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Un informe pide reservar el acuífero subterráneo de Gran Canaria solo para el riego agrícola

El campo debe realizar obras hidráulicas para ahorrar hasta un 40% del agua porque la sequía ya obliga a cultivar con aguas desaladas y depuradas

Estanque y fincas agrícolas en las proximidades del Barranco del Guiniguada

Estanque y fincas agrícolas en las proximidades del Barranco del Guiniguada / LP/DLP

Las Palmas de Gran Canaria

La isla de Gran Canaria necesita ahorrar agua mediante una mejora de los sistemas de riego agrícola y para ello debe afrontar obras hidráulicas que frenen la sobreexplotación de los acuíferos subterráneos. Además de reservar las lluvias para los cultivos, sin usarlas para el abastecimiento urbano o turístico, en el campo debe aumentarse el uso de aguas desaladas y regeneradas. 

Esas son algunas de las conclusiones del Diagnóstico de la eficiencia de las infraestructuras de riego, así como los requerimientos de obras de regadío en Canarias, un estudio encargado por la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias para optimizar los recursos hidráulicos en el Archipiélago.  

En la memoria sobre Gran Canaria, un documento de más de 80 páginas elaborado por la sociedad pública Gestión del Medio Rural (GMR) de Canarias, se analizan las deficiencias de las redes de regadío existentes en la isla y se proponen las medidas para «una gestión del agua más eficiente y sostenible».  

Entre otras propuestas, se apremia a la sustitución de las conducciones en mal estado, especialmente los canales a cielo abierto; la construcción de depósitos de cabecera y de nuevas redes de distribución a presión; o la instalación de sistemas de telecontrol que permitan un manejo más eficiente del agua de riego. 

Los objetivos que se persiguen son un ahorro de agua, que se calcula que pueda superar «el 40% respecto a los regadíos tradicionales, considerando el conjunto de la red más la instalación de equipos de riego a presión en finca».  

Se busca un ahorro energético al entregar el agua con la suficiente presión, la implantación de métodos de riego con aspersores, un mayor control del consumo, la simplificación de la administración de los recursos hidráulicos, evitar los vertidos al mar y restringir aplicaciones innecesarias en las zonas de mayor pluviometría. 

«En términos generales», apunta el informe, «puede estimarse que las actuaciones de esta tipología producirán ahorro de agua superior al 10%, por lo que respecta al almacenamiento, transporte y distribución, que son las fases del regadío contempladas en las propuestas, y muy superiores al 25% si a estos se añade el ahorro inducido que se producirá en las explotaciones agrarias que manejen el riego de forma eficiente». 

El diagnóstico sobre Gran Canaria sostiene que la mayor eficiencia de riego «contribuirá significativamente a la calidad de las masas de aguas subterráneas al verse reducida la sobreexplotación y la intrusión marina -en el caso de explotación mediante pozos- así como la contaminación difusa al minorar el volumen de los retornos de riego que percolan en profundidad con el consiguiente riesgo de contaminación con fertilizantes (nitratos) y pesticidas».

En el apartado sobre la captación de aguas, tanto al aire libre como subterráneas, solo se contempla la construcción de azudes para el aprovechamiento de recursos superficiales. Como obras de regulación se propone la construcción de balsas para la regulación del riego. 

Estas actuaciones, según el estudio del Gobierno autónomo, «suponen un ahorro muy importante de agua ya que la producción de las galerías es constante y no se adapta a la estacionalidad del consumo en aquellos casos en las que no se cuenta con cierre para adaptar la extracción a la demanda». 

El incremento de la capacidad de regulación de las aguas destinadas al regadío «permite ahorrar importantes volúmenes de agua que de otra forma se vertería al mar o se aplicaría innecesariamente a los cultivos», añade. 

En el epígrafe sobre la utilización de nuevos recursos para el regadío, el informe resalta que el uso de sistemas hídricos no convencionales para atender parte de la demanda disminuye la extracción de recursos del acuífero y, por consiguiente, inciden directamente en la conservación de los recursos naturales. 

Esos nuevos recursos que se contemplan son las aguas de producción industrial: las residuales regeneradas y la desalada de mar. Con esas aguas industriales se deben regar las áreas agrícolas costeras, donde históricamente se ha localizado el regadío intensivo, en la que los pozos de extracción han provocado intrusión marina, y por tanto, las aguas generalmente presentan una salinidad elevada, no adecuada para uso agrario. 

Dependencia

Aunque la sustitución del bombeo de los pozos y de la desalinización supone un ahorro energético, también se advierte que la producción industrial de agua para el regadío «tiene una dependencia energética considerable», por lo que esas instalaciones se deben alimentar con energías renovables siempre que ello sea posible.

«La reutilización en el regadío de las aguas regeneradas, además de sustituir la extracción de aguas subterráneas, tiene un valor ambiental adicional al reducir sensiblemente los vertidos al mar de las aguas residuales», señala el documento, que agrega que «la experiencia muestra que el rechazo al uso de estas aguas sólo puede superarse con una oferta continuada de un recurso en cantidad y en calidad suficiente, con la garantía de que se cumple con los parámetros de calidad requeridos».

Al respecto, puntualiza que las nuevas tecnologías de depuración, utilizando en la fase separativa los birreactores de membrana, «están hoy día demostrando que la reutilización de las aguas depuradas y regeneradas es agronómica y sanitariamente viable, y aceptada por parte del agricultor». 

El uso de agua procedente de la desalación, recuerda el diagnóstico, «hace una década parecía fuera del ámbito agrícola por sus elevados costes, pero en la última década ha experimentado una notable evolución tecnológica mejorando su eficiencia, de forma tal que el precio del producto final se ha hecho altamente competitivo respecto al precio del agua subterránea en algunas islas».

Tal como plantean el Plan Hidrológico Insular, «ha de utilizarse preferentemente el agua desalada para el abastecimiento urbano y turístico, reservando el uso de los recursos naturales y las aguas regeneradas para el consumo agrario». Por tanto, propone el documento, «debe procurarse que el agua desalada producida en instalaciones costeras sea consumida en las poblaciones próximas, y que sus aguas residuales depuradas y regeneradas se consuman también en estas cotas bajas, tanto en jardinería como en el riego agrícola, lográndose con ello la disminución de la extracción mediante pozos de aguas subterráneas costeras por una parte, y por otra, que los recursos superficiales y subterráneos, captados en las zonas altas, que se transportan a la costa para el consumo urbano, se liberan para el uso agrario, especialmente en las cotas altas y las Medianías». 

Inventario

El diagnóstico sobre el regadío en Gran Canaria también incluye un inventario de las zonas hídricas y las entidades vinculadas al agua para el cultivo, con datos sobre sus instalaciones, número de socios, funcionamiento y principales problemas. 

La Zona I, la del Norte, abarca la costa y las Medianías bajas de Gáldar, Guía, Agaete, Moya, Arucas y Las Palmas de Gran Canaria. El suministro agrícola lo prestan las comunidades de regantes del Valle de Agaete, El Palomar, El Agazal, Agragua, Las Cumbrecitas y el Consorcio del Noroeste-Iniciativa por el Agua.   

En la Zona II, la del Este, en las costas de Telde, Ingenio, Agüimes y Vecindario, la venta del agua para la agricultura la realizan la comunidad de regantes de Aguatona y las heredades de Los Corralillos y Acequia Alta de Sardina del Sur. En la Zona III del Sur, de la costa de Maspalomas y Mogán, los autores del informe no visitaron a las entidades vendedoras. 

La Zona IV del Suroeste, de Veneguera, Tasarte y Tasartico, recibe el suministro de las comunidades de regantes de Tasarte y Tasartico. La Zona V, el Oeste, es regada con las tres presas de la Comunidad de Regantes de La Aldea. 

La Zona VI, de Medianías del Norte, es regada por la Comunidad de Regantes del Norte, la Comunidad de Explotaciones de Agua, Félix Santiago Melián, la Heredad de Arucas y Firgas, la Junta Permanente de Heredades de Las Palmas, pequeñas asociaciones de Valleseco y Teror, y el Consorcio de Regantes de Valsequillo. 

La Zona VII, Medianías del Sur, se abastece de las heredades La Capellanía, Principal de la Villa de San Bartolomé y La Longuera, y la Comunidad de Regantes de Temisas. Por último, la Zona VIII, de Medianías de Centro de Artenara y Tejeda, obtiene el riego de la comunidad Corecan-La Candelaria. 

Los datos de la comunidad de regantes rebelde

El Consorcio de Comunidades de Regantes del Noroeste-Iniciativa por el Agua, la entidad que mantiene un pulso con el Cabildo y el Ayuntamiento de Guía por el uso del agua en las Medianías de ese municipio, aparece en el diagnóstico del Gobierno de Canarias como una agrupación de siete comunidades de regantes de 400 socios, que da soporte a una superficie de regadío de 400 hectáreas. Según el informe, «basa su captación en la extracción de aguas subterránea, con 23 pozos canarios, situados en la medianía del norte (La Longuera, la Huerta), aunque también disponen de galerías (Juncalillo) y, en general, sus pozos están en buen estado de conservación y de tecnología de elevación, a diferencia de la gran mayoría de pozos de la zona». Cuenta con elementos de telecontrol y telemando en muchos de ellos y su depósito principal en cota alta es el depósito de Juncalillo, de 10.000 metros cúbicos. El estado de su red «es correcto», pero existen tramos de cemento en los que los socios estiman una pérdidas del 15% al 20% del agua. 

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