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Tejeda | Fiestas del Almendro en Flo

La almendra más graciosa de Tejeda

Los alumnos del colegio de La Graciosa conviven unos días con los del centro educativo del pago cumbrero y diseñan un llavero con el preciado fruto

Carla, Yslenia, Alba, Mateo y Jimena. alumnos del colegio Ignacio Aldecoa de La Graciosa muestran los llaveros de almendras, ayer.

Tejeda se prepara para recibir a miles de visitantes hoy y mañana con motivo de las Fiestas del Almendro en Flor. Los días previos ha contado con unos visitantes de excepción: los alumnos del Colegio de La Graciosa, y estudiantes de Erasmus de Francia, Italia y Turquía. Los pequeños gracioseros han quedado sorprendidos con el paisaje y el patio del colegio y, hasta han diseñado un llavero con una almendra. 

Las bodas de oro del almendro llegan a Tejeda sin que los árboles hayan florecido. Los lugareños dicen que las gélidas temperaturas de enero han hecho demorar ese manto de flores blancas y rosas que tiñe por estas fechas sus campos como un adelanto de la primavera. Pero, la ausencia de esa nota de color no desluce la convocatoria. Tras dos años sin poder disfrutar de la celebración por la pandemia, y con el orgullo de haber conquistado el mayor galardón que puede obtener una fiesta al ser distinguida como de Interés Turístico Nacional, este pago de la cumbre, con una población que no llega a los 2.000 habitantes, vuelve a darlo todo para mostrar al mundo su patrimonio natural y cultural, y ofrecer lo mejor de su gastronomía, entre notas de música popular. 

Y a la vez que organizaban todo para el fin de semana grande, que arranca hoy con el Día del Turista, el municipio se ha volcado con unos huéspedes de excepción: un grupo de 15 pequeños del Colegio de Enseñanza Obligatoria (CEO) Ignacio Aldecoa de La Graciosa, que han viajado acompañados de sus padres. La visita ha coincidido además con la estancia de nueve universitarios de Francia, Italia y Turquía que participan en el programa Erasmus, a los que han acogido los vecinos como a un hijo más en sus casas. 

«La cancha es más grande, está pintada de azul y está mejor que la nuestra», asegura Aiatana Guadalupe

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El encuentro entre los estudiantes de La Graciosa y los del colegio de Tejeda se produce porque ambos centros comparten un nexo en común, y es que al ser los únicos de su localidad la enseñanza se imparte agrupando a los alumnos de varios niveles tanto en los cursos de Primaria como de Secundaria, excepto en tercero y cuarto de la ESO que ya asisten a clases separadas. 

Alumnos y profesores del colegio de Tejeda junto a los del colegio de La Graciosa en El Charco de las Palomas.

Los pequeños alumnos gracioseros, con edades entre los 3 y los a 9 años, han tenido la oportunidad de vivir una experiencia única junto a sus padres desde el martes hasta ayer. Algo tan habitual para los tejedenses como viajar en guagua para llegar desde su barrio al colegio les llamó la atención porque están acostumbrados a hacerlo todo a pie o en bici. También alojarse en las cabañas de El Garañón, disfrutar de la vegetación y la naturaleza, más allá de una playa, en lugares casi de cuento como el Charco de Las Palomas. También visitaron el acuario del Poema del Mar, el Museo Elder y Arucas. Todo les ha sorprendido. Hasta las instalaciones del colegio o momentos como el de compartir el almuerzo con sus compañeros en el comedor, ya que en su centro no cuentan con este servicio.

«Este cole es más divertido», señala Aitana Guadalupe Vega, que estudia cuarto de Primaria en La Graciosa. A la pequeña estudiante, de 9 años, le ha gustado el colegio porque es más grande que el suyo, y aprovecha incluso para comparar y hacer algo de crítica. «La cancha es más grande, está pintada de azul y está mejor que la nuestra», añade. 

También la experiencia de quedarse a dormir en las cabañas de El Garañón ha dejado encantada a Aitana. Del frío que han pasado estos días en la cumbre, la pequeña no tiene ni una queja.

Uno de los profesores, Rubén Hernández, que les ha acompañado en esta visita, explica que en el colegio de La Graciosa las clases se distribuyen en una sola planta mientras que el de Tejeda tiene tres y está rodeado de árboles, por lo que les parece más grande. 

Además de todo lo que han aprendido en estos días, los pequeños residentes del archipiélago chinijo se llevan una curiosa almendra a casa. En uno de los talleres en los que participaron el jueves aprendieron a confeccionar un llavero con una almendra. Con una alcayata, una argolla de metal, y una capa de barniz diseñaron su souvenir al que rotularon el nombre de Tejeda para llevarlo como recuerdo. En la jornada de ayer, la última de este viaje, disfrutaron también de las actuaciones de los alumnos de Tejeda en el centro cultural, y después asistieron en la Vaguada a una exhibición de actividades tradicionales como la lucha y el salto del pastor. 

La directora del CEO del municipio, Loli Franco, contó que esperan devolverles la visita en el mes de junio. Con este encuentro más allá de que los alumnos de estos colegios en los que se siente de forma especial la lejanía de otros municipios más poblados o de la capital se hayan conocido y hecho amistades, se ha creado un vínculo entre las familias educativas y parentales. «Trabajar en este tipo de centros educativos representa más una oportunidad que un hándicap porque mientras los alumnos de un nivel aprenden conocimientos nuevos los otros repasan», añadió la directora del colegio de Tejeda. 

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