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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Ingenio

La chatarra de La Sal

Los desaprensivos continúan abandonando vehículos y escombros en Playa de Vargas

Trabajos de extracción de los restos de un vehículo tirado en un área prácticamente inaccesible de la Zona Especial de Conservación de Punta de la Sal, en Vargas | | LP/DLP

Una decena de personas y cuatro vehículos fueron necesarios durante más de dos horas de trabajo para poder sacar de una zona prácticamente inaccesible de la Zona Especial de Conservación Punta de La Sal, en Playa de Vargas, el chasis y parte de la carrocería de una furgoneta con evidentes indicios de haber sido desvalijada, una actuación que podría quedar en anécdota si no fuera por lo habitual de destinar esta extensa área medioambiental en vertedero de no solo de los amigos de lo ajeno, sino también de los enemigos de la naturaleza en general.

Los restos del vehículo fueron localizados hace ya un tiempo, y su presencia había sido denunciada al propio Ayuntamiento por el presidente de la asociación vecinal El Edén, Paco Perdomo, pero la inexistencia de medios municipales para llegar al sitio demoró su extracción hasta que Perdomo recurrió a los hermanos Lorenzo, Tomás y Fernando, que se plantaron en el lugar con un definitivo Land Rover Defender 130.

Con el visto bueno de la concejal de Playas de Agüimes, Juani Martel, que envió de apoyo un furgón de Obras y Servicios y una pareja de la Policía Local, el equipo se adentró por la zona solo apta para vehículos todoterreno hasta que se localizó la chatarra y se pudo sacar de una hondonada tirando con eslingas. Pero, con todo, no era lo único por recoger, porque en cada vericueto aparecían restos de otros vehículos, parabrisas rotos, parachoques, paneles de carrocería, neumáticos y todo un taller sembrado por la zona dunar. A eso se añaden pilas de ruedas utilizadas para lo que parece ser un circuito improvisado muy cerca de donde anidan las aves.

Porque resulta que Punta de la Sal es un espacio natural de casi 140 hectáreas protegido de la red Natura 2000, que atesora especies como el camachuelo trompetero, el alcaraván o el chorlitejo patinegro. Además en su sistema marismas, que incluye dunas móviles y galerías ribereñas, prosperan poblaciones vegetales de piña de mar, chaparro, tarahales o los juncos, como los que fueron plantados en el año 2015 para celebrar el Día Internacional de Los Humedales, y que fue en su momento el colofón a la restauración emprendida por el Cabildo de Gran Canaria para la rehabilitación de Playa de Vargas, en la que se dotó a la bahía de dos zonas para practicar los dos deportes más demandados en la zona, el windsurf y el kitesurf, con decenas de usuarios ayer disfrutando de los alisios mientras a sus espaldas salían de ese tesoro natural kilos y kilos de restos de chatarra.

Hay que recordar que esa parte de Vargas estuvo durante años sometida a una degradación constante, que obligó a cerrar el paso ante la proliferación de pistas en la zona especial de conservación, que se utilizaban para la práctica irregular de motocross o también para el acceso de camiones con escombros, que depositaban allí los restos de obras y enseres.

Por esos motivos la Demarcación de Costas prohibió en su momento el acceso total a la zona de playa, a pesar de que en 2014 se calculaba que unos mil deportistas se trasladaba a esa parte del litoral para aprovechar el régimen de vientos que hacen las delicias de los amantes de la navegación.

Tras varias movilizaciones logran que el Cabildo de Gran Canaria invierta ese mismo año más de 200.000 euros, financiados por Europa y la Corporación insular, lo que permitió adecentar la pista de acceso y levantar la prohibición de paso, además de volver a su estado original los restos de las graveras en la que se extraían áridos a cielo abierto, limpiar de escombros y basuras y repoblar el lugar con especies endémicas.

A eso se añadían en 2014 medidas restrictivas, como la prohibición del acceso a partir de las 20.00 horas gracias a la instalación de una barrera y el anuncio de multas para aquellos que se salgan de las pistas delimitadas.

Todas esas medidas fueron determinantes para preservar los grandes valores medioambientales que dan contenido a la declaración por parte de la Unión Europea como Zona Especial de Conservación, pero sin lograr del todo que los desaprensivos continúen utilizando el lugar como vertedero de fortuna.

Algo que los propios vecinos de Vargas intentan paliar con batidas, como la realizada el pasado año antes del confinamiento en la que sacaron tres camiones llenos «con sillas, muebles, escombros, absolutamente de todo», como subraya Perdomo, quién concluye que se «trata de un zona con valores naturales muy importantes, y un destino turístico muy relevante, y debería darnos un poco de vergüenza», mientras apela al civismo para evitar, como ocurre tras los fines de semana, que el litoral amanezca con los restos de botellones de sábados y domingos. «En este aspecto», sentencia, «queda mucho trabajo por hacer».

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