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San Mateo

Francisco Quintana: «Se ha perdido la figura del hombre bueno que mediaba en los conflictos»

Francisco Quintana de La Nuez (San Mateo, 1948) es el juez de paz de San Mateo

Francisco Quintana De la Nuez, en las puertas del juzgado de paz de San Mateo el pasado viernes. | | ANDRÉS CRUZ

Francisco Quintana de La Nuez (San Mateo, 1948) es el juez de paz de San Mateo desde hace 39 años. Aunque las funciones han quedado relegadas más que nada a las de un Registro Civil y a actos de conciliación lamenta que esa figura vaya a desaparecer. Echa en falta el papel de las personas que mediaban en los conflictos vecinales y cuenta que el pasado año celebró más bodas que el cura del pueblo.

¿Desde cuándo es juez de paz de San Mateo y porqué le nombran?

Desde marzo de 1983, ya en unos meses voy cumplir los cuarenta años como juez de paz. Recuerdo que estaba en el molino de mi padre, aquí en San Mateo, que yo regentaba y aparece Gloria Alonso, hoy secretaria del registro civil, y me da una notificación para que fuera a tomar posesión como juez de paz. En ese momento estaba obligado a aceptar esa responsabilidad.

¿Y por qué cree que deciden que sea usted?

En aquel momento el ayuntamiento presentaba una terna sobre los candidatos en base a que fueran personas que tuvieran buena relación con los vecinos, y en la propuesta participaban el cura, la Guardia Civil, y el alcalde, y la Audiencia Provincial ya decidía. Quizás me nombraron porque me relacionaba con mucha gente de los barrios por el negocio, y además participaba en grupos de teatro y los festejos. Creo que fui el juez de paz más joven de Canarias porque tenía 32 años y se elegían a personas de más edad.

¿Me dice que trabajaba en el molino de San Mateo pero debía contar con cierta formación para que fuera elegido?

En aquel tiempo empezaba a estudiar perito mercantil. En el año que me nombraron había mucho trabajo en el molino, y mi padre me pidió que me quedara y al final me dediqué al comercio y dejé el molino.

¿Qué asuntos son los que gestionan ahora ?

Todo lo que son los trámites propios del Registro Civil como los nacimientos, los matrimonios y las defunciones. El pasado año tuvimos más bodas que el cura, porque en la iglesia solo se celebró una. Unas setenta bodas se celebraron en este juzgado. El cura dijo incluso que ni se acordaba de hacer bodas. Pero si, antes teníamos competencias en materia penal y civil, pero con el paso del tiempo esas funciones se han ido recortando. En 1944 las competencias abarcaban asuntos que implicaban una reclamación de hasta 250 pesetas, y en la actualidad esas denuncias no pueden superar los 90 euros. Hoy no tenemos juicios civiles, y por lo penal son juicios de falta, de desorden público, de maltrato a los animales, y daños a los inmuebles. Desde que se implantaron los juicios rápidos las denuncias se resuelven en los juzgados ordinarios, y además la cuantía que podemos abordar es muy poca. Lo que si hacemos son actos de conciliación sobre todo entre vecinos.

Me imagino que las nuevas tecnologías les han cambiado la vida porque antes lo hacían todo a bolígrafo.

Era un trabajo enorme, no para mi porque yo a fin de cuentas firmaba, pero sí. Mire justo ahora firmo la inscripción de nacimiento del primer niño nacido este 2022. Hay acceso a los registros de otros juzgados y es más fácil hacer comprobar la partida de un extranjero en un caso de matrimonio. Pero también es verdad que somos menos de personal.

¿Y afrontan muchos actos de conciliación entre vecinos?

Si, el año pasado se pudieron resolver unos diez o doce casos.

¿Puede decirme porqué estaban enfrentados esos vecinos?

La mayoría de los casos son por deshaucios porque un vecino no puede pagar el alquiler. El dueño de la casa solicita un acto de conciliación, que no le cuesta nada, en el que propone al inquilino que si deja la vivienda no le cobra el último mes, y al final el inquilino que asegura que no puede pagar acaba aceptando. También hay casos por servidumbres de tierra.

¿Le viene a la memoria algún conflicto más curioso y propio de la vida rural?

Si, por temas de aguas. En una ocasión uno de los comuneros de un pozo de agua se quejaba de que el presidente no hacía bien los repartos de agua, y que desaparecía agua del naciente, y al final gracias a la intervención de este juzgado de paz se marcharon como amigos, algo que siempre no ocurre. Lo que si puedo decirle es que se ha perdido la figura del hombre bueno, que mediaba en los conflictos entre vecinos. Antes cuando surgían esas desavenencias siempre se preguntaba a los implicados en la disputa que si conocían a alguien que sea amigo de uno y a la vez del otro, y entonces ese hombre bueno era el que intentaba que cada parte cediera. Había casos que se resolvían, pero en otros no había manera.

¿Le ha generado ser juez de paz alguna que otra enemistad con algún vecino?

Al principio había juicios penales y alguna vecina si llegó a decir que yo tuve parte de culpa en que le hubieran condenado. De todas maneras la condena era ridícula y en realidad era una llamada de atención para que no volvieran a hacerlo. Hubo una vecina incluso que apeló y no le dieron la razón.

¿No le ha llegado a decir a raíz de esto su familia que porqué no lo deja?

Al principio sí, ahora ya no. Además otras cosas que hacíamos era acudir a los levantamientos de cadáveres. Hicimos muchos. Hace quince años que no vamos. Pero eso era sábado, domingo y a la hora que fuera ir con el médico, la Guardia Civil, para levantar el acta, y a veces me encontraba con situaciones desagradables, sobretodo en los casos de suicidios. Eso si que me afectaba mucho, y eso que soy una persona con aguante.

¿Supongo que esa fuerza le viene de trabajar en el molino?

Pues no se descansaba sino el 18 de julio, que era fiesta nacional, y el Viernes Santo. El molino era de mi padre -Juan Rufino Quintana Quintana- y él lo había heredado de su padre. Además el molino daba la luz al pueblo, el motor de día suministraba energía para elaborar el gofio, y por la noche daba electricidad a San Mateo.

¿Está jubilado y sigue como juez de paz?

Si, es compatible la jubilación con esta labor. Mire, primero estuve diecisiete años sin cobrar un céntimo, y luego pusieron una asignación que no era sueldo ni era nada, sino que era una indemnización que no se cobraba cada mes sino trimestralmente. Ahora son 270 euros y se cobran cada tres meses, y le puedo decir que a mi no me da ni para el teléfono.

¿Y que piensa del plan del Gobierno de hacer desaparecer esa figura?

Tengo entendido que lo que quiere hacer el Ministerio de Justicia es convertir los juzgados de paz en oficinas judiciales que ya es lo que son ahora, y es cierto que se dice que la figura del juez de paz va a desaparecer. Es una pena porque acercábamos la justicia al ciudadano gratuitamente, sobre todo en los pueblos.

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