Es de sobra conocido que las Dunas de Maspalomas son un punto habitual de cruising, sexo casual entre extraños al aire libre, principalmente turistas que pasan unos días en Gran Canaria. Lo que no se sabía hasta ahora es que la combinación de arena, sol, mar y sexo con extraños está siendo letal para la conservación del sistema dunar del municipio de San Bartolomé de Tirajana, en el sur de Gran Canaria, que tardó unos cuantos siglos en formarse y que probablemente surgió de un tsunami.

Una investigación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y la Flinders University de Australia, publicada en la revista científica Science Direct y replicada en The Conversation en un artículo divulgativo de uno de los investigadores –el profesor neozelandés Patrick Hesp, de la universidad australiana colaboradora–, analiza el impacto ambiental del cruising sobre las Dunas de Maspalomas, el campo de dunas protegido de Gran Canaria que constituye uno de los principales reclamos turísticos de la Isla.

La conclusión a la que llegan los investigadores es que hace falta establecer medidas de protección y gestión ambiental para evitar la degradación que están sufriendo las dunas móviles de Maspalomas y su escasa vegetación debido a la intensa actividad sexual desplegada en su entorno. El estudio advierte que este uso sexual está causando un impacto «grande y creciente», que además "pone en peligro el disfrute de estos ecosistemas para las generaciones futuras".

Los científicos identificaron 298 puntos de encuentro sexual, en los que apreciaron lo que llaman "manchas sexuales", que se concretan en daños en la vegetación existente, así como presencia de basura. En cuanto a la basura, detallan que hallaron hasta 18 tipos de desechos, que van desde colillas de cigarros hasta heces, pasando por papel y toallitas higiénicas, condones, cáscaras de fruta y latas.

De los destrozos provocados por la acción humana y los desechos, deducen que «las actividades desarrolladas en estos puntos sexuales impactan directamente en las dunas y en ocho especies de plantas nativas, tres de las cuales son endémicas». En su artículo en The Conversation, Hesp añade que «cuando las plantas sufren, también lo hacen los animales, reptiles y lagartijas raras» que viven en el entorno de las dunas.

Gráficos que acompañan al estudio sobre el impacto del cruising en las Dunas de Maspalomas.

Este es el primer estudio que se realiza sobre el impacto del cruising en el Parque Natural Especial Dunas de Maspalomas, donde la actividad está tipificada como "ilegal" y, a pesar de ello, subrayan los investigadores, "ocurre con regularidad". Ya en la introducción, los científicos destacan que no hay en su trabajo "intención de criticar las acciones de algunos miembros de la comunidad LGTBI", sino el afán de conservar las dunas.

A través de este trabajo, los investigadores trataron de relacionar las características medioambientales de los lugares de encuentro sexual, así como de definir su distribución espacial en el campo de dunas de San Bartolomé de Tirajana y con respecto a los caminos autorizados dentro de la zona protegida. A partir de los datos obtenidos, observaron que cuanto mayor es el punto de encuentro sexual, más personas lo han utilizado. Estos puntos de uso más intenso son en su mayoría áreas bajas cubiertas de vegetación que favorecen cierta intimidad y protegen a los amantes de miradas indiscretas. En estos lugares, además, se aprecia mayor cantidad de desechos.

La investigación es una colaboración entre el grupo de Geografía Física y Medio Ambiente, del Instituto de Oceanografía y Cambio Climático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, unidad asociada al CSIC, y el laboratorio de Beach and Dune Systems (BEADS), de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la Flinders University de Australia. Firman el estudio los investigadores Leví García Romero, Carolina Peña Alonso, Patrick A. Hesp, Antonio I. Hernández Cordero y Luis Hernández Calvento.