Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

ANÁLISIS

Las Marías, las fiestas del dulce nombre

La celebración de Las Marías era, según el terorense Sebastián Sarmiento, «un evento íntimo» para los del pueblo de Teror, «del clásico paseo y música»

Imagen de archivo de la procesión del Día de Las Marías el 12 de septiembre de 2019. | | J. L. YÁNEZ

Imagen de archivo de la procesión del Día de Las Marías el 12 de septiembre de 2019. | | J. L. YÁNEZ

Al celebrarse el 8 de septiembre la onomástica del nacimiento de la Virgen, la Natividad, a los ocho días de dicha fecha se conmemoraba el que se hubiese impuesto el nombre de María con la celebración de las fiestas del Dulce Nombre de María. La Fiesta de las Marías como era popularmente conocida. España fue la primera en solicitar y obtener de la Santa Sede autorización para celebrarla cuando en 1513 el papa León X concede a la catedral de Cuenca dedicar una capilla con ese título.

Foto de archivo de Monseñor Socorro mostrando la custodia de Pura Bascarán al ministro José Solis Ruiz en 1962.. | | J. L. YÁNEZ José Luis Yánez Rodríguez

Después de algunos cambios en su ubicación, San Pío X la volvió a poner el 12 de septiembre ya que ese mismo día en 1683 el papa Inocencio XI así lo había declarado para perpetuar la victoria que los austriacos y polacos, mandados por Juan Sobieski, consiguieron contra los turcos en Viena. Por ello, en agradecimiento a la Madre de Dios, Inocencio mandó que se celebrase en toda la Iglesia la fiesta litúrgica del Santo Nombre de María coincidiendo con la misma. «La hora histórica de la batalla definitiva de Viena sonó al alborear el límpido sol del día 12 de septiembre» tal como pronunció Pío XII en el radiomensaje con motivo de la beatificación de Inocencio XI. En Teror, se celebraban en estas fiestas, como las Fiestas Patronales de la Villa; y como el Vaticano autoriza celebrarla en la infraoctava -el primer domingo en los primeros seis días de la octava- puede suceder el que se lleven a cabo seguidas como ha ocurrido en algunas ocasiones.

Asimismo, en varias ocasiones en los dos últimos siglos, ha servido para reubicar las fechas de la novena para que coincidieran con determinadas fechas por decisión episcopal. Así, en septiembre de 1871, el obispo José María Urquinaona y Bidot determinó que la novena comenzase el sábado 9 de septiembre -víspera del Dulce Nombre de María- para que concluyese el domingo 17 y en él se diera la Sagrada Comunión con mayor comodidad de los fieles; celebrándose asimismo una fiesta de acción de gracias por el beneficio de la lluvia obtenida por la mediación de la Virgen del Pino, invocada a su iniciativa por el pueblo asistente en novena de rogativas.

En 1914, año de la concesión del Patronazgo sobre la Diócesis de Canarias, en el que la novena comenzó el cinco para que culminase el domingo 13, en el que Las Marías tuvo una solemne función y panegírico, a la que asistió el obispo Marquina, para así dar más relevancia a la Fiesta de las Marías de aquel año y culminar con ello las celebraciones del Patronazgo.

Esta fiesta comenzó por ello como la verdadera fiesta del Pino para los vecinos de Teror, que el 8 de septiembre no podían mostrar a su patrona las manifestaciones de su fervor con el aspecto destacado que se anhelaba. Ello sí se podía hacer a la semana siguiente, el día de las Marías.

Durante siglos así ha sido; sobre todo en el siglo XIX donde encontramos programas de actos para el mes de septiembre en Teror, donde se destacan «la función en la iglesia parroquial del pueblo de Teror por el Nombre de María» el 14 de septiembre de 1861, o cinco años más tarde cuando el programa refiere que el 9 de septiembre de 1866 tuvo lugar «la función que lodos los años se dedica al Dulce Nombre de María, hallándose el panegírico a cargo de don Diego Álvarez, beneficiado de esta Catedral». Tal como lo describiera hace ya medio siglo el terorense Sebastián Sarmiento con el paso de los años «esta fiesta fue adquiriendo cada día más prestigio y calidad. Era una fiesta íntima, muy de Teror. Apenas si llegaban extraños. Era la fiesta de todos los del pueblo. Era el día en que las mozas se engalanaban y se arreglaban y salían al paseo. Era el día del clásico paseo y música en que todos procuraban estrenar algo nuevo en el atuendo. Este paseo se llevaba a cabo en las calles centrales de la Villa, pero de un modo especial en la Alameda. También es la fiesta de los rezagados. De los que por cualquier razón no pudieron asistir. Entonces multitud de peregrinos lo dejaban para venir a Teror en el Día de las Marías. Eran los vulgarmente llamados amaguados, de los retardados. Hasta tal punto que se solía decir: Si no voy hoy lo dejo para las Marías. De este modo comenzó a ser multitudinario y perder la intimidad y colorido local».

Juan del Río Ayala en su pregón de 1951 también lo afirmaba que cuando culminaban los honores oficiales podía decirse que terminaba la gran romería de la isla «aunque no la fiesta de la Villa, que sigue latente en los terorenses deseosos de honrar a su madre de forma más íntima, con la que pudiéramos llamar solemnidad doméstica del Día de Las Marías».

Ese paso de los años y transformación de un día festivo, pero a la vez muy de pueblo, íntimo, entrañable y familiar; en una jornada cargada de eventos se produjo poco a poco a lo largo de la primera mitad del pasado siglo. Siempre fue un día rico en la parte religiosa con panegírico, funciones, coro, misas rezadas, misas a toda orquesta, asistencia episcopal y sermones a cargos de los más eruditos oradores de la isla, como el canónigo terorense Miguel Suárez Miranda, Santiago Cazorla León o el vicario de Escaleritas, José Rodríguez y Rodríguez.

La parte festiva y callejera también estuvo bien nutrida de representaciones teatrales, bailes en La Alameda o los famosos que la colonia veraniega organizaba en el Pabellón Cinema con actuaciones musicales de grupos como la Orquesta Radio-Estudio y servicio de bar correspondiente. Entrañables, repito y hechas casi exprofeso para los de Teror.

La custodia de Pura Bascarán

María de la Purificación Bascarán y Reyna nació en Madrid, hija de José de Bascarán y Federic, general de División y ayudante de Campo de Su Majestad el Rey Alfonso XIII, y de Enriqueta Reyna. El 21 de junio de 1915, en la iglesia de la Concepción de Madrid, contrajo matrimonio con el canario Sixto del Castillo y Manrique de Lara, uno de los hijos de Adán del Castillo y Dolores Manrique de Lara, dueños del Cortijo de Osorio. El matrimonio se instaló en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. A partir de entonces, Pura Bascarán, como era conocida, se implicó plenamente en la vida social del archipiélago; donde ocupó durante décadas la Presidencia de Honor de la Cruz Roja Española y realizó innumerables obras de beneficencia, ligadas todas ellas a la Iglesia de las islas.

Tuvo siempre una peculiar e íntima relación con la Virgen del Pino y Teror, donde habitaba en su residencia de la Calle de la Herrería, y tuvo como director espiritual a Monseñor Socorro Lantigua. Su esposo falleció el 8 de agosto de 1941 y al año siguiente ella reunió todas las joyas de la pareja (incluidas las que les regalaron los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, sus padrinos de boda) y mandó a hacer con ellas, la hermosa custodia de estilo renacentista fabricada en los talleres del sacerdote señor Granda en Madrid el año 1942. En junio llegó a Teror y fue utilizada por primera vez el 21 de septiembre del 1942, Día de Las Marías. Esta custodia fue uno de los objetos de mayor valor material robados en 1975 a la Patrona de la Diócesis.

Pura Bascarán falleció en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de noviembre de 1969. Dejó como heredero de todos sus cuantiosos bienes al Obispado de Canarias. El consistorio de la Villa Mariana, considerando esta unión con Teror, sus donaciones y actos caritativos, decidió nominar en su honor una calle, situada en el populoso Barrio del Pino del municipio terorense.

Patrona de los abogados

José Miguel Alzola en su Historia del Ilustre Colegio de Abogados de Las Palmas de Gran Canaria, editado en 1966, afirma que el deseo de los abogados de Las Palmas de constituirse en Colegio debió ser la anhelada meta por la que trabajaron y lucharon durante largos años, hasta alcanzarla en 1766. La Real Cédula dada en Madrid por Carlos III, el 14 de abril de 1766, sería el origen de dicho Colegio y éste designaría como su Patrona a la Virgen del Pino por lo que durante mucho tiempo en Las Palmas de Gran Canaria y luego en Teror, la presencia de su Corporación, su presidente, decano y últimos miembros colegiados vinieron a transformarse por vía en la que ahora ahondaremos en uno más de los elementos que han ido definiendo las Fiestas del Pino desde el siglo XX; y en este caso, del propio Día de las Marías.

Tal como afirmara hace años el sacerdote Florencio Rodríguez los ilustres abogados con sus togas, geométricos bonetillos y más atuendos, tomando asiento en el centro de la Basílica y presididos por su decano dan realce con su presencia la celebración, dando la impresión de una rara y solemne clerecía. Con anterioridad a esta fecha y ya desde 1763 se recoge que «habiéndose nombrado a el decano de la citada Real Audiencia y juntándose mis partes en su casa el día nueve de diciembre de mil setecientos sesenta y tres, a presencia de un Escribano de Cámara de ella, se leyeron los mencionados estatutos y constituciones que rubricó en todas sus fojas el propio Escribano de Cámara, según se acredita de ellas mismas y del testimonio que igualmente presento».

Y en este documento, los incipientes colegiados declararon que atendiendo a su salud espiritual como primer objeto y medio seguro para felicitarse también en lo temporal, se establecía ante todas las cosas por los presentes y los que hubieren de incorporarse en el Colegio, la cordial devoción hacia María Santísima Nuestra Señora con el Título del Pino, a quien elegían por Patrona y Abogada y que habían de tributarle los posibles cultos, que en aquel momento y en un futuro inmediato le harían su Festividad en el Monasterio de San Bernardo de Las Palmas el día ocho de septiembre.

La devoción, el patronazgo y sus manifestaciones religiosas se hicieron por parte del Colegio de Abogados con los lógicos cambios que temas como la desamortización la otra, en la iglesia del convento dominico de San Pedro Mártir. En la actualidad, el Ilustre Colegio de Abogados de Las Palmas recoge en su artículo 6º de los estatutos para el Régimen y Gobierno del mismo; que trata el apartado de Historia y tradiciones, que el mismo «se considera heredero de la trayectoria centenaria de la Corporación desde su creación hasta el presente, asumiendo el respeto por las costumbres y tradiciones acuñadas durante tan dilatado período de existencia, tales como el Patronazgo de la Santísima Virgen del Pino y la participación institucional en su festividad o en cualquier otra preexistente».

Esa participación institucional celebrada durante casi dos siglos en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, se trasladó a la Villa en 1954. El 12 de septiembre de aquel año y en la luminosa mañana de Las Marías asistió por primera vez a esta fiesta una representación corporativa de los letrados de la Isla y toda la directiva que presidía su Decano Matías Vega Guerra; el diputado primero Carlos Ramírez Suárez y el alcalde de Teror, José Hernández Jiménez. El día cerró con un vespertino concierto de bandas y rondallas y la quema de los tradicionales fuegos de las Marías.

Y así quedó institucionalizada desde aquel año la asistencia de la representación de los Abogados en la mañana de las Marías y la fiesta comenzó a solemnizarse y a perder poco a poco aquella espontaneidad y casi rusticidad que tuvo durante más de un siglo y que la determinaba por completo.

La peculiar relación de José Hernández con Matías Vega (alcalde y presidente del Cabildo en un momento en que las Fiestas del Pino comenzaban a resurgir con fuerza), la relación de los dos con el mundo de la abogacía y en concreto con el Colegio, el interés mostrado por Carlos Ramírez, hicieron que se produjera esta innovación en el programa de actos del Día del Dulce Nombre.

Primera procesión nocturna

Para la introducción de la otra novedad que ya terminaría por concluir el aspecto con que la hemos conocido el último medio siglo. El 15 de septiembre de 1974, los nuevos rectores de parroquia, fiestas y decisiones tras el fallecimiento de Monseñor Socorro Lantigua el año anterior, introdujeron la novedad de completar la tarde de Las Marías con una procesión nocturna que después de los actos religiosos que se iniciaban a las siete y media, con misa y ejercicio del novenario para, sobre las ocho salir calle principal adelante hasta el Muro Nuevo para tal como se dijo hacer «homenaje del pueblo de Teror a su Patrona».

Extrañamente no se anunció en el Programa del Pino de aquel año, pero la expectación que despertó desde que se supo fue extraordinaria. La decisión de hacer la procesión -que fue hermosa, con un buen ambiente y una gran afluencia desde todos los rincones grancanarios por la novedad de poder ver a la Virgen en procesión de noche y por la calle principal- fue no obstante muy criticada por parte del pueblo ya que se unía al tema de la reciente tasación de las joyas de Nuestra Señora del Pino y la publicidad que el obispo Infantes Florido había hecho de la misma en instrucción pastoral «las alhajas de la Virgen del Pino» que el 8 de septiembre revolucionó la Villa Mariana. Aquella misma tarde y para que los ánimos se apaciguaran, en el campo de fútbol El Pino, los equipos de Teror y Bañaderos disputaron el trofeo Fiesta de las Marías que fue conseguido por la U. D. Teror por uno a cero.

La primera procesión de las Marías fue acompañada por la banda municipal de música de las Palmas y presidida por el obispo Infantes Florido y el alcalde Manuel Ortega; transcurriendo en medio de una enorme multitud que se explayó en ovaciones a la Virgen durante todo el trayecto de ida y vuelta de la Basílica al Muro Nuevo. Terminó con una ligera llovizna en el justo momento en que retornaba al templo; mientras los fuegos artificiales iluminaban la noche desde la Aldea Blanca.

Tras aquel convulso inició se decidió continuarla al año siguiente cuando Teror vivía sus primeras fiestas del Pino sin las joyas que habían acompañado su devenir histórico y devocional durante siglos

La segunda procesión de las Marías transcurrió tras una misa de Pontifical con el obispo y concelebrada por dieciocho sacerdotes de toda la isla de Gran Canaria; una novena predicada por su eminencia el cardenal Primado de España, Vicente Enrique y Tarancón y con la asistencia hasta del alcalde Las Palmas de Gran Canaria, Fernando Ortiz Wiot. Nadie discutió entonces que la procesión de las Marías ya se quedaba para siempre, terminando por configurar así las celebraciones de ese día tal como han llegado al día de hoy.

Compartir el artículo

stats