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Barrios del Sureste, pasado y presente (IV) | Sardina

De la labranza a los inmuebles

Sardina, en Santa Lucía de Tirajana, tiene un pasado muy ligado a la agricultura, que es ahora actividad testimonial | Muchos prefieren vender sus terrenos para edificar

Una de las calles principales del pueblo de Sardina en la década de los 60 del pasado siglo XX. | M. Á. M. /

«Sardina se ha convertido en una ciudad dormitorio. Entre el 80 y 90 por ciento de sus vecinos trabaja fuera. Es un lugar tranquilo y donde se vive con un ambiente rural. Su población ha envejecido bastante y su casco histórico está despoblado», añade Juan Bolaños, de 74 años, que nació en Sardina, «como también lo hicieron al menos mis padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos». La historia, en general, y sobre su municipio es una de sus pasiones.

«El pueblo ha perdido su personalidad e identidad. De la pequeña labranza, se ha pasado a los garajes e inmuebles. Muchos esperan vender el terreno a quien lo pague bien. Es cierto que, además de algo de agricultura, hay la iniciativa del huerto urbano, que lo aplaudo, pero todo es testimonial y satisface las necesidades personales de la generación anterior a la mía y la otra», agrega.

A juicio del vecino, a Sardina le ha perjudicado en gran medida « el plan general de ordenación del territorio del municipio que se aprobó en 2.000 con los principios de llegar a los 100.000 habitantes y de convertir todas los suelos en urbanos. «Por eso se dejará de cultivar y de vivir de la tierra», lamenta.

La calle Policarpo Báez [primer párroco de la iglesia], una calle principal del casco antiguo de Sardina, la semana pasada. | FONDO FOTOGRÁFICO DE LA FEDAC / M. Á. M. / F. F. DE LA FEDAC

Juan Bolaños es el segundo hijo de José Bolaños Morales, que murió a los 56 años, y Agustina Domínguez Morales, que vivió hasta los 95 años. El progenitor fue soldado y mutilado en la Guerra Civil, y los dos montaron una tienda de aceite y vinagre. Los otros hijos son: Jesús José, Antonio Vicente, Agustín y María del Rosario (fallecida a los 53 años) Bolaños Domínguez. Los abuelos paternos fueron: Juan Bolaños Rodríguez y Rosario Morales Artiles; y los maternos: José Domínguez Morales y Celestina Morales Artiles.

Juan Bolaños Domínguez estudió en el colegio La Salle (Agüimes), en el instituto Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria y luego en otro centro de secundaria de Valladolid, y se formó en Magisterio en la universidad vallisoletana. Y después trabajó como profesor en distintos centros como Barrio Costa, en Las Majoreras (Ingenio); El Tablero (San Bartolomé de Tirajana); en Casa Pastores y en La Paredilla (ambos en Santa Lucía de Tirajana).

«Los sardineros y sardineras fueron los primeros en elegir Pozo Izquierdo para pasar el verano. En los años 30 [del pasado siglo], mi abuelo ya iba para allá cuando hacía mucho calor. En los años 50 ya pasaban temporadas en verano entre 20 y 30 familias», recuerda Bolaños Domínguez.

Historia

Los Llanos de la Vega de Sardina era el nombre histórico del territorio que se encuentra entre los barrancos de Tirajana y Balos, en el municipio que se denomina a partir del siglo XIX Santa Lucía de Tirajana. Se trata de una amplia llanura, también denominada Costa, formada por los sedimentos evacuados por el barranco en la formación de la Caldera de Tirajana. Esta caldera no es volcánica, sino sedimentaria. Esa llanura, que también incluye Arinaga y Juan Grande, ganó, por los sedimentos, ocho kilómetros de longitud y unos 500 metros de profundidad en el mar. Sardina es la población más antigua de esa llanura.

Respecto al nombre de Sardina, procede muy probablemente del navegante portugués Juan de Sardinha [apellido que se traduce como Sardina en español], el cual era un experto en la producción azucarera y que arribó a finales del siglo XV a Gran Canaria. Cabe recordar que los portugueses eran en esa época unos expertos en la instalación de los trapiches e ingenios azucareros.

En los repartimientos de las tierras de la Isla, entre finales del siglo XV e inicios del XVI, finalizada la conquista de la Isla, se planteó la concesión de un ingenio azucarero. Se concedió la licencia a Lorenzo Palenzuela para hacer una acequia desde el barranco de Tirajana a las tierras que el Cabildo le había dado en Sardina para hacer un ingenio. Sin embargo, en el caso de Sardina, no se tienen noticias de que ese ingenio se llegara a construir, al no encontrarse restos arqueológicos, ni escritos.

De la labranza a los inmuebles

El hecho de que exista otra población con el mismo nombre de Sardina en el municipio de Gáldar, tiene una explicación. Según los defensores de esta hipótesis: Juan de Sardinha no había llegado solo, sino al menos con un hermano que consiguió tierras en la citada zona del Norte.

El nombre oficial de los dos núcleos poblacionales es Sardina, a secas, y no del sur o del norte. Una diferencia entre ellas es que la primera, la del sureste, está a algo más de siete kilómetros de distancia de la costa y la segunda, la galdense, se halla en el mismo borde del mar.

De la labranza a los inmuebles

En relación a la ubicación de Sardina, la de Santa Lucía de Tirajana, tiene al norte La Blanca y el municipio de Agüimes con el roque Aguayro en la linde; al este, Orilla Baja, Doctoral y Pozo Izquierdo; al oeste, la Cumbre, y al fondo el casco de Santa Lucía y La Sorrueda; y al sur, el barranco de Tirajana y el municipio de San Bartolomé de Tirajana.

En Los Llanos de la Vega de Sardina hubo varios yacimientos arqueológicos que explican en parte las actividades económicas de los canarios aborígenes y también del uso dado al territorio. Los Letreros de Balos explican la existencia de pastores y la extracción de piedras para la confección de molinos, señala la existencia de algún tipo de agricultura rudimentaria. Los enterramientos en la Punta del Corral (Pozo Izquierdo) indica la utilización de la costa para la práctica del marisqueo, y que la existencia de concheros es significativa en el lugar.

Sardina comienza a poblarse de forma casi clandestina en la primera mitad del siglo XVI. Los primeros pobladores lo hacen sin título de propiedad [tierras realengas]. A principios del siglo XVII cae el comercio del azúcar, y ya no suponen trabajo los ingenios, ni los cultivos de los azucareros. Este acontecimiento provocó que mucha población del Señorío de Agüimes fuera hacia las tierras del sur, a Los Llanos, para encontrar una oportunidad para escapar de la pobreza. Las orillas de los barrancos, fuentes y nacientes de agua eran utilizados para desarrollar una agricultura de consumo interno que sirviera para escapar.

Conflictos por la tierra

Durante ese siglo XVII abundan los conflictos con la Corona, exactamente entre el Concejo de la Isla y los colonos del sur. La propiedad de la tierra es ahora el motivo de la pugna. El canciller de Arinaga pretende subastar las tierras, pero ante la negativa general. Se llega al acuerdo de poner las tierras a censo. Es decir, se pueden cultivar, pero se paga a la Corona.

Juan Alonso Romero, alcalde real de Agüimes, y Lope Franco construyen acequias que darán origen a la fundación a las Heredades (1617), concretamente a la Heredad Acequia Alta de Sardina y Aldea Blanca.

En el siglo XVIII se planea construir una ermita, pero la pobreza de los habitantes no lo permite. El conflicto que se conoce como Motín de Agüimes y de Las Palmas, en 1718, se originó por los repartos (datas) de las tierras de Sardina.

Hay dos caminos que fueron muy transitados e importantes, y que pasaban por Sardina: el de las salinas, desde la capital y llegaba a las salinas de Pozo Izquierdo y las de Punta Tenefé; y el camino de la Madera, que era por el que se transportaba la madera producida en los pinares de Amurga hacia el muelle de La Madera de Telde.

Tras la disolución del Señorío de Agüimes y la creación de los tres municipios, a partir de 1815, Sardina contaba con 69 familias y una población total de 322 vecinos en 1818.

A finales de ese siglo y comienzos del XX, comienza a introducirse el cultivo del tomate para la exportación en parte de la Isla, sobre todo en el sureste y en el sur, y se labran también más tierras.

En 1912 se construye en Sardina la primera nave de empaquetado de tomates, aún en pie, junto a la antes llamada calle Real, y ahora León y Castillo. En 1915 se concede la parroquia bajo la advocación de San Nicolás de Bari, siendo el primer párroco Policarpo Báez Marrero. En 1925 se crea la carretera general al Sur y que atraviesa lo que antes se llamaba los Llanos de la Vega de Sardina. Hay una gran afluencia, una de las que hubo también después, de personas en busca de trabajo y de un mejor futuro, que eran procedentes de la Cumbre y Medianías de Gran Canaria, como de las Islas de Lanzarote y Fuerteventura.

Sardina ya consigue 2.300 habitantes en 1950, superando a la población del pueblo de Santa Lucía que siempre era mayor que la de la costa. En 1965, ya eran en torno a 15.000 personas en Vecindario y unos 4.500 en Sardina. Los molinos de vientos, minas y galerías se hacen insuficientes para dotar de caudales de agua a la aparcería. Almacenes y cuarterías proliferan por estos campos para albergar y dar trabajo a miles de aparceros que poco a poco se van estableciendo en el territorio.

En los años 60 surge el sector del turismo, y Sardina, como toda la llanura, se convierte en el gran poblamiento de trabajadores de esta nueve fuente económica. En esa década se construye la presa de La Sorrueda para aportar agua a los menguados caudales existentes. Además, el comercio y la construcción tiene un gran auge a lo largo de la carretera del sur. Las zonas marginales de Vecindario, El Doctoral, Cruce de Sardina y Sardina, entre otras, se consolidan como asentamientos poblacionales urbanísticos a partir de la Democracia.

En la plaza de Sardina están en pie la primera escuela construida en los años 50 y la casa del Maestro. En la actualidad, Sardina tiene unos 5.600 habitantes de los más de 74.000 con los que cuenta el municipio.

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