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Los accidentes mortales en medianías y cumbres aceleran la sustitución de malecones y pretiles

Las vías rurales mantienen 55 kilómetros de muros que evidencian su fragilidad | Los alcaldes reclaman el cambio desde hace décadas

Operarios del Cabildo observan los restos del malecón de la carretera  de Artenara tras el accidente en el que fallecieron cuatro miembros de una misma familia.   | | JUAN CARLOS CASTRO

Operarios del Cabildo observan los restos del malecón de la carretera de Artenara tras el accidente en el que fallecieron cuatro miembros de una misma familia. | | JUAN CARLOS CASTRO

La mayor parte de los malecones de las carreteras rurales de Gran Canaria no están preparados para resistir el impacto de los vehículos y su fragilidad ha quedado nuevamente demostrada en los últimos accidentes mortales de Gáldar o Artenara, en los que esos muros de contención no evitaron que los coches se salieran de la calzada y se despeñaran por profundos barrancos.

Restos del pretil tras el accidente de Hoya de Pineda, con el coche al fondo. | | LP/DLP

Pese a que en los últimos años se han cambiado por barreras más sólidas, en la red viaria de Gran Canaria quedan todavía unos 20 kilómetros de malecones (muros discontinuos) y otros 35 kilómetros de pretiles (paredes continuas), la mayoría en zonas de medianías y cumbres.

Los ayuntamientos llevan décadas de reclamaciones para que se sustituyan por vallas metálicas, mientras que el Servicio de Carreteras del Cabildo asegura que ha acelerado en los últimos meses el cambio de esos antiguos muros por biondas de seguridad, la mayoría de metal y algunas con revestimientos de madera para reducir el impacto visual sobre paisaje. En algunos tramos de la Cumbre se están construyendo barreras de hormigón revestidas de piedra de cantería.

El último accidente en la localidad galdense de Hoya de Pineda, en el que falleció el panadero de Caideros, ha vuelto a poner de manifiesto la endeblez de los malecones, pues el vehículo conducido por José Jiménez Sosa, un todoterreno Land Rover Santana, rompió diez metros del muro de seguridad y rodó unos 150 metros barranco abajo. El conductor probablemente falleció en el acto.

Muere el conductor del coche que se precipitó por un barranco en Gáldar (13/06/21)

Los restos del malecón, esparcidos por la ladera, revelan la inconsistencia de estos conglomerados de piedras y cemento. Son construcciones de hace décadas, sin apenas cimientos y sometidas a los rigores meteorológicos de las medianías de Gran Canaria.

En ese tramo de la carretera GC-220, en las cercanías de la localidad de Hoya de Pineda, se han producido tres accidentes graves en los últimos años, no todos achacables a la fragilidad de los muros de seguridad, pero que llevaron al Ayuntamiento de Gáldar a reclamar en varias ocasiones la sustitución de los malecones por vallas que aguanten el impacto de un coche y ofrezcan sensación de seguridad a los usuarios y turistas que pasan por allí.

Reivindicación histórica de los municipios

Teodoro Sosa, alcalde de Gáldar y consejero de Presidencia del Cabildo, asegura que el recambio de los muros por vallas metálicas es una reivindicación histórica de los municipios grancanarios que carreteras de montaña, prácticamente todos los de la Isla.

«No creo que exista un solo Ayuntamiento que no haya solicitado la sustitución de esos malecones, pues son muchos los kilómetros de carreteras que siguen con esos muros; hay que garantizar la seguridad, que además es una obligación de las administraciones públicas», apunta Teodoro Sosa.

El alcalde de Gáldar, uno de los municipios más afectados en los últimos años por los accidentes mortales en vías rurales, aclara que no se puede asegurar que todas las salidas de la carretera sean consecuencia de los malecones, pero sí opinó que «se debe priorizar» su eliminación por otros sistemas más resistentes.

El vicepresidente del Cabildo y consejero de Obras Públicas, Miguel Ángel Pérez del Pino, ha encargado un informe al Servicio de Carreteras para sectorializar los tramos que siguen con malecones y priorizar la sustitución de los que se encuentren en peores condiciones. No obstante, recuerda que ningún tipo de barrera de seguridad es capaz de resistir altas velocidades o embestidas de vehículos pesados, como se ha evidenciado en las autovías.

Aparte de la antigüedad de los malecones y pretiles, uno de los problemas, añade Pérez del Pino, es que no están bien anclados al terreno, sino apenas enterrados unos centímetros en el suelo o incluso a ras de la calzada. Las imágenes del siniestro de Hoya de Pineda lo confirman.

Según los datos preliminares de ese informe, las zonas de la Red Insular con mayor longitud de tramos de malecones son las de medianías y cumbres, donde abundan los barrancos y grandes desniveles en la orografía.

Por sectores, en las carreteras de Medianías y Cumbre quedan 3.404 metros con pretiles y 5.991 metros con malecones. En las vías de la Zona Centro se han contabilizado 12.950 metros en tramos con pretiles y otros 3.675 metros de malecones.

En las Zonas Oeste, Norte y Red Interior quedan cantidades similares, que se determinarán en las próximas semanas, pues la intención de la Consejería de Obras Públicas es sustituirlas todas, aunque habrá que priorizar por tramos y peligrosidad. En la Red de Alta Capacidad, autovías y autopistas, ya no quedan ni malecones ni pretiles.

El Cabildo aceleró el cambio de las barreras de seguridad tras el accidente del 8 de diciembre de 2020 en la carretera de Artenara, la GC-21, en el que un vehículo rompió los malecones a la salida de una curva y cayó durante unos 100 metros hasta que fue frenado por una roca, ya casi en el fondo del barranco.

Fallecieron los cuatro ocupantes del coche, miembros de la misma familia -José Iván García Buelga, sus hijas Marta y Rita García Bolaños y su yerno británico Richard-. Al salirse de la calzada por la noche, probablemente a causa de la lluvia y una intensa neblina, no se descubrió el accidente hasta la tarde siguiente, cuando operarios de carreteras se percataron de que los malecones estaban destrozados y oyeron el sonido de un teléfono que había quedado a mitad de ladera. Las cuerpos de las cuatro víctimas no se pudieron rescatar hasta dos días después.

Al mismo tiempo que la Guardia Civil y los bomberos recuperaban los cuerpos y los trasladaban hasta el barrio de El Tablado, los servicios de mantenimiento del Cabildo colocaban vallas metálicas en el espacio donde estaban los malecones, que quedaron destrozados por el impacto del vehículo, un turismo de tamaño medio. Tras ese accidente, que reveló la fragilidad de esos muros blancos de la cumbre, se decidió acelerar su sustitución.

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