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Ingenio.

«Tomás dio su vida por su fe en Cristo»

Antonia María Morales, de 94 años y de Carrizal, confiesa que «mi hermano es mi santo particular»

Antonia María Morales, el pasado jueves en su vivienda de Carrizal, junto a la imagen de su hermano dominico Tomás Morales y su calado. | | JOSÉ CARLOS GUERRA

Antonia María Morales, el pasado jueves en su vivienda de Carrizal, junto a la imagen de su hermano dominico Tomás Morales y su calado. | | JOSÉ CARLOS GUERRA

«Ha hecho falta mucha lucha y tiempo, más de 50 años, para conseguir la beatificación de mi hermano Tomás Morales Morales, dominico. Está casi terminada, sólo falta realizar el último paso. Espero que se concluya este año, aunque es verdad que muchas veces confío más en la providencia que en los hombres. Las cosas van despacio y deseo que se concluya el proceso antes de irme, no es que me quiera morir ya, pero se me acaba el tiempo», explica entre risas Antonia María Morales Morales, quien es natural y vecina de Carrizal, en el municipio de Ingenio. Tiene 94 años, y apunta que «el proceso se empezó en 1968, estuvo parado durante 22 años en el Vaticano y fue al inicio de la década del 2000 cuando se reinició».

Antonia María Morales no aparenta para nada ser nonagenaria. «Soy la única de mi familia más cercana, hermanos, padres y abuelos que ha vivido más de nueve décadas», comenta entre risas. «Estoy bien, con calidad de vida. De la cabeza, me encuentro mucho mejor que más jóvenes que yo. Soy muy positiva y tengo muy buena memoria, aunque a veces la hago selectiva porque hay cosas negativas que no quiero recordar», presume esta vecina que es conocida y llamada cariñosamente Antoñita Morales.

Ella vive sola y se defiende muy bien, contando al menos con la visita diaria de sus sobrinos. «Los vecinos son también como mi segunda familia. Están muy pendientes de mí», agrega. Esta nonagenaria cuenta con el servicio de Teleasistencia de Cruz Roja.

La pandemia de covid-19 y en especial el confinamiento entre marzo a junio de 2020 le pasó factura, «pero no a la cabeza. Me afectó respecto a mi hábito de caminar». «Tras ver la TV tras la primera semana de ese encierro en casa, la apagué porque me agobió mucho, con tantas noticias que se repetían, y dediqué mi tiempo a leer y a hacer calado», señala.

Santidad

La nonagenaria resalta que «él ya es un beato, que ya lo firmó el Papa Francisco el 11 de diciembre de 2019, sólo falta las celebraciones de las ceremonias oficiales para confirmar que él está en ese nivel». «Es mi santo particular. Él se ocupa de mi familia y de mí», agrega. El decreto de beatificación firmado en el Vaticano fue también para otros 26 mártires de la orden de Santo Domingo por odio a la fe entre los años 1936 y 1937.

Este dominico que destacó por su labor social, nacido el 12 de junio de 1907, era el hijo mayor de los ocho de Andrea Morales Alemán y José Morales Rodríguez. El progenitor tuvo tierras de labranza, fue encargado de un almacén y tuvo en su casa de Carrizal la oficina de Correos, que estuvo allí abierta entre 1927 y 1975 aproximadamente.

A parte de Tomás, que fue el mayor, los hermanos de Antonia María Morales fueron por orden cronológico, ya todos fallecidos: José; Juan, maestro; Roque, médico y militar; Domingo, que trabajó para Correos y en la labranza; Luis, militar; y Vicente Morales Morales, desaparecido en Rusia durante la II Guerra Mundial. José Morales y Andrea Morales tuvieron otra niña que murió siendo aún pequeña.

Respecto a cómo era su hermano mayor, ella resalta que «tenía una gran cultura. Dominaba las lenguas muertas, latín y griego, y también el árabe. Tomás Morales profesó como religioso en 1924 y fue ordenado como sacerdote en 1931. Se formó en el convento dominico de Almagro, en la provincia de Ciudad Real. Cantó su primera misa en Almagro en 1931 [año en el que se proclamó la II República española]. En ese mismo ejercicio cantó la misa en Carrizal, cuando vino en agosto a Gran Canaria, quedándose dos meses.

Fue durante ese tiempo en la Isla cuando Antonia María Morales conoció, con unos cuatro años, a su hermano mayor, con el que tenía veinte de diferencia. Ella lo recuerda bien, con el hábito blanco o con la sotana negra que le cosieron las tías. A parte de esos recuerdos, ella tampoco olvida tanta información sobre él que recibió del resto de los familiares ya que, dentro de las posibilidades de comunicación que había en esa época, es decir, por carta, pues había mucha correspondencia con Tomás. «Él no se olvidaba de nadie, preguntaba y saludaba a todos en cada una de sus cartas», dice.

Estreno

La primera ceremonia pendiente para que se concluya este proceso iniciado en 1968 es la que tiene que celebrarse en Almería, luego en la catedral de Santa Ana en Las Palmas de Gran Canaria y en la parroquia de Nuestra Señora del Buen Suceso, en Carrizal. La primera estaba prevista para el 19 de septiembre de 2020, pero se suspendió por el virus.

Ante el miedo de que se parase de nuevo el proceso, Antonia María consiguió entrevistarse con el obispo de la diócesis de Canarias, José Mazuelos, acompañada por el sacerdote Jesús Vega. «El obispo es una persona muy cercana. Entendió mi inquietud y me animó», recuerda la hermana del dominico ingeniense.

«José Mazuelos escribió al prior [de los dominicos] de Madrid, quien se reunirá con el obispo de Almería y se fijará la fecha de la ceremonia allí, cuando Roma lo apruebe. Después de las tres ceremonias, en Buen Suceso se podrá poner la imagen de mi hermano Tomás para darle culto. En octubre está previsto que recibamos noticias sobre cuándo será la primera ceremonia», resume.

Fusilado

Tomás Morales Morales murió a los 29 años fusilado el 31 de agosto de 1936 en Almería, en la zona republicana y a poco más de un mes del comienzo de la Guerra Civil.

«Tomás no se escabulló, ni se ocultó. Eran tiempos difíciles. En el mes de julio de 1936 estaba en Almería y lo detuvieron en la calle. Se identificó como sacerdote cuando arrestaron al otro dominico que caminaba con él. Él no quiso aprovecharse de la tarjeta como proveedor de fruta que le hizo nuestro padre, ni quiso antes trabajar en un circo, para ocultar que era un religioso», rememora.

«Llevaron a los dos a un barco prisión, para después desplazarlos a Pozo de la Lagarta, en Tabernas (Almería), donde los fusilaron con los otros detenidos y los tiraron a un pozo. Entre 1941 y 1942 sacaron los restos mortales de todos, y a los que eran dominicos los llevaron al panteón de la orden tiene en el cementerio de la ciudad», agrega. Por su final tráfico como mártir, se le considera beato, el tercer escalafón en el camino de la canonización, saltando los niveles anteriores de siervo de Dios y de venerable.

«Murió por la intolerancia de algunos. Dio su vida por su fe a Cristo. Nuestro padre no entendía porque la llamaban guerra civil, al ser tan incivil. Nuestra madre, que era fantástica y adelantada para su tiempo, nunca se quejaba, pero tenía su dolor dentro», explica Antonia María Morales, que destaca que «mis padres y todos estaban muy orgullosos de Tomás Morales Morales. Mi familia era y es católica y de derechas, pero somos personas generosas y tolerantes, y sin ningún rencor u odio. Estoy orgullosa por la educación que nos dieron nuestros padres».

Antoñita Morales apunta, sobre la sociedad actual, que «hoy en día hay gente con mucho rencor y odio, como es palpable en las redes sociales, en las que yo entro, y en el Congreso de los diputados, por ejemplo. Es necesario que haya más tolerancia y saber ponerse en el lugar del otro. Hay una falta terrible de educación, de respeto y de valores del ser humano».

Ella resalta que tiene una herida abierta: la calificación de desaparecido de su otro hermano, Vicente, en su intervención en la II Guerra Mundial, como miembro que fue de la División Azul en Rusia. Era estudiante de Filosofía y Letras, hablaba varios idiomas y hacía de intérprete en la guerra. «Sabemos que murió allí, aunque no en qué circunstancias concretas», afirma. Los hermanos Luis y Roque fueron antes a la guerra y regresaron vivos.

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