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La Provincia - Diario de Las Palmas

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In memoriam

Alejandro Morales: cuando un amigo se va…

El 'Príncipe de la Noche' era de esas personas que cuando le recordabas por alguna anécdota el primer gesto que me venía a la cabeza era sonreír

Alejandro Morales con Paloma Barrientos en La Graciosa. | La Provincia

Me llama Christian Afonso un colega del diario LA PROVINCIA para darme una información que nunca habría querido escuchar. El gran Alejandro Morales, al que conocíamos como ‘El príncipe de la noche’, nos había dejado. Estaba cansado de no recordar por esa tremenda enfermedad del olvido y su cuerpo dijo basta. Ya está en el cielo y seguro que organizando alguna fiestecita, que era lo que mejor sabía hacer. Tenía ese don de gentes que unido a su generosidad le hacía único. Tengo pocas palabras para dedicar al amigo que conocí cuando yo empezaba mi vida laboral en la revista Tiempo. Era generoso, divertido, bueno y resultaba pesadísimo cuando quería convencerme para que acudiera a alguna presentación que de primeras no tenía mucho atractivo informativo. Era tan insistente que al final iba aunque fuera a regañadientes. «Alejandro, eres tan pesado que convences». Después resultaba que siempre había una sorpresa, un personaje que era interesante aunque no fuera de primera fila, una historia que contar y en el último caso una reunión de gente divertida.

Nos juntábamos Rosa Villacastín, Beatriz Cortázar, Mariñas, José de Santiago, Enrique Suero… y nos anunciaba que estábamos convocados para un viaje a Gran Canaria, a Tenerife, a Lanzarote, donde era más que un príncipe, era el rey. Fue el mejor embajador de Canarias y presumía de serlo. Alejandro me descubrió Famara, uno de los lugares en los que seguramente si me tuviera que perder lo haría allí. Durante años en septiembre viajaba a Lanzarote, donde no me tenía que preocupar de nada porque Alejandro lo había organizado todo. En carnavales me mandaba disfraces para mis hijos y me comentaba «los de la península son feos y los niños van todos iguales. Mándame fotos de mis sobrinos», me decía. Y así era, Julia y Daniel iban perfectos y diferentes al resto de sus compañeros de colegio.

Contaba al principio que no tengo muchas palabras que sirvan en este momento para describir su vida profesional y personal, además de sus cualidades como buena persona y generoso. Sí, en cambio, muchos recuerdos compartidos que forman parte de mi vida. Alejandro era de esas personas que cuando le recordabas por alguna anécdota el primer gesto que me venía a la cabeza era sonreír. La última vez que hablé con él fue antes de la pandemia. Aún tenía recuerdos y comentarios divertidos. Tenía una memoria prodigiosa y el destino, que es así de puñetero, le quitó su arma profesional y afectiva. Siento no poder ir a velarte, querido e inolvidable amigo. Encenderé una vela y me beberé una copa de vino a tu salud. Alejandro, siempre estarás en mi vida. Te quiero.

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