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Santa María de Guía

30 viviendas situadas a dos kilómetros del casco histórico de Guía carecen de alcantarillado

"No pedimos un campo de fútbol, ni una plaza, sino un servicio básico», lamentan los vecinos del barrio de Ingenio Blanco

Algunos de los vecinos del barrio de Ingenio Blanco de Guía que luchan por el alcantarillado municipal.

Algunos de los vecinos del barrio de Ingenio Blanco de Guía que luchan por el alcantarillado municipal. / LP / DLP

Javier Bolaños

Javier Bolaños

«No pedimos un campo de fútbol, ni una plaza, ni siquiera un banco para sentarnos, que también podríamos pedirlo. El problema es que no somos visibles». Unos 70 vecinos del barrio de Ingenio Blanco Bajo reclaman desde hace años su red de alcantarillado, pese a que este núcleo rural de 30 viviendas apenas está a dos kilómetros del casco histórico de Guía. De momento solo se topan con impedimentos del Ayuntamiento, pese a que existió un compromiso del alcalde, Pedro Rodríguez, hace cuatro años y un posterior proyecto que apenas suponía una inversión de 180.000 euros. Los afectados aseguran que desde entonces los responsables municipales solo intentar echarles a pelear sin motivo alguno, porque existe una opinión unánime en la zona, y a darles larga, pese a que la obra discurriría por caminos públicos.

Es un pequeño barrio rodeado de naturaleza y con vistas al casco de Guía, por encima del hospital de San Roque. Sin embargo, según los residentes, una treintena de viviendas sigue careciendo de un servicio esencial, como es la red de tuberías para recoger y transportar aguas residuales, además de las que deja la lluvia, pese a su cercanía con el centro urbano, y estar a 100 metros de Ingenio Blanco Alto (junto a la carretera empinada que conduce a Montaña Alta), que sí dispone de esta prestación.

La anécdota: «Me robaron las tuberías»

Los afectados se han quejado en numerosas ocasiones de esta situación en las oficinas municipales, pero han chocado con un muro. Incluso, pese a que hace cuatro años en periodo preelectoral Pedro Rodríguez se reunió con ellos y se comprometió a resolver el problema, después de la sorpresa que, según un asistente, mostró como a quien le coge por sorpresa la noticia por desconocimiento.

Al principio observaron una gran disposición, llegando a presentarles un proyecto de unos 180.000 euros que solventaba el problema de estos 70 vecinos, y que no suponía contratiempos, toda vez discurría el kilómetro y medio de canalizaciones por caminos reales y terrenos de titularidad publica, y con salida inferior al diseminado El Naranjo (por encima del instituto del cruce de La Atalaya). Desde entonces, todo se torció.

Como anécdota, la empresa de aguas llegó a cargarles la factura por el alcantarillado, y uno de los vecinos fue al ayuntamiento y les comentó que alguien les había robado la alcantarilla. Ante el estupor del técnico, le contestó que ellos nunca han tenido ese servicio y que cómo le pasaban ese recibo.

Los afectados aseguran que han intentado echar a pelear a los vecinos, diciéndoles que hay alguien que se opone. «Y eso es falso, o que nos digan quién es». La única explicación que encuentran es que la obra requiere una estación de bombeo para la impulsión de aguas de algunas casas, y que la negativa viene de una familia que es dueña de una finca «que no vive ni siquiera allí» y con lazos políticos en el gobierno municipal. Eufemísticamente hablan de un caso «polémicamente político», para describir la situación.

La otra persona afectada, presente en la conversación, niega su oposición. Y eso pasa después de que alegaran que había problemas con el Consejo Insular de Aguas, pero que luego cambiaron la versión al verse pillados, afirman.

Afirman que existe una opinión unánime a favor en el barrio, y que la obra discurre por caminos públicos

«Esta es una obra de interés general, por lo que el ayuntamiento si encuentra algún problema debe sentarse con todos y resolverlo ya, que para eso está. El interés general debe primar sobre el particular y no intentar que nos echemos a pelear unos con otros. No van a conseguirlo, porque sabemos de dónde viene el problema».

La falta de estas tuberías obliga a seguir recurriendo a los pozos negros. «Hace poco vino un empresa para vaciarla y tuve que pagar 500 euros», añade otro residente.

«No pedimos un campo de fútbol, ni una plaza, ni siquiera un banco para sentarse, que podríamos hacerlo. El problema es que hemos sido invisibles para ellos». Pero eso se va a acabar, advierten, y están dispuestos a hacer lo que haga falta para resolver su situación. De momento han agradecido al Partido Popular (PP) en la oposición que vaya a llevar su problemática al pleno municipal. Pero no se van a parar y llegarán a donde haga falta hasta lograr su propósito.

La falta de fibra óptica impide que familias jóvenes que teletrabajan vivan en este núcleo rural

Los vecinos insisten en que muchas personas quieren irse a vivir a la zona, ya que es un núcleo rural pegado al pueblo, pero sufren otras carencias. Entre ellas hablan de la falta de fibra óptica, que hace que las telecomunicaciones vayan a la velocidad de un burro, cuando barrios rural cercanos corren con caballos de pura sangre. De ahí que jóvenes se hayan negado a irse a vivir allí, porque teletrabajan y el acceso a internet no da para ello, a pesar de estar en el siglo XXI. Les han prometido una solución, pero hasta que no lo vean en sus ordenadores, no se lo creerán. «Estamos incomunicados», añade una afectada.

Lo último que han conseguido, y lo consideraron un éxito, es que se les pusiera alumbrado público, aunque siguen teniendo problemas con el servicio de basuras, y la limpieza de la maleza que bordea la vía de entrada. Algunos problemas los han ido solventando entre ellos con su propio dinero, como el arreglo de algunos tramos de asfaltado. Incluso, aseguran que hasta hace poco, aunque no saben si todavía sigue vigente, tenían que pagar un suplemento al taxista si entraba en una zona asfaltada, que ello tuvieron que arreglar para no quedarse atrapados con su coche.

Un vertedero incontrolado en los contenedores de basura

«Estamos cansado de presentar escritos en el Ayuntamiento de Guía y de trasladar quejas a distintos concejales y al alcalde, sin que nadie haya hecho nada; se han pasado la pelota unos a otros y nos llenan de promesas que nunca cumplen».

En ese sentido, apuntan que la recogida de la basura deja mucho que desear y la zona en la que están los contenedores, a distancia de las viviendas, se han convertido en un vertedero incontrolado.

No aspiran a otras prestaciones públicas, como puede ser contar con un local social, «aunque no nos vendría mal», pero luchan por un bien común básico, porque se conforman con el alcantarillado, cuando viven a dos kilómetros del casco antiguo, aunque sea rodeados de un entorno rural. 

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