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Obituario

Antonio Berriel, un cura de los nuestros

Antonio Berriel,  un cura de los nuestros

Antonio Berriel, un cura de los nuestros La Provincia

No cabe la menor duda que la llegada a finales de la década de los años 70 de un jovencísimo sacerdote, desde Fuerteventura -Antigua-, a los pueblos de El Tablero y Maspalomas, fue una bocanada de aire fresco. Como dijo en su día el recordado Cronista Oficial de San Bartolomé de Tirajana Carmelo Pérez: “Antonio Berriel traía de Fuerteventura lo silencioso, lo lento y lo callado de su tierra, pero también la apertura, cercanía y confianza de un cura joven de 33 años”. Era un momento cargado de novedad, de optimismo y esperanza. Su faceta de dialogante, conciliador y extrovertido, fue una extraordinaria herramienta que le sirvió y nos sirvió a muchos, para atravesar, en lo político y, en lo social y cultural aquella época de incertidumbres.

Dejó una profunda huella y un gran vacío desde el momento que lo trasladaron a otros destinos en la isla de Gran Canaria, allá por mediados de los años 80. Pero para siempre va a quedar marcada por la tristeza, esta huella, este vacío difícil de llenar que nos deja, ahora, después de que se nos ha ido, para siempre. Como ejemplo valga el que cada vez que venía al Tablero o a Maspalomas se hacían grandes colas -literalmente- para saludarle; y él siempre tenía, para todos, la misma sonrisa alegre y cómplice y, para algunos, aquella frase: “recuerdo el potaje de berros que me comí en tu casa” y, también una colleja, para aquellos que bautizó, les dio la Primera Comunión, casó ó les impartió la catequesis para la Confirmación, para los que siempre tuvo amistad y cercanía.

Antonio Berriel no iba ni de humilde, ni de sencillo; simplemente lo era; formaba parte de su ADN e impronta y de esas cualidades quedaban impregnadas cada una de sus actuaciones e iniciativas; y es que, sin dejar de ser majorero ni un solo instante, arraigaba fácilmente allí dónde estaba. Recordamos que meses antes de la celebración del Festival Regional de Folklore de Maspalomas, ya estaba preguntando qué grupo era el que iba a venir por Fuerteventura.

Y, dónde quiera que estuviese impartía pastoral. Por ejemplo, a la orilla del mar; como la edad nunca supuso un problema para él, ni para los niños y jóvenes con los que frecuentaba; los llevaba a la playa en las noches calurosas de verano, y, de paso, -socarronamente- aprovechaba para entablar conversaciones y reflexiones; Semi, uno de sus monaguillos y Aranzazu, una de sus más estrechas colaboradoras, nos recuerdan el “shock” en positivo, que supuso a los jóvenes del pueblo, ver a un sacerdote en bañador, después de haber estado viendo toda la vida a curas con sotana.

Para terminar, dejar de manifiesto que, debe y tiene que quedar constancia, para la memoria colectiva de futuras generaciones, el papel decisivo que tuvo don Antonio Berriel en la Segregación de San Fernando de Maspalomas, de la Parroquia de la Santísima Trinidad de El Tablero; instituyéndola como Parroquia en solemne ceremonia de 1982.

Así era Antonio Berriel. Descanse en paz.

En la tarde de hoy, miércoles, en su recuerdo, se oficiarán Misas en dos de los pueblos con más densidad demográfica del sur grancanario; a las 18,30 horas en la Parroquia de la Santísima Trinidad de El Tablero y, a las 19,30 horas en la Parroquia de San Fernando de Maspalomas.

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