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Teodoro Bondyale: “La solidaridad es la clave de la convivencia y la ternura del pueblo”

Entrevista al secretario de la Federación de Asociaciones Africanas en Canarias (FAAC)

El sociólogo y enfermero Teodoro Bondyale, premio Roque Nublo de Solidaridad. | | LP/DLP

El sociólogo y enfermero Teodoro Bondyale, premio Roque Nublo de Solidaridad. | | LP/DLP

El que fue enfermero y es sociólogo, Teodoro Bondyale, lleva más de treinta años defendiendo a los africanos y a las asociaciones, como la integración y la solidaridad. Nació en 1951 en Guinea Ecuatorial y lleva medio siglo viviendo en España, de los que unos treinta en Gran Canaria con su familia. El Cabildo de Gran Canaria le ha otorgado el Roque Nublo Solidario 2021 por su entrega altruista y solidaria. “No tiene mérito lo que he hecho”, afirma con humildad. Es contrario a las dictaduras, al individualismo y el explotar al otro. Y está muy agradecido a los enfermos de paliativos por lo que aprendió de ellos.

¿Cómo valora recibir el Roque Nublo Solidario 2021 por parte del Cabildo de Gran Canaria por su actuación permanente y altruista durante más de 30 años, y trabajando para la integración de los africanos que migran a Canarias y por ser un gran defensor de la solidaridad?

Es un premio por estar vivo. Lo acepto gentilmente y con alegría, claro que sí. No tiene mérito lo que yo he hecho y hago durante la vida. Pienso que esta distinción o premio se lo merece la Federación de Asociaciones Africanas en Canarias (FAAC) [de la que es secretario] o si no Open Arms [ONG española dedicada al rescate en el mar]. Lo que he hecho es ser solidario con los demás, con las personas en general, y también con los enfermos. Tuve la suerte de trabajar como enfermero durante la reforma psiquiátrica en Gran Canaria que encabezó Rafael Inglott. Con este proceso el manicomio pasó a ser un hospital psiquiátrico. Se había deshumanizado la atención a estos enfermos. Se comenzó a tratarlos como personas. Allí aprendí a cuidarlos y, cuando estaba en paliativos, recibí gratis las lecciones de cómo morir. Aprendí qué es realmente importante en la vida y lo que vale la pena, y cómo cuidar al otro. Siempre hay que considerar al otro, sea blanco, negro, pobre o rico. La solidaridad es la clave de la convivencia. Es la ternura de los pueblos.

¿Algo haría usted por los demás durante tantos años en la FAAC y como enfermero?

No hecho daño a nadie, a propósito, seguro que no. No he perjudicado a nadie. No hay que olvidar los orígenes. Nací en 1951 en Nguele, en la región continental de Río Muni, en Guinea Ecuatorial. Ser solidario es un deber moral, cívico y ético.

¿Qué hace la FAAC en la que es secretario y que tiene su sede en la capital grancanaria?

Servir de soporte y de organización. Muchos tenemos que aprender a ser africanos. Promovemos a las asociaciones, así como a personas destacadas como deportistas, artistas o profesionales. Trabajamos para proyectos grandes y pequeños, y para ONGs africanas. Peleamos por los visados para que pueden ir y volver a Europa.

¿No está usted a favor del individualismo?

No se crece cuando se actúa individualmente. Los dolores disminuyen y son más llevaderos cuando son compartidos. No se crece aplastando al otro. No has nacido solo. En Guinea Ecuatorial tenemos claro que no hay que aplicar la explotación del otro, ni el capitalismo clásico. No somos coherentes con discursos y predicciones porque hacemos otra cosa. Nos tenemos que librar del individualismo y del capitalismo. El yo ocupa gran parte de la pantalla y el nosotros, sólo una esquina. Eso es un error.

¿Quiénes mantienen a las dictaduras en África ?

Los antiguos países europeos colonizadores. Se sumaron Rusia y China. Es el neocolonialismo. Los mantienen porque defienden sus intereses. Las dictaduras les son rentables. Es un gran problema para el mundo. El grandeur de Francia se mantiene con la explotación material, intelectual, física y económica de sus excolonias.

Usted sabe de dictaduras y de la búsqueda de la libertad

Exacto. He conocido tres dictaduras en las que las personas no son libres. Las de Francisco Macías Nguema; Francisco Franco; y la Teodoro Obiang. Acabé el Bachillerato. Tenía 17 años cuando fui a Madrid, en 1969, para seguir estudiando. Sin embargo, surgió en Guinea Ecuatorial la dictadura de Francisco Macías Nguema. No podía volver a mi país y España aplicó la ley del silencio y me vi desamparado. Fue Acnur, Naciones Unidas, la que me acogió y protegió. Fue la primera experiencia directa de solidaridad. Pude seguir estudiando en Madrid y en 1971 comencé en la Escuela de Enfermería y también estudié Sociología. Conocí a personas muy interesantes en la Universidad Complutense, como al profesor y filósofo José Luis López-Aranguren y al profesor Enrique Tierno Galván, como también al socialismo.

¿Y después?

En 1976 comencé a trabajar como enfermero en la clínica Puerta de Hierro, y en 1978 terminé Sociología. En la clínica conocí la que iba a ser mi mujer, Isabel Juez. Muchas veces bromeábamos con los enfermos, diciéndoles que iba a verlos la doctora y juez [ríe]. Ella fue la primera en España psiquiatra y también especializada en medicina nuclear, la cual ha sido y es muy importante para la investigación. Mi mujer optó por venir a Gran Canaria en 1982 por la reforma psiquiátrica en la Isla y yo, tras conseguir la excedencia, vine a trabajar como enfermero en 1985.

¿Es posible la integración de los inmigrantes que vienen a Canarias, a Europa, en patera ?

No se trata de es que sea posible o no esa integración, sino que es necesaria. Antes de integrar a los africanos, hay que integrar al Archipiélago canario.

¿A qué se refiere, si ya está Canarias en Europa?

Canarias es una parte de África. No tiene que negar su africanidad. Tiene que recordar siempre su posición geográfica que es entre América, Europa y África. Es necesaria su integración, sí o sí, porque si no, no tiene futuro. ¿Quiere ser sólo una cárcel de inmigrantes o ser sólo una industria turística?. Tiene que definirse y decidir si quiere ser cabeza de ratón o cola de elefante.

¿Y la integración de los inmigrantes en las Islas?

Realmente no se trata de inmigración, sino de movilidad humana. Estamos en la actualidad en una sociedad líquida, puedes vivir en Gran Canaria, poco después en La Gomera y luego en Suiza. Eso trae muchos beneficios a Europa, pero hay muchos defectos de organización. Ellos son seres humanos que buscan un hueco. Y mueren muchos en el intento. Hay que recoger a todas esas personas en peligro. No sólo recogerlos, sino tener una infraestructura hecha y facilitar la integración. Luego hay partidos políticos que dicen “los acogemos” y no hay nada organizado. Ellos tienen derecho a migrar, como marcan las leyes. Hay que respetar los derechos de todos y de todas, y no atropellarlos, sino tratarlos como a los demás.

El término subsahariano.

No me gusta. Es una denominación colonial. ¿Por qué no se usan subpirenaico o subalpino?. Si no se quiere decir negros, pues que se emplee africanos, que son lo que son. Ellos aportan energía y valor. Son recursos humanos y una riqueza. Son jóvenes y son el futuro. No hay que olvidar que quienes más trabajaron en la agricultura e el confinamiento y en esta pandemia fueron los senegaleses y los malienses. Quiénes trabajan en la industria agrícola y en esos invernaderos de Almería, los africanos. Quiénes trabajan en las plantaciones de tomates de La Aldea, los marroquíes. Quiénes trabajan en la hostelería, los y las latinoamericanas, en su mayoría.

Canarias sabe de integración, como se refleja en su historia.

Claro que sí. Hay que de dejarse de mirar el ombligo y mirar la historia. Hay muchísimos casos de europeos que se integraron en Canarias. El botánico sueco Eric Ragno Sventenius concibió ideas que inspiró el Jardín Canario, que fue fundado en 1952, y él fue el primer director. Existen muchos casos de africanos integrados en el Archipiélago. Luc André Diouf Dioh, senegalés, es ahora diputado en el Congreso por el PSOE. Trabajó antes muchos años en Gran Canaria como sindicalista en Comisiones Obreras (CC OO) y como secretario de inmigración. El también senegalés Sitapha Savané jugó 15 temporadas en la ACB, de las que ocho fueron en Gran Canaria y otras tres en Tenerife.

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