Una de las dos hipótesis sobre el origen de las dunas de Maspalomas se asienta sobre un tsunami que arrasó las costas de Canarias hace 266 años, el tsunami del terremoto de Lisboa. Justo se cumplen el 1 de noviembre. En esa fecha, el día de Todos los Santos de 1755, se produjo el devastador terremoto de Lisboa, de 8,5 grados de magnitud y que mató a unas 100.000 personas. Las grandes olas que generó llegaron hasta las costas del continente americano y por el camino barrieron el litoral de las islas atlánticas, entre ellas Canarias. En Gran Canaria, arrastraron arena y la depositaron en la zona de la punta de Maspalomas.

Esta hipótesis del tsunami de Lisboa como origen de las dunas de Mapalomas, defendida por investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), choca con la otra teoría más antigua, que plantea la formación lenta del sistema dunar, algo que comenzaría a formarse hace unos 10.000 años.

En estos días de controversia por las menciones a la posibilidad de un tsunami asociado a la erupción en el macizo de Cumbre Vieja, en La Palma, repasamos las consecuencias del maremoto de Lisboa, el mayor de los tsunamis históricos sufridos en Canarias de los que se tiene constancia documental. De la llegada del tsunami del terremoto de Lisboa al Archipiélago canario da fe el entonces capitán general de Canarias, Juan de Urbina, en una carta dirigida al ministro de Estado, Ricardo Wall. En ella, le detalla los estragos causados por el tsunami en la costa de Gran Canaria, especialmente en Las Palmas de Gran Canaria y en su puerto. También le indica que se notó en las islas de Fuerteventura y Lanzarote.

Así fue el tsunami del terremoto de Lisboa que arrasó las costas de Canarias La Provincia

Carta del Juan de Urbina al ministro Ricardo Wall

Muy señor mío: habiendo llegado a estas Islas las noticias de los estragos que causó el terremoto que se sintió en esa Corte y en otras partes, la mañana del día primero de noviembre me ha parecido preciso dar aviso a Vuestra Excelencia de nuestra felicidad en esta tragedia para que la participe al Rey.

El citado día, como a las once de la mañana, estando el mar en tranquilidad, se elevaron las gradas del muelle, pero no fue tanta esta avenida que se hiciese notable a todos, ni causó en este puerto y sus costas otro efecto que admirar a los pocos que advirtieron esta novedad.

En esta misma Isla (Tenerife), por la costa que llaman las Bandas del Norte, fue mayor la elevación de las aguas y notoriamente advertida con algún sobresalto de todos los habitadores de este paraje, pero sin estrago.

En la isla de Gran Canaria se experimentó igual movimiento del mar y los habitadores de su principal ciudad estuvieron viendo desde los balcones y cercanías de la marina esta repentina hinchazón de las aguas en la misma hora y con el mayor asombro, y mucho más cuando vieron que, retiradas ocho o diez minutos, volvieron con mayor impulso sobre los no tocados límites en la antecedente invasión, repitiéndose hasta tres veces en aquella Isla esta gran novedad, pero sin estrago ni otra circunstancia digna de notarse, y sólo en el Puerto principal de esa Isla, nombrado el Puerto de la Luz, distante una corta legua de la ciudad, se vio entrar el mar e inundar la ermita que allí había de Nuestra Señora de la Luz, y habiéndose retirado como un tiro de pistola dentro de su antiguo límite, descubrió el casco de un navío, de cuyo naufragio no hay memoria, y dejó la ermita llena de pescado.

En las islas de Fuerteventura y Lanzarote se experimentó el mismo movimiento, pero también sin estrago; sólo que en la última se arruinaron unas salinas de que se proveían aquellos naturales.

Habiendo sabido por las cartas de España, y otras de diferentes partes de la Europa, lo casi universal que fue el temblor de tierra del referido día y la catástrofe que padecieron muchos pueblos y, lo que es más triste, innumerables personas, hemos dado a Dios repetidas gracias con la mayor solemnidad, a las que di yo principio el día del Apóstol San Matías, y continuó este pueblo y todos los de esta Isla con la mayor devoción, porque habiendo llenado este día la Europa de asombro, horror y tragedia, nosotros por la misericordia de Dios solo tuvimos asunto que admirar, pero no con circunstancias que nos despertaran el miedo.

Es cuanto ha ocurrido digno de participar a V.E. En estas Islas y sus mares.

Dios guarde a V.E. Santa Cruz de Tenerife, marzo, 6 de 1756

Al exmo. Sr. D. Ricardo Wal.

En la carta de Urbina al ministro no hay referencia a lo sucedido en la costa del sur de Gran Canaria. Sin embargo, las evidencias científicas halladas en los estudios realizados en las últimas décadas sobre las dunas para su conservación y otras referencias documentales alimentan la teoría de su origen a partir del tsunami generado por el terremoto de Lisboa.

El gran cambio en la concepción de la génesis dunar se produce con el sondeo que se realizó en la Playa del inglés en 2008 con motivo del Estudio Integral de la Playa y Dunas de Maspalomas. Este sondeo perforó hasta una profundidad de 19,5 metros y arrojó los primeros resultados, que una vez estudiados, plantearon que las dunas no se formaron hace tanto tiempo como se pensaba. En concreto, en torno al octavo y noveno metro excavado, los elementos sedimentológicos analizados mostraron una ruptura brusca en la línea temporal que solo podría ser explicada si el campo de dunas se hubiese formado entre 1720 y 1870.

A partir de ahí, los investigadores buscaron referencias históricas a las dunas de Maspalomas y llegaron a la conclusión de que no existían antes de 1.800. No hay referencias a ellas en documentos históricos, cartográficos o de los naturalistas que visitaron Gran Canaria entre los siglos XVII y XVIII.

En un reportaje elaborado por el periodista Borja Valcarce para LA PROVINCIA en febrero de 2008, se ofrece en detalle la hipótesis del tsunami como generador de las dunas de Maspalomas y expone que la ULPGC profundiza en la investigación. Destaca también el texto que en las descripciones geográficas y cartografías de Antonio Riviere (1742), no se cita en ningún momento la existencia de las dunas; o las del ingeniero Miguel Hermosilla (1785), en las que habla del Charco de Maspalomas pero no escribe palabra sobre el mayor atractivo turístico de Gran Canaria. Es a partir de 1838, cuando en el atlas que dibujan P. B. Webb y S. Berthelot, se atisba una amplia playa de arena, que coincide con el actual sector norte de la playa del Inglés.