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La Provincia - Diario de Las Palmas

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San Bartolomé de Tirajana
Juan Moreno Artiles 'El Boya' Propietario del Bar Playa El Boya en El Pajar

«En El Boya siempre hemos luchado por defender lo canario, sin influencias»

Juan Moreno Artiles, 'El Boya'. José Carlos Guerra

Juan Moreno Artiles (Telde, 1942) es toda una institución en El Pajar, donde regenta el Bar Playa El Boya, que este año cumple su 70 aniversario. Aunque son sus hijos quienes han asumido el peso de la gestión del negocio, a sus 80 años Juan todavía colabora ocasionalmente y no tiene intención de dar de baja a la cuota de autónomo. El Ayuntamiento reconoce su dedicación poniendo su nombre a la avenida marítima del pueblo.

La avenida marítima de El Pajar llevará su nombre. ¿Cómo lo recibe?

Con mucha sorpresa, responsabilidad y alegría, porque uno nunca se espera algo así. Me lo comunicó la alcaldesa; en una visita al pueblo me apartó y me dijo que la Corporación tenía intención de ponerle mi nombre a la avenida. ¿Merecido? No sé, son los demás quienes me tienen que enjuiciar. Yo solo sé que todo lo que he hecho ha sido con ganas y con humildad, he trabajado lo mejor posible y he tratado de ir por el camino de la verdad y la justicia; no soy mejor que nadie, ni mucho menos. Me siento muy halagado y responsable, y como vengo de una familia humilde conozco de la necesidad de otros y hay que colaborar siempre.

Llegó a El Pajar en 1956. ¿Qué le ha dado Juan al pueblo y el pueblo a Juan?

Mi padre y mi hermano abrieron en 1952 una caseta y yo llegué cuatro años después y con sacrificio y trabajo continué con el legado. Montamos un negocio y de eso hemos vivido y criado a mis hijos, así que soy yo el que está en deuda con el pueblo de El Pajar. Yo solo he puesto mi sacrificio, mi trabajo y mi voluntad, pero también hay que reconocer que tuve siempre el apoyo del barrio, ha sido un regalo mutuo.

Juan Moreno Artiles junto a su familia y trabajadores del Bar Playa El Boya. José Carlos Guerra

Llegó con 14 años para trabajar los tres meses de verano, pero se han convertido en 66 años. Menudo verano largo.

(Ríe) Yo tenía 10 años cuando estaba trabajando en una tienda en Telde, donde estuve tres años. Hasta que mi padre me dijo que tenía que bajar. Yo siempre lo eludía porque en aquella tienda estaba muy a gusto y me daban cariño, hasta que me dio un ultimátum y fue a la tienda y entró dentro del mostrador para sacarme de la oreja. En mi fuero interno yo pensaba que vendría a El Pajar por tres meses para luego irme al instituto, pero ya no volví más a Telde. Los tres meses se han convertido en 66 años, y que sean muchos más.

¿Qué recuerdos tiene de El Pajar de aquellos tiempos?

El Pajar siempre fue un paraíso. Cuando llegué me encontré un pueblo marinero y agricultor con mucha hermandad entre ambos oficios. Los marineros trabajaban por temporadas y se marchaban a Telde para las fiestas de San Juan, San Gregorio y Navidad, y en la tierra trabajaban los vecinos de la zona, en las plataneras del conde, que aún se conservan. La vida era mucho más tranquila y pausada que en Telde y había y hay mucho contacto con los vecinos. En ese contexto, mi padre empezó a trabajar como marinero y tuvo la feliz idea de traerse una garrafa de vino y venderlo a los marineros, además de marcharse a pueblos como Cercados de Espino o El Salobre a vender café, azúcar o jabón. Y ese fue el origen de lo que hoy es El Boya.

Llegó a El Pajar antes que el turismo y que la propia fábrica. ¿Cómo ha visto los cambios?

Pues es verdad. Los cambios han sido muy buenos, hemos pasado de ser un pueblo marinero y agricultor a que la gente se incorporase a la industria y el sector turístico. Los primeros turistas que llegaban aquí venían de la capital y del norte y eran los que tenían coche, porque antes el que tenía un coche para desplazarse y conocer su isla era rico. De hecho, gente que venía por entonces todavía viene ahora con sus descendientes. Por otro lado, cuando llegó la cementera tuvimos que apartar la caseta unos metros porque estaba dentro de los dominios de la fábrica y estorbaba al estar en la carretera de acceso. La apartamos y la fábrica nos dio maderas, así que eso dio pie a que el negocio creciera un poco más.

«El secreto para que el negocio lleve 70 años es el esfuerzo, el sacrificio y querer dar siempre lo mejor»

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El negocio creció y llegaron la terraza y la cerveza.

Cada vez había más movimiento y el servicio de barra pasó a dos o tres mesas, que al inicio era para que los vecinos echaran una partida a las cartas y el dominó. Pero la cosa evolucionó hasta las más de 40 mesas actuales. Cuando empezamos a servir cerveza, con el desarrollo económico, fue como dar un salto a la actualidad de entonces, porque incorporábamos una mercancía que la gente demandaba. Era un servicio más que podíamos dar y nos modernizábamos.

Tenía una libreta amarilla.

Era la libreta donde se anotaban las deudas de la gente a la que se fiaba, porque la necesidad obligaba a ser considerado. Pero al final tuve que romperla y olvidarme de eso porque yo actúo con el corazón más que con la cabeza y si sabía que alguien necesitaba alimentos no se los podía negar.

Vecinos de Juan Moreno Artiles se acercan a felicitarlo por la denominación de la avenida marítima con su nombre. José Carlos Guerra

¿Cuál es el secreto del El Boya para sobrevivir 70 años?

El sacrificio, el trabajo duro, la constancia, el querer dar siempre lo mejor. Y que mis hijos se hayan incorporado y hayan continuado con el legado de mi padre y mío. Tienen el mismo ADN y de eso me di cuenta cuando tuve que estar 15 días ingresado, porque yo me creía que era infalible pero cuando volví vi que todo estaba funcionando mejor. Así que me di cuenta de que era cuestión de ir descargando responsabilidades a las nuevas generaciones. También hemos luchado por defender lo canario y de hecho todavía hoy nuestra cocina es canaria al 100% sin dejarnos influenciar por nadie. No hacemos papas fritas ni gambas al ajillo, esa gastronomía turística, sino que hemos mantenido la línea original de mi padre con pulpo en salsa, chocos fritos o pescado, además de algún plato típico como las papas, judía y fideos. Pero estando donde estamos nuestra apuesta clara ha sido el pescado. Intentamos que el cliente que viene desde hace 40 años siga percibiendo humildad y sencillez. Y el último secreto es renovarnos a menudo haciendo inversiones para mejorar el negocio.

El Boya es sinónimo de fútbol, colaboración con los actos sociales y desarrollo económico del pueblo.

Sí, la Peña Juan Carlos Valerón se fundo aquí, ahora soy presidente de honor y sigo patrocinándola. Y siempre he intentado colaborar con el pueblo en lo que he podido. Aquí siempre ha habido trabajo y nunca he despedido a nadie, se han ido porque han querido, porque el que se porta bien tiene trabajo siempre. Hoy somos 25, pero aquí arrancaron su vida laboral guardias civiles, médicos y hasta políticos. Ahora vamos a celebrar el 70 aniversario intentando reunirlos a todos.

«Intenté no venir a El Pajar, pero mi padre fue a la tienda donde trabajaba, se metió detrás del mostrador y me sacó de la oreja»

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Su relación con los clientes también ha sido clave en un negocio conocido casi a nivel internacional.

Yo siempre he tratado de que quien venga, vuelva, darle lo mejor que tengo y que se sienta bien atendido porque el boca a boca es la mejor publicidad. Por aquí ha pasado mucha gente, y también famosos. El recientemente fallecido Alejandro Morales [El príncipe de la noche] traía por aquí a montón de artistas. Una vez Antonio Gala me pidió un folio para hacer anotaciones, pero le tuve que dar papel de envolver embutidos y lo cogió callado (ríe).

A sus 80 años no está jubilado. ¿Cuándo dará de baja a la cuota de autónomo?

Cuando llegue al cuartel (ríe).

El Boya va ya por la cuarta generación. ¿Cómo lo ve?

Con mucho cariño porque El Boya nos permite satisfacer las necesidades económicas de toda la familia. Es un orgullo que la saga continúe y poder contribuir al bienestar familiar.

Juan Moreno Artiles frente a su bar en la avenida marítima de El Pajar que llevará su nombre. José Carlos Guerra

¿Cómo ha vivido la pandemia?

Ha sido un reto empresarial que después de dos años aún estemos en pie porque muchos negocios se han quedado por el camino.

¿Está satisfecho?

Mucho. Tengo una mujer y unos hijos maravillosos. Siempre he trabajado con ilusión y sacrificio, pero con muchas ganas para sacar adelante a mi familia. Estoy orgulloso de lo que he hecho.

¿Algún sueño por cumplir?

Que mis hijos, mi esposa y yo tengamos salud. Que se cumplan todos sus deseos es mi mayor satisfacción. Deseo que sigan trabajando que es lo único que queremos, porque no tenemos fincas y este es nuestro único sustento. 

¿Hacia dónde quiere llevar a El Boya?

Solo quiero seguir y ya tiene continuidad con mis hijos y mi nieta. Nuestro objetivo es trabajar, trabajar y trabajar. Así que habrá que mantener el bar, cuidarlo y darle cariño, porque este es el embrión de toda la familia.

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