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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Patrimonio Histórico

Los buscadores de los 300 vizcaínos de Ajodar piden ayuda al País Vasco

El proyecto en la Mesa del Junquillo carece de fondos para las excavaciones arqueológicas | Los ballesteros murieron en una batalla con los antiguos isleños

Dospersonas frente a los riscos de La Mesa del Junquillo, donde se cree que están enterrados los ballesteros vizcaínos.

La búsqueda en la Mesa del Junquillo de los 300 ballesteros vizcaínos fallecidos en la conquista de Gran Canaria ha quedado en punto muerto por falta de financiación y eso ha llevado al equipo que realiza el proyecto, dirigido por Julio Cuenca, a solicitar el apoyo del Gobierno vasco para emprender la segunda fase de la investigación, la de las excavaciones arqueológicas en los lugares donde se cree que pueden estar enterrados, en la mítica fortaleza de Ajodar.

El arqueólogo que descubrió Risco Caído ya ha conseguido, de momento, despertar el interés de los medios de comunicación vascos. El periódico Gara ha publicado un amplio reportaje sobre las investigaciones en la Mesa del Junquillo y sobre la historia de los ballesteros al mando de Miguel de Muxica que murieron en 1482, probablemente apedreados desde lo alto de los riscos, mientras acompañaban al conquistador Pedro de Vera en la persecución de los últimos canarios que resistieron a las tropas castellanas en las cumbres de la isla, entre los actuales municipios Artenara, Tejeda y La Aldea.

Julio Cuenca plantea al Gobierno vasco y a la Diputación de Vizcaya que se sumen a la búsqueda

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Julio Cuenca explicó ayer que la investigación histórico-arqueológica realizada por encargo del Gobierno de Canarias apunta a que los 300 soldados vizcaínos que murieron en esa batalla están enterrados en algún lugar de la Mesa del Junquillo y que ya se han determinado los puntos más probables para iniciar las excavaciones. A su juicio, hay muchos datos para situar allí la fortaleza de Ajodar y encontrar los restos de esos ballesteros resolvería el misterio tras cinco siglos de incertidumbre sobre el lugar exacto donde se desarrolló esa confrontación entre los aborígenes grancanarios y los conquistadores.

«Creemos que están allí y ahora debe empezar la segunda parte del proyecto, la campaña arqueológica en los sitios que tenemos localizados para ver si se encuentran allí los enterramientos de los 300 vizcaínos de los que hablan las crónicas», manifestó Cuenca.

Sin embargo, tras finalizar hace dos meses la primera fase, aún no se sabe si el Gobierno autonómico aportará los fondos necesarios para continuar la búsqueda. «En este momento no tenemos financiación para seguir adelante, no hemos visto interés ni por parte del Cabildo de Gran Canaria ni por el Gobierno, que financió la primera fase», añadió.

El arqueólogo admitió que no espera nada del Cabildo por figurar como uno de los impulsores de la plataforma ciudadana contra el proyecto de la central hidroeléctrica entre las presas de Chira y Soria -«desde entonces nos tienen marginados y no nos dan ni agua», ironizó-, pero sí se mostró «sorprendido» por el silencio del Ejecutivo regional.

El arqueólogo Julio Cuenca en una de las cuevas exploradas. | | LP/DLP

«Es un proyecto que me encargó el Gobierno de Canarias porque yo tengo la teoría de que la Mesa del Junquillo podría ser la fortaleza de Ajodar, pero además de eso, también se deben continuar las prospecciones arqueológicas porque ese sitio forma parte del Patrimonio de la Humanidad, está dentro de las 18.000 hectáreas de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria y ya se han encontrado numerosos yacimientos de los antiguos isleños», resaltó Cuenca, quien subrayó que «lo ideal» es que sea la Comunidad Autónoma canaria la que continúe la investigación.

No obstante, también consideró que se podría sumar el Gobierno de Ajuria Enea y otras instituciones vascas para intentar desvelar ese acontecimiento histórico y rescatar los restos de los 300 vizcaínos. Por eso, ya se ha dirigido al Ejecutivo de Íñigo Urkullu y también pedirá la colaboración de la Diputación de Vizcaya. Por eso, la prensa vasca se ha interesado por la búsqueda y le ha solicitado información.

Enterramiento

«Es una montaña muy complicada por lo agreste y, aunque estamos utilizando drones, el trabajo de campo es muy complicado, porque se trata de riscos y cuevas en lugares de difícil acceso», resaltó el arqueólogo. Si finalmente se encontraran los restos de los ballesteros se abrirían muchas posibilidades, como señalizar el enterramiento para recordar uno de los episodios más cruentos de la conquista de la isla o rescatar los cuerpos y repatriarlos a Vizcaya.

Con estudios de isótopos y del ADN también se podría averiguar el lugar de origen de los 300 ballesteros e incluso buscar a sus posibles descendientes. De lo que no cabe duda, según las crónicas de la época, es que murieron Miguel de Muxica y todos los que le acompañaban y que están sepultados en algún lugar de Gran Canaria.

En el reportaje que ha dado a conocer ese hecho histórico a la sociedad vasca, Cuenca relata lo que ya adelantó a este periódico al inicio de las prospecciones en la Mesa del Junquillo, en el mes de mayo de 2011.

Tras cuatro años de escaramuzas para conquistar totalmente la isla, el gobernador Pedro de Vera preparó una campaña militar a finales de 1482 para rendir a los grancanarios que seguían resistiendo en las montañas de la cumbre. En su ejército de 1.500 hombres, unos a caballo y otros a pie, iban esos ballesteros bajo el mando de Miguel de Muxica, un hidalgo nacido en la localidad de Villafranca de Ordizia, que podría descender del linaje de la Casa de los Muxica del Señorío de Vizcaya.

Antes de embarcarse en la conquista del Archipiélago, según los estudios dirigidos por Cuenca, Muxica ya tenía alguna relevancia política y social en la corte de los Reyes Católicos por haber trabajado para Rodrigo de Ulloa, miembro del Consejo de Isabel y Fernando y regidor de la localidad zamorana de Toro.

En distintos colores, los caminos que se están investigando. | | LP/DLP

Desde 1481 había participado en la conquista de Gran Canaria y fue elegido por Pedro de Vera para formar parte del contingente que trasladó a la Península al guanarteme de Gáldar, Thenesor Semidan, para llevarlo preso ante la presencia de los Reyes Católicos.

A la vuelta de ese viaje, el antiguo caudillo de Gáldar ya se había cristianizado bajo el nombre de Fernando Guanarteme y empezó a colaborar con los castellanos para acabar con los últimos reductos de la resistencia aborigen. Y Muxica aprovechó para reclutar a los ballesteros vizcaínos, un cuerpo militar procedente de las montañas vascas que se creía el más idóneo para lanzar la ofensiva contra los canarios atrincherados en los riscos de la Caldera de Tejeda, pues hasta entonces habían resultado inútiles todos los intentos de la caballería y la artillería.

Resistencia

Según las crónicas de la conquista, estudiadas con posterioridad por Abreu Galindo o Víctor Grau Bassas, Pedro de Vera mandó primero a 400 grancanarios conquistados, al mando de Fernando Guanarteme, para que convencieran a los resistentes a rendirse, pero los rebeldes, liderados por Tazarte y Bentejuí, se negaron a aceptar las órdenes del gobernador y emprendieron una huida por los territorios más inaccesibles de la cumbre.

Pedro de Vera movilizó entonces a todas sus tropas, que desembarcaron por La Aldea y subieron por el barranco hasta la fortaleza del Bentayga, donde lanzaron el primer ataque y fueron derrotadas. En el asedio de dos semanas hubo ocho muertos y quince heridos entre los llamados «pardillos», por el color de su uniforme.

En el segundo asalto de las fuerzas del gobernador al Roque Bentayga, ya con un ejército más amplio, los conquistadores descubrieron que los canarios ya se habían ido de allí, aunque habían dejado fuegos encendidos para simular lo contrario. Se habían trasladado a la fortaleza de Ajodar, un emplazamiento que estos arqueólogos sitúan en la Mesa del Junquillo, con riscos aún más escarpados. Se trata de un macizo montañoso a 854 metros de altitud, con una cima en forma de trapezoide de 1.300 metros de largo por 600 metros de ancho y paredes verticales de casi 100 metros, con una única ruta de acceso hacia lo más alto.

El ejército castellano se dividió en dos y los ballesteros vizcaínos de Miguel de Muxica se encargaron de abrir el camino a los soldados más intrépidos, mientras el resto de las fuerzas se apostaban en un sendero por donde pensaban que iban a huir los antiguos isleños.

Relatan las crónicas que Muxica tenía órdenes de Pedro de Vera de esperar instrucciones antes de emprender el ataque a la fortaleza de Ajodar, pero desobedeció esas órdenes al ver que los guerreros de Tazarte y Bentejuí se desplazaban hacia otra parte de los riscos. Se trataba de una emboscada, pues llegó un momento en que los atacantes llegaron a un lugar en que no podían recibir apoyo y quedaron a merced de los resistentes, que desde una posición más alta les lanzaron piedras hasta matar a Muxica y a la mayoría de sus hombres.

Pedro de Vera, al presenciar la derrota, ordenó la retirada de los supervivientes hacia la playa de La Aldea, y después por barco hasta el fuerte de Agaete, y también pidió a Fernando Guanarteme que se encargara de enterrar a Muxica y a los soldados que habían perdido la vida en el frustrado asalto a la fortaleza de Ajodar. Debió hacerlo, pero se desconoce el lugar.

Puesto que la Mesa del Junquillo esta en un terreno muy escarpado, Cuenca sostiene que Fernando Guanarteme buscó una explanada cerca de donde quedaron los cuerpos esparcidos y los enterró a todos en una fosa común. Para señalizar la tumba, habría amontonado piedras. Bajo alguno de esos túmulos se espera ahora encontrar a esos 300 vizcaínos.

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