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Héroe por un día en las calles de Telde

El dueño de una tasca en San Gregorio se rompe el tobillo al evitar un atraco

Héroe por un día en las calles de Telde

Enrique Ojeda, dueño de Casa Abrante, en Telde. La Provincia

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Enrique Ojeda, dueño de Casa Abrante, en Telde. M. Reyes

Enrique Ojeda Abrante, de 61 años, regenta una tasca en el barrio de San Gregorio, en Telde. Allí estaba el pasado 17 octubre, trasteando entre fogones como un lunes cualquiera, hasta que oyó los gritos de una señora. «¡Socorro, socorro, que le están robando a un señor!» 

Y así ocurría. Porque Enrique Ojeda salió a la calle y se encontró a dos hombres en el suelo que forcejeaban por un maletín. «Al principio no distinguía entre el bueno y el malo. Los dos se estaban dando de lo lindo», recuerda este héroe local por un día. 

Tras esos segundos de incertidumbre, Ojeda se lanzó a socorrer al dueño del maletín. Inmovilizó al ladrón en el suelo y ambos se enzarzaron en un duro forcejeo. Hasta que se oyó un crujido terrible, seco como el chasquido de las ramas de un árbol al partirse. Era el tobillo izquierdo del cocinero, que se dejó el pie atrás y se rompió la articulación por tres sitios.

Ingresado

La víctima del robo, de 64 años, recuperó su maletín; el ladrón huyó tambaleándose por San Gregorio y Ojeda acabó ingresado en el Hospital Insular, donde le operaron de urgencia para estabilizarle el tobillo izquierdo. Le pusieron dos clavos y una placa. «Esta semana me han quitado la férula y he podido salir a la calle por primera vez en todo este tiempo», asegura. 

La operación y las escaleras de su vivienda lo han mantenido mes y medio recluido, hasta que un grupo de amigos militares lo bajó a la calle y le dieron un paseo en silla de ruedas por las calles de San Gregorio. 

Casa Abrante, su tasca especializada en comida canaria e internacional, sigue cerrada. «Eso es lo que llevo peor. Voy a estar sin abrir por lo menos tres meses, con unos gastos fijos de 3.000 euros, en los que tampoco voy a recibir ingresos», explica Ojeda.

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Héroe por un día en las calles de Telde LP / DLP

Pero no pierde el ánimo y tampoco se arrepiente de auxiliar al vecino al que querían robarle el maletín. «No es la primera vez que lo hago ni creo que sea la última, porque ayudar es mi defecto y en este barrio veo cada vez menos policía», afirma.

Montó el negocio de restauración hace ocho años. Antes, de joven, trabajó de portero en varias discotecas, aunque la mayor parte de su vida ha sido comercial. Está, por tanto, acostumbrado a lidiar con la calle y relacionarse con gente de todo tipo. «Mi virtud o mi defecto es que siempre estoy dispuesto a echar una mano. Por eso no me arrepiento haberme roto el tobillo», añade.

La víctima del intento de robo es un empresario con negocios también en el municipio. Vive cerca de la tasca de Ojeda y por eso cree que lo estaban esperando para atracarle. El ladrón era un hombre fuerte y con determinación, de los que no dudan en tirar con violencia del botín o de golpear a su oponente para tratar de consumar el robo.

Grabado con el móvil

Una vecina grabó con su móvil buena parte de la escena. Se ve con claridad el forcejeo en el suelo, cómo el empresario recupera su maletín y un empleado municipal que se acerca al lugar de la pelea, hasta que finalmente Ojeda se destroza el tobillo y el delincuente se escapa al quedar liberado de la inmovilización. Antes se tambalea y se vuelve a caer al suelo. «Estaba KO, huyó como pudo», rememora el dueño de la tasca, que en ese momento se retorcía de dolor sobre la vía pública.

El intento de robo ocurrió al mediodía de un lunes en pleno corazón de San Gregorio, con varios testigos y un vídeo que captó lo sucedido. Se supone que la Policía Nacional investiga lo sucedido, pero Ojeda no sabe aún nada de las pesquisas.

Está centrado en recuperarse y en disfrutar de los partidos del Mundial de Qatar. La semana que viene iniciará la rehabilitación. De momento ni siquiera puede apoyar el pie, pero confía en recuperar toda la funcionalidad de su pierna izquierda para reabrir la tasca y ponerse al día con las facturas. Le queda la satisfacción de haber socorrido a quien lo necesitaba un lunes cualquiera.

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