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El último intento por rescatar el balneario en estado ruinoso

Empresarios alemanes querían invertir 900.000 euros hace 22 años en la fonda de Azuaje para recuperar el turismo termal

El libro expone un proyecto promovido por invesores alemanes, para rehabilitar el abandonado hotel de Azuaje. | | LP/DLP

El hotel Azuaje se encuentra dentro de la Reserva Natural, y está inventariado en el Patrimonio Etnográfico del Cabildo. Fue construido en 1890 por una sociedad mercantil, y lo adquirió el industrial tabaquero Santiago Gutiérrez en 1926, siendo el quinto dueño. Al fallecer pasa a sus viuda y a sus 10 hijos como herederos, hasta la actualidad, en manos de nietos.

«El estado es lamentable», recoge el informe etnográfico, que recomienda «la limpieza y restauración total del conjunto». La nieta del empresario y coheredera de la propiedad, Rosario Gutiérrez, reconoce que han intentado darle una nueva vida, pero se han encontrado impedimentos, mientras los ladrones siguen desmantelando esta propiedad y la imagen del hotel sigue decayendo.

En el último intento, un equipo de arquitectos de Alemania redactó un proyecto en el año 2000 para construir un moderno edificio sobre el viejo hotel (no para la zona de las aguas que es de otra familia y está en el lado del barranco de Moya), para darle los días de gloria de antaño. El proyecto no prosperó, porque suponía ampliar la oferta de camas para poder garantiza una rentabilidad económica a sus promotores, aunque la instalación sigue deteriorándose y presenta una pésima imagen para su entorno natural.

La idea, de la que se habla en el libro sobre la historia del empresario nacido en Agaete y con familiares en Guía, contemplaba 89 habitaciones y 200 camas, el doble aproximadamente que el actual, con varios restaurantes y bares, una sala para actuaciones y un centro wellness y fitness vinculado al sector termal y curativo, «dado que la inversión no se amortizará solamente con las instalaciones gastronómicas». Iba a tener una categoría de cuatro estrellas, con siete suites de 40 metros cuadrados cada una, con zonas de invernaderos, unas cuevas-bar, local de terrazas, salas de televisión y de estancia.

La inversión en el «moderno edificio» hace 22 años se estimaba en 1,5 millones de pesetas (900.000 euros).

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