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Santa Brígida

Muere el relaciones públicas Alejandro Morales, el ‘Príncipe de la noche’

Ejerció de embajador turístico canario entre la ‘jet set’ y le dio reconocimiento al ocio nocturno

16/11/2016 SANTA BRÍGIDA. Reportaje con Alejandro Morales, el príncipe de la noche, ingresado en un centro de enfermos de aizheimer. Foto: SANTI BLANCO SANTI BLANCO

El relaciones públicas grancanario Alejandro Morales, conocido como ’el Príncipe de la noche’, falleció el domingo a los 71 años por un enfisema pulmonar en Santa Brígida, después de que en 2016 se le diagnosticara Alzheimer. Morales ejerció de embajador turístico de Canarias entre la jet set, y convirtió el ocio nocturno en todo un acontecimiento, de cuyos personajes dejó escritas sus reseñas en las crónicas sociales amables de los años 80 y 90 en las páginas de La Provincia y Diario de Las Palmas.

«Cuando estas líneas salgan a la calle, yo estaré en...». Con esta frase, y otras análogas, se despedía en sus páginas de Fin de Semana de Diario de Las Palmas cada semana a finales del siglo pasado, donde tenía una sección fija que se convertía en «Zapping’ de verano» en los meses estivales. Y siempre con un augurio de que el acto al que asistiría acabaría de forma exitosa y deslumbrante, y de las que ya se encargaría de narrar en sus siguientes textos.

La agenda del conocido ‘public relations’, como se le denominaba también en la prensa de aquella época, era muy amplia. Alejandro Morales estaba al día de la vida de los personajes canarios que residían y trabajaban en Madrid pero, sobre todo, se codeaba con personajes ilustres nacionales e internacionales.

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Muere Alejandro Morales, el 'Príncipe de la Noche'

Morales se rodeó de personalidades tan dispares de la época como Pierre Cardin, Sofía Loren, Jean Paul Gaultier, Paco Rabanne, Gunilla Von Bismarck y su ex Luis Ortiz, Norma Duval, Marlene Mourreau, la familia Banderas, Arancha del Sol, Beatriz de Orleans; Mila Ximénez; Amparo Larrañaga; y Alfonso Cabeza.

«En el acto coincidí con la condesa de Siruela, María Eugenia Fernández de Castro, encantadora, relaciones públicas de la prestigiosa firma Loewe, quien me contó que prepara fiesta por todo lo alto para el 2 de diciembre, con motivo de 20 aniversario de Loewe-Hombre, una línea masculina de reconocido impacto en la que uno de sus diseñadores es mi amigo canario Toribio, una perla en bruto para esa Casa». Sus crónicas sociales eran un reguero de nombres de personalidades.

Dejó sus crónicas sociales amables en las páginas de La Provincia y Diario de Las Palmas

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Las páginas se completaban con fotografías en las que aparecía él con sus personajes, para que quedara constancia de su estancia. Y siempre con buenas palabras para todos ellos, y dejando constancia del nombre de los locales con los que colaboraba.

Sus crónicas eran amables, al estilo de la revista Hola, y todos salían bien parados, porque siempre consideró que la lealtad formaba parte de su reputación profesional y personal. Y ese personaje que se fue forjando caló, y le permitió entrar en los salones de la buena vida, desde su Santa Brígida natal.

De Santa Brígida puso rumbo a París, limpió escaleras y se rodeó de personajes de todos los ámbitos

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La periodista Marisol Ayala señalaba en un reportaje en este periódico de 2014 algunos detalles de su «azarosa vida». Señalaba que el 26 de abril de 1971 cogió su maleta y se subió a un barco a medianoche en dirección a Barcelona, sin que su familia supiera su decisión, aunque solo fuera su primera escala. Algunos amigos fueron a despedirlo al muelle. Entre ellos hablaba del artista Pepe Dámaso, que le dijeron adiós bajo los sones de «Ponte la mantilla blanca, ponte la mantilla azul, ponte la de colorada...», para que no olvidara su tierra.

El Príncipe quería ver mundo, aunque se fuera con los bolsillos vacíos. Y siguió su rumbo hacia París, «con una tarjeta de visita de una persona que había conocido en Las Palmas, nada más».

El primer trabajo en Francia fue en un banco situado en el número 103 de los Campos Elíseos. «Sí, limpiando escaleras. Era lo que había». En esta época se hizo sindicalista de UGT, de los que encabezaban las manifestaciones, llegando a entrar en contacto con el expresidente polaco y líder sindicalista Lech Walesa.

Conoció y entabló una gran relación con el compositor Sindo Saavedra, también emigrante, coincidiendo como camareros de un restaurante localizado cerca de la sede de la famosa marca de moda Yves Saint Laurent.

La vida era apretada, pero lo llevaban bien. Y comenzó a frecuentar una conocida discoteca junto a la Avenida de la Ópera. «Allí se daba lo mejor de la alta sociedad parisina», recordaba. Y desde entonces supo adentrarse en la farándula, y conseguir una amplia notoriedad como representante de marcas y locales de moda.

Alejandro Morales logró que muchos de esos personajes cogieran sus bártulos, se subieran a un avión y volaran a Canarias para darle más lustre a sus actos y para promocionar al sector turístico. Y también fue escogido como jurado de galas como la reina del carnaval de Maspalomas.

Dejó a Paco Rabanne por el Tamarindos

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Al final decidió pasar más tiempo en su tierra, manteniéndose siempre fiel a los secretos que había ido recopilando durante años de los famosos a los que trató. La decisión la tomó tras presentar la colección de Paco Rabanne en Gran Canaria. Luego empezó a organizar los saraos del Casino Tamarindos, allá por el año 1983. Eso sí, mantuvo sus contacto con Madrid y con las ciudades en las que se requería su faceta de relaciones públicas. En su última etapa profesional estuvo íntimamente ligado a Lanzarote, a donde llevó a muchos de sus ‘protegidos’ para que promocionaran el destino.

La figura estilizada de Morales también llegó a las televisiones, cuando comenzaron los programas sociales. Y supo reciclarse y entrar también en la era digital. «El príncipe de la noche te contará la intimidad de los mejores lugares», señala su Twitter, todavía accesible, aunque su última reseña data de 2014.

Moralísimo

Y sus fiestas de cumpleaños siempre quedarán en la memoria de los que asistieron.

«Quien le abrió las puertas y le convirtió en personaje fue el diario La Provincia. 1982. Alejando comenzó a publicar una página semanal, ‘Cita de verano’ se llamaba. En ella «Ale» contaba las fiestas de famosos, sus cordiales rupturas, sus proyectos, sus nuevos novios y novias, sus lujos y el mundo rosa con sus luces y sus sombras. La página la escribía desde Madrid o París, o en la misma redacción, donde era personaje habitual hasta llegar a convertirse en un fenómeno social. Sus textos tuvieron un seguimiento brutal. El lector devoraba cada párrafo, y nuestro Príncipe de la Noche o Moralisímo, que era otra de sus firmas, escribía con gracia y un poco de ingenuidad, alcanzando tal popularidad que allá dónde llegaba firmaba autógrafos», relataba Ayala.

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