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Elsa Wolff ilustraba al Sureste

Esta comunista alemana, condenada a muerte en la dictadura, huyó del nazismo y llegó a Gran Canaria en 1935 donde fue un referente político en Telde y en el Sureste

La iglesia del Buen Suceso, al fondo, y tres adultos y cinco menores  en una calle en la década de los años 30 en Carrizal, en la villa de Ingenio | | SUÁREZ ROBAINA

La iglesia del Buen Suceso, al fondo, y tres adultos y cinco menores en una calle en la década de los años 30 en Carrizal, en la villa de Ingenio | | SUÁREZ ROBAINA

La alemana Elsa Wolff Papke, comunista, fue una “extraordinaria mujer”, muy destacada y brillante desde sus orígenes, como en su lucha política, social, obrera, a favor de la mujer y en contra del fascismo, como demostró en sólo 16 meses en Gran Canaria. Sin embargo, tras el levantamiento del 18 de julio de 1936 y el inicio del régimen franquista, tuvo que pasar y sufrir de lo peor. Tras defender la legalidad de la II República junto a un grupo de personas, fue condenada a muerte, aunque finalmente se le conmutó la pena por treinta años de prisión. Su marido Juan Del Peso Díaz Corralejo fue fusilado en La Isleta.

Ella, como muchas mujeres, ha sufrido ninguneo, repudia e invisibilización por defender sus ideas y ser contrarias al fascismo. Se ha pretendido borrar en el olvido todo lo que hizo en Telde, en Carrizal, como en toda la comarca. Sin embargo, varias personas y un colectivo antifascista intentan ahora sacarla del olvido y solicitan un reconocimiento.

“A ella siempre le conmovió la miseria y el bajísimo nivel cultural de la mayoría de la población canaria. Ella era extraordinaria”. Así apunta, al referirse a Elsa Wolff cuando fue desterrada a una prisión de El Hierro en 1943, el historiador grancanario Agustín Millares Cantero en su libro Incógnitas. Mujeres de izquierdas en Gran Canaria 1931 y 1936, cuyo noveno capítulo lo dedica a ella.

Este historiador, uno de los hijos del poeta canario, también llamado poeta social, Agustín Millares Sall (1917-1989), es uno de los pocos que ha rescatado y escrito una biografía de esta luchadora política y sindicalista. Millares Cantero apartó las historias en relación a Elsa Wolff y procedentes de la tradición oral, especialmente las que son peyorativas o con dudas de no ser ciertas. Millares se ha basado en los testimonios y las cartas de las hermanas Carmen, Eloísa y Olga Macía Bonnet, quienes fueron alumnas e íntimas amigas de Wolff. Ellas son las hijas de Manuel Macía Fuerte, exgestor republicano del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en 1936, amigo y camarada de Wolff Papke.

Elsa Papke nació hacia 1897 en Berlín en el seno de una familia acomodada. Recibió una meticulosa educación, junto a sus dos hermanos, que vino a reforzar la típica institutriz inglesa. De joven se vinculó al movimiento Wandervögel (Aves errantes o Pájaros Migratorios), que predicaba el culto a la naturaleza, y luego se pasó a un grupo de jóvenes comunistas.

A los veinte años contrajo matrimonio con un médico apellidado Wolff, de quien siempre conservó el apellido. Su marido falleció durante la Gran Guerra, ocurrida entre 1914 y 1918.

En 1931, a los pocos meses de proclamarse la II República decide trasladarse a España, primero a Barcelona y después a Madrid. En una biblioteca conoce a Juan Del Peso Díaz Corralejo, natural de Navaluenga (Ávila), casi diez años más joven que ella y afiliado al Partido Comunista. En 1935 verificaron su enlace civil y dos meses después se trasladan a Gran Canaria, para instalarse en Telde.

Poco tiempo después ella comienza a sufrir acoso de la Policía y es detenida por ser “activa propagandista comunista” y por tener “documentos comprometedores”, como publicó el periódico LA PROVINCIA. Juan Del Peso Díaz acudió a la Policía y demostró sus argumentos de que eran acusaciones falsas. El matrimonio ya había comenzado a destacar por la actividad política, y formaban parte la de Sociedad de Trabajadores de Telde y asimismo eran apoderados del Frente Popular.

Wolff Papke resaltaba por su oratoria en público y en conflictos laborales, y a favor de la huelga de las trabajadoras del sector del tabaco y del empaquetado del tomate. En Carrizal, ella respaldaba, junto a otros en la creación del pozo comunitario de la Esperanza, rompiendo las leyes del aguateniente. Impartió clases a analfabetas que conoce en el municipio de Ingenio, y les enseña a leer y a escribir. Ella fue en su vida profesora de música, esperanto y de idiomas. Dominaba: alemán, inglés, francés, esperanto y español. El 19 de julio de 1936 estaba en la plaza de San Gregorio, en Telde, con un grupo de personas en defensa de la legalidad republicana. Tras la llegada de militares, guardias civiles y falangistas, escaparon.

Las 38 personas que huyeron son detenidas acusadas de delito de rebelión militar. Su marido y tres varones más son fusilados. La pena de muerte de ella es conmutada a 30 años de prisión. Wolff estuvo en la Prisión Provincial de Las Palmas y desertada a El Hierro. Conoció la pésima alimentación, el frío y las cucarachas. Se declaró atea. Iba a la celda de castigo al negarse a ir a misa o a besar al Niño Jesús. Enseñó a leer y escribir a otras presas. Cumplida la pena, tuvo una vida discreta, alejada de la política y daba clases en su casa en Tenerife. En 1976 viaja a Málaga. Ella padecía una enfermedad que desembocaría en ceguera irreversible. Se le pierde la pista.

Colectivo

En julio de 2020 se creó el colectivo Antifascistas Elsa Wolff, con simpatizantes de Carrizal, Vecindario, Arinaga, Agüimes y Telde. “Antifascista, con conciencias de clase y republicana, feminista y defensor de los derechos sociales. El fascismo crece”, explica Ana Gloria Sánchez Ruano. Olga Alonso es también miembro del colectivo, y fue su tía abuela Rafaela Alonso Jiménez, quien había sido amiga de Wolf. Rafaela Alonso fue detenida en 1936, con sus hermanos Miguel (quien fue presidente del Cabildo durante la II República) y Francisco, Pancho, Alonso Jiménez, concejal. Olga Alonso intenta localizar en Tenerife a las hijas de su tía, que tienen 85 y 87 años, para saber más de Rafaela y de Elsa, y así evitar que el silencio deje a las dos en el olvido.

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