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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Guía

Tambores contra cigarras en la fiesta de Las Marías de Guía

La procesión y romería rememora el ‘Voto de Vergara’ para acabar con una plaga de langosta

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Procesión y romería de la fiesta de Las Marías Juan Carlos Castro

El estruendo de 130 tambores y de medio centenar de caracolas inundó ayer las calles de Guía para revivir una tradición que se remonta a 1811, cuando los campesinos hicieron una promesa a la virgen para acabar con la plaga de langostas que arruinaba sus cultivos. Tras la misa y la procesión, una romería con 15 carretas tiradas por bueyes puso el punto y final a Las Marías, una fiesta de tres días tan corta como intensa.

El estruendo de 130 tambores y de medio centenar de caracolas inundó ayer las calles de Guía para revivir una tradición que se remonta a 1811, cuando los campesinos hicieron una promesa a la virgen para acabar con la plaga de langostas que arruinaba sus cultivos. Tras la misa y la procesión, una romería con 15 carretas tiradas por bueyes puso el punto y final a Las Marías, una fiesta de tres días tan corta como intensa.

Las únicas cigarras que se vieron ayer por Santa María de Guía fueron las figuras de madera que colgaban en los balcones y las que llevan como joyas las imágenes de la virgen y el niño, por un resorte en los dedos para dar la sensación de que los insectos se están moviendo. Tampoco apareció la lluvia por el norte de Gran Canaria, sino más bien un sol de justicia, lo que ayudó a resaltar el colorido de las casas engalanadas para la fiesta, al igual que el pórtico de la iglesia, repleto de flores, banderas, panes y ramilletes de pimientos rojos. 

Ese es el escenario que encontraron desde primera hora de la mañana los centenares de asistentes a Las Marías, con una larga jornada por delante. A las 10.30 horas comenzó la fiesta con el paseo de los animales que participaron después en la romería, para que fueran conociendo el recorrido por calles estrechas, empedradas y algunas empinadas. 

La salida de la imagen de la iglesia se recibió con un atronador ruido de campanas, caracolas y tambores

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Tras la eucaristía oficiada por el reverendo Roberto Rivero, que incluyó una misa canaria cantada por la Agrupación Folclórica Roca Canaria de Sardina del Sur, se inició lo que es la esencia esta tradición de 211 años, guardada celosamente por los Mayordomos de Las Marías. Uno de ellos, Juan Castellano, de 77 años de edad y procedente de Casas de Aguilar, esperó la salida de la imagen de la virgen en las escalinatas de la iglesia, sosteniendo un pitón de tres metros del que colgaban calabacines, pimientos, tomates, aguacates, zanahorias, manzanas, tomates, berenjenas, habichuelas, granadas y mandarinas. 

Mayordomos

«Todo lo que encontré en la finca», aseguró orgulloso de pasarle el testigo al mozalbete que tenía a su lado, su nieto David. Tras 40 años como mayordomo, Castellano consideró que «ya es hora» de sus descendientes le releven en la tarea de conservar estas costumbres. 

A pocos metros, Salvador Suárez, octogenario y residente en el propio casco urbano, aguardó el final de la misa con otra rama repleta de frutas y hortalizas. Comentó que no es mayordomo, pero que acude a Las Marías «desde que tenía ocho o nueve años». Más allá, un grupo de vecinos portaba un nisperero casi entero, también cargado de ofrendas. 

En la explanada frente a la iglesia, desde antes del mediodía ya se escuchaba el sonido de decenas de caracolas, con los sopladores aún calentado el labio. Con los zapatos en la mano, Idaira Morales y varias jóvenes de su familia también esperaron «con mucha ilusión» la salida de imagen, para acompañarla, descalzas, durante toda la procesión.  

A las 12.20 horas llegó el momento más esperado por los participantes en la fiesta, la salida de la imagen para el inicio de la procesión, con el trono cargado a hombros por 12 jóvenes y este año con el manto verde. En ese momento, mientras caen pétalos de las torres del templo, el ruido a todo trapo de las campanas, las caracolas y los tambores ahuyentaría a la cigarra más atrevida.  

Una comitiva de unos 130 tambores, la mayoría portados por mujeres de todas las edades, encabezó la procesión de la imagen por el casco antiguo de Guía, desde el pórtico de la iglesia hacia las calles Luis Suárez Galván, Canónigo Gordillo, San José, Médico Estévez y Marqués del Muni.

Detrás de los tambores fueron las caracolas y escoltando el trono los Mayordomos y los sacerdotes. En una de las paradas, frente a la Bodega de la antigua carretera general, un grupo folklórico le dedicó unas canciones. 

Al volver al frontis del templo se repitieron los redobles de tambores y el lanzamiento de pétalos de flores, para dar comienzo de inmediato a la romería. La ofrenda de las Marías tiene una horario poco habitual en este tipo de festejos, justo a la hora del almuerzo, por lo que los romeros van comiendo al tiempo que recorren las calles y esperan su turno para llegar ante la imagen de la virgen.

Pedro Rodríguez: «Los guienses de ahora estamos obligados a perpetuar intacta esta tradición de 211 años»

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Este año participaron 15 carretas tiradas por yuntas de bueyes y otras tantas empujadas por vecinos o colectivos sociales. Las tres primeras fueron las de los ayuntamientos de Guía, Gáldar y Moya. A continuación las de los barrios y localidades de medianías y cumbres. 

Pedro Rodríguez, alcalde de Guía, mostró la satisfacción de los guienses por el alto número de participantes en el día grande de las Marías, como ocurrió también el sábado en la Bajada de la Rama. «Estamos muy contentos por el respeto de la gente hacia esta fiesta votiva, porque no hay que olvidar que se trata de rememorar el Voto de Vergara de hace más de 200 años, algo que los que los guienses de ahora tenemos la obligación de perpetuar», declaró el alcalde a su paso por la calle Canónigo Gordillo, donde los romeros se pararon a comer, beber y observar una exhibición del salto del pastor desde una de las azoteas. 

Aunque se esperaba algo de lluvia, otra forma de acabar con las plagas de langostas y con la sequía, durante toda la jornada solo aparecieron algunas nubes altas, cuya sombra se agradeció. Pasadas las cuatro de la tarde depositaron sus ofrendas las últimas carretas. Hasta el próximo año.

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