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San Bartolomé de Tirajana

Maspalomas Costa Canaria, 60 años de éxito

El 15 de octubre se celebran seis décadas desde que el conde clavase la estaca que dio inicio a la construcción de la ciudad turística

El restaurante La Rotonda y los apartamentos Los Caracoles, primeras construcciones de San Agustín, en 1965. Günter Kunkel/Fedac

Ulises Medina es uno de los aparejadores del estudio de Manuel de la Peña que participó en la redacción de las bases del Concurso Internacional de Ideas Maspalomas Costa Canaria y recuerda aquella etapa como un «boom». «Todo el mundo se puso a construir y tuvimos escasez de mano de obra».

«Los días de nubosidad y lluvia son tan escasos que en la propaganda de los hoteles que se construyan en aquel lugar podría incluirse, sin temor a ninguna pérdida sensible, el ofrecimiento de no cobrar servicio alguno los días sin sol». No hay constancia de que algún hotel lo hiciera, pero desde luego esta afirmación incluida en el libro Maspalomas Costa Canaria 1961, el documento que establecía las bases del Concurso Internacional de Ideas Maspalomas Costa Canaria, da buena muestra de lo que pretendía aquella idea que desde 1959 empezó a rondarle al conde de la Vega Grande, Alejandro del Castillo y del Castillo: impulsar los terrenos de su propiedad en Maspalomas y vender sol.

Construcción de apartamentos en San Agustín, en 1970. Günter Kunkel/Fedac

Y así lo hizo público el 8 de noviembre de 1960: «Dijo el señor conde que era un deber por su parte dotar a aquella zona de comodidades que la hagan atractiva y que de hacerlo así cree que colaborará de manera decisiva al fomento del turismo en la isla, que no recoge sino un porcentaje muy pequeño del que podría absorber y que además del sol y la playa hay que dotar a Maspalomas de las distracciones necesarias de todos los lugares hacia los que el turismo se vierte y que para ello no basta solo con edificar un hotel sino que hace falta mucho más. De ahí que al pensar en Maspalomas se haya hecho pensando en el mañana y no limitándose a una estrecha zona de playa sino a toda la línea costera que va desde SanAgustín a Arguineguín e incluso a los terrenos que forman su espalda», señala la crónica del Diario de Las Palmas de aquella jornada. Y todo eso quería impulsarlo en una franja costera de 17 kilómetros y 2.000 hectáreas de suelo. Aunque desde entonces (poco) ha llovido, el próximo 15 de octubre se conmemora el 60 aniversario desde que el conde clavase en San Agustín la estaca que dio inicio a las obras de la gran ciudad turística del sur.

El primer premio del Concurso Internacional de Ideas recayó sobre el estudio francés S.E.T.A.P.

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«El origen de todo fue el encargo que nos hizo el conde para construir un conjunto de viviendas en San Fernando, lo que luego se denominó el poblado, con una iglesia, un patio y una zona infantil, y con el inicio de la relación es cuandoAlejandro del Castillo nos encarga en 1959 la preparación y posterior convocatoria del concurso de ideas», recuerda Ulises Medina, quien fuera aparejador del estudio de arquitectura de Manuel de la Peña y su mano derecha durante 50 años. A sus 89 años, Medina es memoria viva de los inicios del destino turístico que hoy es Maspalomas, y cuando recuerda su mirada refleja la añoranza de un hito del que formó parte.

«Siempre buscamos que el concurso fuese internacional y para conseguirlo había que buscar primero a un jurado internacional», rememora el aparejador. Ese tribunal calificador estaba conformado por el arquitecto holandés J.H. van der Broek, el francés Pierre Vagó, el italiano Franco Albini, los españoles Luis Blanco Soler y Antonio Perpiñá Sebriá, y el propio Manuel de la Peña, que actuó como secretario del jurado. «Era un tribunal totalmente independiente de canarios para que no hubiese ninguna influencia», señala Medina.

El aparejador Ulises Medina en el jardín de su domicilio junto a una obra de Martín Chirino. José Carlos Guerra

En el concurso, convocado en 1961, participaron más de 140 arquitectos de todo el mundo, pero solo se aceptaron 78 propuestas. Finalmente, el primer premio recayó sobre el grupo francés S.E.T.A.P y consistía en 6.000 metros cuadrados en la zona residencial, 300.000 pesetas en metálico, viaje de ida y vuelta desde el país de origen y estancia en Gran Canaria durante treinta días; el segundo, que obtenía 4.000 metros cuadrados de terreno en la zona residencial, 200.000 pesetas en metálico y viaje quedó desierto, mientras que el tercero lo obtuvo el belga J. van den Bogaerde (Bélgica) y consistió en 3.000 metros cuadrados, 100.000 pesetas y el viaje. El triunfador, Michel Weill, director de S.E.T.A.P, llegó el 18 de febrero de 1962 a Gran Canaria y en declaraciones al Diario de Las Palmas explicó que participó por «la grandiosidad del proyecto y porque era la primera vez en el mundo que se proporcionaba a los participantes un conjunto tal de antecedentes que nos permitía compenetrarnos con el paisaje y la climatología, es como si hubiésemos nacido en las dunas. Nunca en América o Europa se puso a nuestro alcance una información tan completa».

Maspalomas estaba vacía y había que crear una ciudad desde cero. «Había que desarrollar la zona de San Fernando, donde ya habíamos comenzado, y además también había que ir planificando el futuro de Vecindario, Ingenio y Telde porque sabíamos que iban a crecer en población; no solo veíamos Maspalomas, sino todo lo que eso arrastraría consigo», relata Ulises Medina.

Las primeras obras de San Agustín fueron el restaurante La Rotonda y los apartementos Los Caroles, de De la Peña

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El 15 de octubre de 1962 Alejandro del Castillo y del Castillo clava en San Agustín la estaca que simboliza el inicio de las obras, pero la ocasión casi se queda sin brindis. «Cuando ya estábamos allí nos dimos cuenta de que no teníamos champán, y claro allí no había nada y menos iba a haber una tienda, así que el aparejador Fernando Cardoso tuvo que coger el coche y marcharse a Telde a buscar una botella; eso demostraba el lugar donde estábamos», cuenta.

El inicio de la urbanización arrancó con la obra de la rotonda de San Agustín y a partir de ahí empezaban a diseñarse las calles y delimitarse las parcelas y comienza a levantarse el restaurante La Rotonda y los apartamentos Los Caracoles, ambos proyectos de Manuel de la Peña que dan el pistoletazo de salida al incipiente desarrollo turístico. «Eso fue lo primero que se construyó para que los promotores suecos que venían a invertir tuvieran dónde comer y alojarse, y ese fue además el germen de la Nueva Suecia», añade el aparejador, «y a la vez empezaron a construir pequeños inversores canarios en todas las parcelas que están debajo del hotel Folías». Un hotel, el primero del sur, que se inauguró en 1965 y que lideró el empresario Francisco Díaz Casanova de la mano de Manuel Montenegro, Manuel de la Peña, Manuel Álvarez, Pedro Hernández, Arístides Jaén, Fernando Cardoso y el propio Ulises Medina. «Fue importante porque era la primera gran inversión de canarios en el Sur, nos preguntaban si estábamos locos porque todos pensaban que la solución estaba en Las Palmas de Gran Canaria, pero en pocos años hubo unas traslación brutal del turismo hacia Maspalomas y de las 80 habitaciones del Folías hubo que empezar a levantar hoteles de 200 habitaciones y en eso influyó mucho la creciente capacidad de los aviones».

Página del Diario de Las Palmas del 9 de noviembre de 1960 en la que se informaba de la idea del conde de convocar el concurso de ideas. LP/DLP

Cuenta el aparejador que desde el estudio de Peña se iba controlando que se cumplieran todas las normas urbanísticas establecidas en el concurso, «pero cuando el Ayuntamiento toma las riendas con su propio cuerpo técnico aquello se desmadró un poco». 

Después de los primeros complejos en San Agustín, la ciudad turística empieza a crecer por el entorno del Oasis, cuyas obras del hotel se iniciaron en 1967 y de allí a Playa del Inglés. Allí se comenzó con los edificios de las inmediaciones del Templo Ecuménico y con el propio templo, que se inauguró en 1971. «Ya había muchos promotores construyendo para vender apartamentos a extranjeros, no para explotarlos como hoy en día», relata el aparejador, «se empezaron a levantar decenas y decenas de apartamentos, aquello fue un boom, todo el mundo quería construir». Pero no todo el monte fue orégano porque tal crecimiento llevó a la escasez de mano de obra cualificada. «Se echó mano de la gente que procedía de los tomateros, que ya iban desapareciendo, y ellos no tenían la formación necesaria», cuenta Medina, «los técnicos lo pasamos realmente mal porque ellos no conocían los materiales y siempre debíamos estar atentos a que nadie metiese la pata». Eso obligó a que tuvieran que llegar empresas de fontanería o electricidad desde Península.

Página del Diario de Las Palmas del 19 de febrero de 1962 que informaba de la llegada de uno de los ganadores del primer premio. LP/DLP

Sostiene el aparejador que Maspalomas Costa Canaria fue un referente para otros destinos, aunque con el paso del tiempo las cosas se han ido torciendo. «Hoy entras por la Avenida de Tirajana y los bajos de los hoteles son todo comercios y eso no lo contemplamos, para eso están los centros comerciales», dice, «¿por qué se vienen abajo Kasbah y Metro? Porque tienen competencia en los edificios». El proyecto inicial del destino protegía además el Campo Internacional. «Se contempló un campo de golf y unos bungalós alrededor, pero no todo lo demás porque al ser una ozona de barranco se consideró que no era idónea para edificar; ese fue otro desmadre», añade.

Han pasado 60 años desde aquella primera estaca y hoy Maspalomas se posiciona como destino líder en Europa. «Hoy no me imagino la isla sin Maspalomas porque la influencia ha sido tremenda y el turismo es nuestra principal fuente de vida», señala Medina, «eso sí, hay que hacer una buena inversión en Playa del Inglés para renovar», sentencia.

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