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Fiestas del Carmen en Mogán: caña y fervor en el mar de las calmas

Arguineguín finaliza sus fiestas regalando una de las más bonitas postales del verano grancanario

Procesión marítima de la Virgen del Carmen de Arguineguín

LP/DLP

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Juanjo Jiménez

Juanjo Jiménez

Mogán

La costa moganera cumplió con la tradición de ofrecer una de las mejores postales del verano grancanario, la de decenas de embarcaciones cruzando el mar de las calmas con la patrona de los marineros a popa de los bellos artesanales de la localidad, una comitiva que parte en Arguineguín para trasladar la imagen a Playa de Mogán, finiquitando las fiestas en el primer punto, y detonándolas en el segundo.

Madrecita María del Carmen, hoy te canto esta bella canción, con ella te brindo mi cariño, y lo mismo que cuando era un niño, en mis labios pongo el corazón. Con la canción de Manolo Escobar convertida con el paso del tiempo en el himno a la patrona de los marineros cuando la imagen entra en las aguas de Arguineguín, se despedía por popa a las diez y cuarto de la mañana el valiente artesanal Julio y Olga.

De casco de madera rojo y obra muerta en blanco y azul, a lo largo de sus 19 metros de eslora portaba banderolas varias, una gran enseña de Canarias con la foto de Olga y Julio, un policía local, la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, el cura párroco ataviado de cura párroco, Juan Antonio Artiles Suárez, y una parranda de tripulantes e invitados encamisados con el nombre del buque que comanda el patrón Jesús Vega.

Y a bordo, de almiranta general de los cinco océanos, la Virgen del Carmen.

El trajín marinero comenzaba algo antes, con la misa de las nueve de la mañana, zaguán de la procesión desde la iglesia hasta el puerto pasando por la avenida que se vierte sobre el paisaje de la playa de las Marañuelas, fusionando calor y rigor, palio y sombrilla, hábito y bikini, bucio y tunda tunda.

Mientras se acerca la comitiva por la calle Manuel Alonso, de profesión carpintero de ribera, se cruzan los enviados por el dogma y por la el salitre, estos últimos haciendo escala en la magna procesión en una oda de fe al marisco.

Por babor, la policía local suspendiendo el creciente tráfico terrestre, y por estribor, decenas de embarcaciones, grandes, chicas y regulares, maniobrando con destreza en la bahía portuaria de Arguineguin, bajo la atenta mirada de dos lanchones de la Guardia Civil y las neumáticas de la Cruz Roja, dibujando sobre el agua un sindiós de colorines donde parece que todo Arguineguín está flotando, solo a la espera de que la imagen de la Señora, entre anturios y strelitzias, traspase las verjas del puerto para enfilar rumbo al Atlántico.

El paisaje en la entrada del recinto portuario abruma. Es el personal empaquetado que viene de misa a la estela del trono, y la Banda Archipiélago de blanco primeracomunión en posición de mascarón de proa abriendo el paso entre una multitud a punto de embarcar o ya en embarcada en catamaranes con fondos de cristal, barcos de línea costera, pesqueros, falúas, lanchones, algún que otro velero suelto, y varios enjambres de motos de agua.

Procesión marítima de la Virgen del Carmen de ArguineguÏn

Procesión marítima de la Virgen del Carmen de ArguineguÏn / José Pérez Curbelo

En un precioso pesquero está apostado en la caseta de timón Fran Godoy, en el arte del pescar desde los doce años, y quién ya ha tenido el honor de trasladar a la patrona de Arguineguín hasta Playa de Mogán, donde se reencuentra una vez al año con su homónima para departir dos semanas juntas en la ermita de la playa.

Asegura que patronear el barco que preside la Virgen del Carmen «es un privilegio», en una fiesta que se vive en el pueblo moganero con toda intensidad, al punto que durante la última semana del programa no se sale a faenar, -ahora toca el atún-, para disfrutar de las mejores fechas del verano. «Al fin y al cabo, nunca tenemos descanso».

Un privilegio a sorteo

El proceso para que el pasado año le tocara al muy coqueto y azul El Carmita, este año al Julio y Olga, y el que viene a El Picao, obedece a los designios de un sorteo que se realiza entre los patrones que se apuntan al viaje, aproximadamente una quincena de las alrededor de la treintena de artesanales con base en el puerto.

Tras el periplo de El Picao en 2024 habrá que repetir bombo para una tonga de años proporcional al número de buques que se apunten a tan delicado encargo.

«Estamos aquí para eso», sentencia Fran.

Procesión marítima de la Virgen del Carmen de ArguineguÏn

Procesión marítima de la Virgen del Carmen de ArguineguÏn / José Pérez Curbelo

Ahora justo por detrás está pasando el trono con todo boato. Lo anuncia un volador chico y un bucio a punto de entrar por el túnel del oído.

El rebumbio va en aumento, con personas equipadas de material náutico-playero, fundamentalmente refrescos, cervezas, tupergüés, pamelas como paelleras, bronceadores, bermudas, tangas, chanclas y toallas que van colmatando las cubiertas en densidades prodigiosas, mientras la benemérita flotante se pone seria con los aforos, no vaya a pasar lo que ya el año 2017, cuando Capitanía Marítima amagó con multar para evitar un potencial Titanic isleño, y los patrones, amulados, pararon en seco todo el proceso en su conjunto, con el consiguiente salpafuera.

Tras doblar el último quiebro, y enfilar al pequeño altar que tiene el Carmen como consulado justo a sotavento del dique, los cofrades acercan el trono a la popa del orgulloso Julio y Olga.

Del Rosario se añusga

A la señora, de nombre también Carmen, y apellido del Rosario, le entra primero un pequeño hipo cuando un chiquillo arranca sin previo aviso con un potente «¡Qué viva la Virgen del Carmen, qué viva la patrona de los marineros», hipo que se desencadena en añusgamiento a medida que la imagen se va posando con mimo sobre la cubierta del buque, momento de más vivas corales y sus consiguientes voladores.

Con el barco aún amarrado salen hacia el mar de las calmas, el mismo que al principio de los tiempos dio para crear una industria para la pesca de ballenas por ocurrencia del comandante general marqués de Branciforte, un sin fin de más lanchas, chinchorros, falúas, y hasta un chorizo flotante, rián para el horizonte, tal cual cuando hay que desalojar una costa por amenaza de catástrofe, mientras las cientos de personas que se quedan en tierra siguen retratando desde la altura de los norays a la imagen de la patrona, entonando la Salve marinera. A partir de ahí, sueltan amarras.

Procesión marítima de la Virgen del Carmen de Arguineguín a su paso por Tauro.

Procesión marítima de la Virgen del Carmen de Arguineguín a su paso por Tauro. / José Pérez Curbelo

Los buques cogen rumbo a la pactada velocidad de cinco nudos, «que aquí hay barcos de más y de menos motores», para que no se deshaga la nube de salitre que forman, primero hacia el norte, hacia la bahía de El Pajar, para un primer responso. Y vuelta y vira para el sur, donde, sopita y pon, se le dedica otro responso en Tauro, en un periplo de casi dos horas hasta llegar al puerto de Mogán.

Para ese momento, el fervoroso Salve marinera, y a fuerza de tanganazo, fiesta y mar salada, se ha transformado en puro reguetón a toda caña a bordo de algunos de los barcos de escolta: Bebecita, voy a bajarte, del cómo te mueves.

Con el llegar del Julio y Olga arriban a la vera de la Cofradía de Pescadores los mismos cientos de personas que asisten para festejar la maniobra del reverso, de la subida a muelle de la imagen y el reencuentro con la de Playa de Mogán, con un último requiebro para ponerlas de frente y saludarse en una coordinada genuflexión, gentileza de sus fornidos cofrades.

Un último «viva», llega con fuerza hasta la cercana playa, donde miles de turistas ya atisban que en las próximas horas habrá novelería local para rato.

Y tanto, ya que con la llegada de la patrona de los mares del mar de las calmas, finaliza la fiesta en Arguineguín, sí, pero arrancan como una marea llena las de Playa de Mogán. De aquí al 30 de julio.

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