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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Mogán

Antonio Medina 'El Piquino', el costurero del mar

El marinero retirado dedicó su vida a la pesca y fue especialista en el tejido de las redes - A él acudieron cientos de pescadores

Antonio Medina 'El Piquino' con una maqueta del María del Mar, el que fuera su barco de pesca. ANDRES CRUZ

Antonio Medina Santana El Piquino (Telde, 1935) trabajó durante años como costurero de redes de pesca y se ganó el respeto de cientos de marineros. La red más grande que arregló tenía entre 300 y 400 metros. «Eso era de una punta a la otra del muelle de Arguineguín», recuerda. Yla terminó en una semana.

«Yo llegué de Telde a Arguineguín porque me trajo el viejo mío; él era pescador y me dijo que bajase para la playa para que aprendiese a jalar los chinchorros porque hacían falta seis hombres por cada banda para que la barca saliera derechita para tierra. Yo no tenía ni idea, y de repente un día, no hacía mucho tiempo que había bajado, un primo mío se calentó porque le tocaba coger los remos, así que mi cuñado, que era el patrón y dueño de la red, me dijo que si iba yo. Así que de repente salí yo remando y arrastrando la red allí por la playa de Tarajalillo». Eso fue con 18 años y hoy, con 87 años, Antonio Medina Santana, alias El Piquino, se enorgulleces cuando recuerda y habla de su vida como marinero y como reconocido especialista en el tejido de las redes que los pescadores utilizaban para faenar. Llegó a Arguineguín hace 69 años para pescar por todas las playas de la zona sur, desde Mogán a San Bartolomé de Tirajana, y le gustó tanto que no se movió de allí.

Antonio, que heredó su apodo de su madre, a la que los pescadores conocían como Carmen La Piquina porque cogía los pescados pequeños y decían que iba «picando», empezó a trabajar en la mar con apenas 10 años para ayudar a su padre, y en ese sector pasó los siguientes 65 años, primero como trabajador y luego como jubilado que continuó manteniendo vínculos con la pesca. 

Antonio Medina Santana 'El Piquino' en su casa de Arguineguín. ANDRES CRUZ

Este marinero, que acaba de ser la imagen del cartel de las fiestas del Carmen de Arguineguín, faenó primero en embarcaciones ajenas, hasta que se compró la María del Pilar, mismo nombre que le puso hasta a seis barcos a medida que los fue sustituyendo. El mar era su vida y trabajaba por las playas de Patalavaca, Tiritaña o Taurito, y se reconoce objeto de muchas envidias. «Muchos marineros de aquí me tenían coraje por la sencilla razón de que iba a pescar y siempre parecía que me cuadraba coger más pescado que a otros, pero es que era unos envidiosos, porque yo no estaba robando, solo trabajando», señala Antonio, «Dios le daba la suerte al que se la merecía».

Su labor como marinero la compaginó durante años con la de costurero de las redes de pesca, un trabajo que aprendió de su padre. «Es una actividad que heredé porque siempre lo veía agachado cosiendo y yo siempre le echaba el ojo. Y mientras iba aprendiendo también lo ayudaba a mantener y tensar las redes para que él pudiera coserlas bien», relata.

Poco a poco, el tejido de las redes se fue convirtiendo en una actividad que empezó a darle de comer. Y lo hacía tan bien que hasta él acudieron pescadores de toda la isla e incluso desde Tenerife. «Aquí venía muchísima gente para que le cosiera las redes, muchas de ellas desde Tenerife con artes de 300 y 400 metros. ¡Eso es de una punta a la otra del muelle de Arguineguín e incluso sobraban 20 o 30 brazadas de lo larga que era!», rememora. Aquella red era tan larga que la gente se sorprendía. «Me preguntaban si aquello lo iba a coser yo y cuantos meses iba a tardar, y yo les decía que una semana y no se lo creían», cuenta, «pues venga usted en una semana y verá la red en una esquina amontonada, les respondía». Algunas personas llegaron a desconfiar de Antonio porque trabajaba con rapidez.

Antonio Medina ha sido la imagen del cartel de la programación de las recientes fiestas del Carmen de Arguineguín

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A la labor del tejido de las redes El Piquino le dedicaba mañana, tarde y noche. «No había malla que no entrase por la agujilla que yo tenía para coser». Y no había truco para la costura de la red y la colocación de la boya, el plomo o el paño. «El único truco que había era sentarse a hacerlo centrando la cabeza en eso, y tener maña, claro», añade.

Durante su etapa como tejedor Antonio enseñó a varios marineros a coser «pero a pocos, porque a los pollillos nuevos no les gustaba, preferían el gandulismo y estar en la playa». En la actualidad, cuenta, el oficio se mantiene porque «ahí al menos escapan una o dos personas trabajando y ganan todo el dinero que quieren».

Antonio dice que él no cobraba ni ponía precio a su trabajo, solamente esperaba la voluntad de quien le encargaba el arreglo de sus redes. «Mucha gente se aprovechó y le echaba mucha cara, eran unos sinvergüenzas; pero otros no, llegué a cobrar por una red 30.000 o 40.000 pesetas después de hacer un trabajo importante».

Antonio Medina Santana 'El Piquino' en su casa de Arguineguín. ANDRES CRUZ

Antonio dedicó su vida al mar, aunque en su curriculum también guarda su paso por el mundo del boxeo cuando, a los 20 años, hacía la mili en Lanzarote. «Un amigo me dijo que si quería bañarme todos los días me metiera en el boxeo y así también ganaba algo dinero», recuerda, «yo nunca había boxeado y la primera vez me pusieron con un tal Bonifacio que era tres veces más grande que yo, porque yo era un fideo; yo no sé si él tenia miedo o qué paso que le di un puñetazo y se formó tremendo sangrerío. Esperé a ver si se levantaba pero no, estaba KO y gané yo. Mi primera pelea y gané».

El Ayuntamiento de Mogán ha reconocido el trabajo de Antonio dando su imagen al cartel de las recientemente celebradas fiestas del Carmen de Arguineguín. Él está más que orgullo, pero también molesto. «Vinieron a sacarme la foto pero luego no me dieron ni las gracias ni tampoco me pagaron; oye, pero nada de nada», cuenta con humor.

Antonio ha soportado en su cuerpo cientos de millas náuticas para pescar y en sus manos otras tantas redes tejidas para los pescadores de la isla. Hoy, rodeado de sus hijos, el artesano del mar mira al pasado satisfecho con la vida que le ha tocado vivir.

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