltaba”.

Se fue ‘el Bola’, un hombre bueno

Junto a él siempre estuvo Felipe Martín Vega Cazorla, su “hermano”. “38 años juntos”, responde a la pregunta de que si se conocían mucho. A partir de ahí empieza a detallar cómo la confianza entre ambos empezó a crecer, poco a poco, viéndose en los servicios que compartían cuando Bolaños estaba en el Gobierno Civil y él en las brigadas de voluntarios del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. “Por aquellos tiempos no había móviles, así que nos veíamos en esas incidencias”, como la de un incendio devastador que duró ocho días o el rescate de dos bañistas en Andén Verde. “Aterrizamos juntos en Protección Civil España”, donde la amistad terminó por hacerles casi inseparables. “Cuando se pasó las competencia a los municipios nos quedamos como huérfanos”, agrega. Ahí fue cuando se empezó a nacer el Giors, cuya creación informal según Vega data de 1989, siete años antes de los que marcan los papeles.

En los últimos años si por algo era conocido el Giors era por su colaboración en la búsqueda de personas desaparecidas. Su modo de intervenir era muy simple, como explica su amigo José Antonio Santana. “No había ni que pedírselo, si veía que hacía falta se presentaba allí”. En sus años juntos, Santana destaca una cualidad de José Antonio Bolaños para este tipo de servicios, más allá de su dedicación absoluta para tratar de encontrar a las personas en paradero desconocido: “No jurar o prometer que vamos a encontrarlo”. “Él daba todo el apoyo del mundo”, continúa, “la gente se quedaba tranquila porque estábamos buscando, pero nunca se comprometía porque sabía hasta donde podía llegar”.

Aportar esa tranquilidad, dentro de la dura situación en la que se encuentran los familiares, la describe Miriam Quesada, una de las hijas del matrimonio de Guanarteme, en uno de aquellos días interminable en los que rastreaban la Isla. “En una de las búsquedas hubo un momento que escuchamos en otra emisora que habían encontrado pelos y un reloj; entonces me puse muy nerviosa, muy taquicárdica y él estuvo ahí súper bien”, dando un apoyo. “Él llegó desde el principio de la desaparición y nos dijo que el Giors se ponía a nuestra disposición para lo que hiciera falta”. Lo hicieron con vehículos, con un perro especializado en búsqueda de personas, “Grisson” puntualiza Quesada, material para escalar, realizar rapel, entrar en los pozos. “Tenía muchísima empatía”, apostilla Quesada, otra de las características de su personalidad que le definían.

“Cuando conocí su muerte se me saltaron las lágrimas”. Quien dice esas declaraciones es Jesús Delgado, hermano del taxista de Teror desparecido hace ya más de un año. “Era incombustible, incansable, una dedicación asombrosa”, declara Delgado, que conoció ‘al Bola’ por los hechos acaecidos en torno a su hermano. Recalca que nunca le pidió nada, sino que al revés. “Una vez fui a invitarlos al desayuno y me decía que no me preocupara, que ya nos veríamos durante la tarde y nos tomaríamos un café. En una de las búsquedas fue él quien nos invitó a mi y a mi familia a unas Coca-Cola”, rememora.

Y es que son prácticamente los miembros del Giors quienes lo autofinancian con una cuota. Bolaños declaró en una entrevista que no se le cobraba a nadie, “sólo si la entidad que lo solicite se lucra”, en referencia sobre todo a las de las competiciones deportiva donde acudían como apoyo. “Si tiene fines benéficos vamos a participar colaborando”, afirmaba. Como apunta su amigo Felipe, “le provocó problemas económicos”, pero para él el Giors era su otra familia, la que había creado mientras seguía trabajando diariamente en las ambulancias del aeropuerto de Gran Canaria. Es Miriam Quesada quien se encarga de reivindica que los políticos se involucren con ayudas a la organización. “¿Por qué en su honor ningún ayuntamiento o el Cabildo no le da una base?”, pregunta, para incidir en que muchos políticos mostraron su pesar por su muerte, “pero en el momento de ayudar ninguno arrima el hombre”.

Una lugar en el que sacar adelante al Giors ahora que su cabeza visible ya no está. El ‘Bola’ se fue el pasado 18 de marzo. Lo hizo sin molestar a nadie. Tal y como había vivido. Y su marcha dejó un hondo pesar entre los suyos. No sólo entre sus familiares, sobre todo en sus hijos Pablo y Dara de 22 y 7 años, respectivamente, y los más de 40 componentes del grupo, sino también entre las decenas de amigos que tenía repartidos por todos los cuerpos de emergencias del Archipiélago que el pasado viernes, 19 de marzo, le despidieron durante el cortejo fúnebre con el sonido de las sirenas de los motos, coches y el helicóptero del GES. Se fue a los 55 años de edad una persona buena. Dijo adiós ‘el Bola’, el de la “sonrisa eterna”.

Mucho más que “Tierra, Mar y Aire”

“Tierra, Mar y Aire”. Ese es el lema del Giors. No obstante, ‘el Bola’ atesoraba una amplia experiencia en cualquiera de las modalidades de rescate. Antes del Giors, antes de Protección Civil, antes del Gobierno Civil, estuvo destinado como operador de vuelos en los helicópteros que el Cabildo de Gran Canaria alquilaba para las campañas contraincendios y también en los de rescate del Gobierno de Canarias. “Con él aprendí a bajar por el cable, a rapelar desde el helicóptero… hicimos mogollón de rescates”, señala Julio Hernández. En su currículo contaba con 3.894 horas en el aire. También estaba formado para rescate submarinos y, evidentemente, para aquellos que se realizaban en la montaña. Pero el Giors iba mucho más allá con actividades que hacía a la sombra sin que nadie se enterara. Lo cuenta Pepi González, presidenta de la Asociación de Vecinos La Barriada de Guanarteme: “Durante el confinamiento vino a repartir comida entre los más necesitados o si hacía falta iba a la casa de la gente que cumplía años para ponerles el cumpleaños feliz”. O las clases que daba en los colegios para la atención de primeros auxilio, un proyecto al que durante los últimos años dedicó mucho tiempo y que ahora queda en un limbo con su adiós. | A. C. D.

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