ANÁLISIS
Ingenio, cinco poetas para un pueblo
Existe una larga lista de escritores de la villa, más o menos reconocidos a nivel local y algunos con alcance universal

Ingenio, cinco poetas para un pueblo / LP/DLP
Rafael Sánchez Valerón
No conocemos ningún personaje de naturaleza ingeniense que se haya dedicado plenamente a la literatura como medio de vida. Sin embargo, existe una larga lista de escritores que compartieron su afición por las letras con su profesión habitual, más o menos reconocidos a nivel local y algunos con alcance universal, los cuales a través del periodismo, relato, novela o poesía han desarrollado su labor literaria de forma ocasional en algunas etapas de su vida.
Sin desmerecer a otros, hemos escogido a algunos con cierto renombre fuera de las fronteras de la localidad que los vieron nacer y otros que por distintas circunstancias son casi desconocidos. Todos con el denominador común de una corta pero intensa producción literaria en prosa o verso, merecedores de un puesto entre los grandes de las letras.
A modo de presentación
Desde hace tiempo, el cronista que suscribe ha tenido en mente transmitir en un medio de comunicación escrito su admiración y reconocimiento a la par que la divulgación de sus trabajos de cinco personajes nacidos en el municipio de Ingenio, de donde eran a su vez sus antepasados, lugar en el que algunos desarrollaron su actividad profesional a lo largo de toda su vida o en otras latitudes en razón a su circunstancia personal o profesional, pero que de alguna manera siempre han estado vinculados a la localidad del sureste que los vio nacer. Nos referimos a Vicente Boada González, José Nicolás Boada Juárez, Agustín Ramírez Díaz, Juan Jiménez Santana y Juan López Vega.
Trasladamos algunos apuntes biográficos y bibliográficos de estos personajes desde una escueta óptica personal y vivencias, en virtud de la perspectiva periodística, a modo de breve crónica histórica, si bien, se hace necesario un estudio más extenso y pormenorizado de cada uno.
Aquel lejano año 1961
A la hora de pergeñar este trabajo, vino a mi memoria un acontecimiento literario de gran importancia ocurrido en Carrizal hace ya sesenta y dos años, donde estuvieron presentes nuestros protagonistas: Vicente y Pepe Nicolás Boada, Juan Jiménez y Agustinito Ramírez, sin saber si también lo hizo Juan López como espectador, en razón a los nueve añitos de edad que contaba por esa época. Se trata de un encuentro literario enmarcado en una semana cultural celebrado con motivo de las fiestas patronales de Nuestra Señora del Buen Suceso en agosto de 1961 en los abarrotados salones de la sociedad La Fraternidad, consistente en una lectura poética a cargo de un grupo de destacados poetas, entre los que figuraban: Arturo Maccanti, José María Millares, Domingo Velázquez y Agustín Millares Sall. Acto presidido por un profesor de la Universidad de Princeton y por el veterano y fino poeta Vicente Boada que sorprendió a los jóvenes poetas y al auditorio por su recatada personalidad y el contenido de su obra, así como su vibrante espíritu y serena y erguida lozanía.
En una segunda parte correspondió la lectura a una nueva generación de poetas dentro de la tradición lírica de Gran Canaria: Francisco Lezcano, Sergio Ruano, Manuel G. Barrera y Juan Jiménez. En ambas jornadas la presentación corrió a cargo del periodista Luis Jorge Ramírez, quien expuso las características de sus obras.
Vicente Boada (1898-1991)
Nacido en el casco de Ingenio. En su infancia fue trasladado a Las Palmas al domicilio de su tío el sacerdote Julio Boada en Vegueta. Cursó segunda enseñanza en el colegio La Soledad y en el Instituto de Enseñanza Media que finaliza en 1917, sobresaliendo por su destreza para componer y memorizar versos. En esta etapa mantiene lazos de amistad con Rafael O`Shanahan, Diego Cambreleng, José Rosales, Mariano Cardona, Luis Piernavieja y otros intelectuales. Solía reunirse en tertulia con Tomás Morales entre otros, y contó entre sus amistades con Alonso Quesada, Saulo y Julián Torón, y Luis Doreste. Posteriormente hizo el preparatorio en La laguna y estudia medicina en Madrid entre 1921 y 1926 donde recibió docencia de Juan Negrín, Ramón y Cajal y Golgi.
En las veladas del café Fornos tuvo ocasión de reunirse con Valle Inclán, Pedro Salinas y otros intelectuales, al tiempo que conoció al escultor Victorio Macho y al escritor y político Manuel Azaña. Licenciado en Medicina y Cirugía ejerce su profesión en Agüimes e Ingenio, abriendo su despacho en la casa de sus padres y luego en su domicilio en la calle de Atrás, para terminar su labor profesional en Las Palmas a partir del año 1964, en la última etapa de su vida. Como dato curioso, era dueño de uno de los 21 vehículos a motor existentes en Ingenio en 1930, un automóvil marca Chrysler de cinco asientos, matrícula G.C. 3.544. Es recordada su actividad junto al maestro José Suárez en 1929 dirigiendo el arreglo de la alameda de la Candelaria a través de una iniciativa popular.
Nombrado juez de paz (1927), en algunas ocasiones participó en la política local de Ingenio y perteneció a algún partido en la etapa republicana. Ostentó la alcaldía de forma breve en dos ocasiones (1930 y 1936). Contrajo matrimonio en 1932 con la ingeniense Juana Juárez, fruto del cual nacieron cinco hijos.
Publicó sus poemas en distintas entregas en periódicos de Las Palmas, una de las primeras en DIARIO DE LAS PALMAS en 1917, además de alguna antología como Libro de los poetas o los 96 poetas de las Islas Canarias de José Quintana. En 1998, su familia reunió su poemario en una sola publicación bajo el título Las palabras temblorosas. Antología póstuma, que incluye una semblanza biográfica de sus hijos y un comentario de Carlos Pinto Grote, con portada del arquitecto Agustín Juárez.
Jorge Rodríguez Padrón en su libro Primer ensayo para un diccionario de la literatura en Canarias, publicado en 1992, describe el pueblo de su nacimiento, estudios de medicina en Madrid, trabajos en prensa y algunas antologías, resaltando su reticencia para dar conocer su obra poética. En razón a sus reservas para publicar sus trabajos, algún escritor lo calificó de poeta «fantasmal» y por ello perteneciente al grupo de escritores conocidos por «esenciales» que solo escribían por su propio divertimento. Se conoce su presencia en lecturas públicas realizadas en instituciones culturales.
Conocí a don Vicente en mi niñez en la histórica calle de Atrás, pues el garaje para su coche estaba frente de mi casa y con frecuencia lo veía en su despacho médico al principio de la calle con su talante serio que causaba respeto. Ya en la etapa que pasó a vivir en Las Palmas, en sus visitas al pueblo coincidimos y al comentarle que había leído algunos de sus poemas en la prensa, esbozó una tenue sonrisa y manifestó sentirse muy halagado.
José Nicolás Boada Juárez (1940)
Hijo del anterior y también médico, nació en Ingenio. Su figura como poeta la recoge Jorge Rodríguez Padrón en su libro. Brillante en sus estudios, ya en 1954 en una nota de sociedad del pueblo se expone que había terminado con matrícula de honor el tercer año de bachiller. La saga familiar de sus abuelos maternos (Pepito Nicolás y doña Juana) se remonta siglos atrás en Ingenio y son protagonistas de muchos acontecimientos sociales en distintas épocas. Su coetáneo Juan Jiménez, allá por 1961, define a Pepe Nicolás como un hombre de conversación amena, inteligente, soñador y aparentemente despreocupado. Desde edad temprana, aparte de la poesía cultivó la pintura y la música con algunas composiciones en su haber, además de la faceta poco conocida de dibujante. Su poesía, al decir de Jiménez es intimista. Influenciado por el lirismo de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Tagore definió el paisaje sureño «insospechadamente profundo». curiosamente por esas fechas, Jiménez, Pepe Nicolás y Agustín Ramírez departieron en la casa de este último.
Recibe estudios de bachillerato en Las Palmas, y en la Laguna realiza el curso Selectivo de Ciencias. En 1958 inicia sus estudios de Medicina en Salamanca donde formó parte de la peña literaria del Ateneo en cuya revista publicó algunos de sus poemas, además de recitales en distintos foros. Se inició como profesor adjunto de Farmacología, obteniendo especialidad en Dermatología (1968-1970). Allí conoció a la que sería su esposa Carmina Fernández. Se traslada a Barcelona como director médico en unos laboratorios (1970-1971), para retornar dos años más tarde a la Universidad como profesor adjunto de farmacología en Bilbao. En 1974 se traslada a la Universidad de Laguna, obteniendo la cátedra en 1983 y desempeña varios cargos. En 1990 puso en marcha el Centro de Farmacovigilancia e Información Terapéutica de Canarias, amén de otros cargos fuera del ámbito universitario, además de llevar a cabo una labor investigadora y reputado conferenciante. En 2010 impartió su última clase magistral en la facultad de Medicina de La Laguna.
En la biblioteca del Museo Canario hemos encontrado tres obras suyas: El cuadro del cardenal (2012); La sabiduría de las piedras doradas (2017); y Álbum de irrealidades (2019).
Juan Jiménez (1940-2019)
Nació en el barrio de La Plaza de Carrizal. Cursó estudios en la Escuela de Comercio en Las Palmas, carrera que no llegó a concluir, incorporándose a tareas laborales como administrativo en una empresa aeronáutica. Con posterioridad realizaría estudios en la Universidad de La Laguna, obteniendo la licenciatura en Geografía e Historia. En su juventud, a principios de la década de 1960, se da conocer en su faceta lírica con recitales en su Carrizal natal, empezando a distinguirse en ambientes literarios de Las Palmas. A pesar de su proyección literaria tuvo que esperar a 1976 para recibir reconocimiento como «autor incómodo» en el Congreso de Poesía Canaria. En su obra pone de manifiesto la desgarradora realidad social en los campos sureños, destacando especialmente uno de sus primeros poemarios: La canción necesaria con María C (1966), dedicado la que fue su esposa y también artista literaria y plástica, la ingeniense María Castro, fallecida recientemente; además de otros títulos: Y no es por el peso del sol por lo que cae (1968), un canto a las tierras del sur de Gran Canaria y a los hombres y mujeres carrizaleros; Itinerario en contra (1980); y Epigramas (1995), editado ya en su última etapa de producción poética.
Críticos autorizados lo destacan como uno de los poetas más sobresalientes de la lírica canaria de la segunda mitad del siglo XX. Opinión que corrobora Luis Rivero Afonso (otro carrizalero con una consolidada proyección literaria y periodística), añadiendo que es un claro ejemplo de honestidad intelectual que rehúye el mercadeo institucional de la cultura. No se dejó sobornar por promesas, halagos o subvenciones oficiales. Dio ejemplo de integridad intelectual al mantenerse fiel a sus principios ideológicos. En lo referente a su obra lo cataloga como artesano de la palabra, que elaboraba sus versos con mucho tiempo y cuidado. Aparte de su compromiso sociopolítico de denuncia, poseía una vocación universal, rigurosa en las formas y en el buen hacer literario, sin caer en la tentación del lenguaje panfletario, cultivando los contenidos, pero también la belleza del verso. Su figura está encajada en lo que se vino en llamar Poesía canaria última de la que también forman parte: Ángel Sánchez, Eugenio Padorno y Lázaro Santana. Manuel González Barrera escribe de Juan Jiménez: «Alguien, hace ya tiempo, dijo que es el líder de un pueblo que no existe. Terrorífica verdad. Pero algún día ese pueblo existirá y ese día él será su referencia».
En 2016 fue galardonado por el Cabildo de Gran Canaria con el Can de Plata de las Artes por su dedicación a la poesía. En 2018, la revista digital BienMesabe a través de la pluma de Jorge Rodríguez Padrón (escritor de la misma generación “1965”) publica un trabajo muy detallado sobre su vida y obra.
Tengo en mi memoria su figura, cuando allá por los inicios de la década de 1960, con aire despistado y camisa a medio abrochar caminaba hacia Los Molinillas a enamorar a María Castro.
Juan López Vega (1952)
Maestro de enseñanza primaria. Nació y vive en Carrizal. Contrajo matrimonio con Julia Rivero Méndez, fruto del cual nacieron dos hijos.
Desde muy joven se conocen sus actividades relacionadas con la cultura de su localidad. A su faceta más conocida de fino prosista se une la de historiador y conocedor de la realidad etnográfica del Carrizal. En la década de 1960 llevó a cabo una intensa actividad teatral como dramaturgo, director y actor en la línea del movimiento que ya por los años treinta del pasado siglo marcaron Agustín Ramírez Díaz, Agustín Ramírez Alemán o Argimira Medina Quintero, entre otros.
Como la mayoría de los niños de su generación, asiste en su etapa infantil a la escuela regentada por el maestro José Serrano Nieto, continuando sus estudios de bachillerato en el Instituto Laboral de Telde y de allí al Seminario Conciliar, para posteriormente realizar el C.O.U. en el Instituto Pérez Galdós de Las Palmas. Matriculado en la Escuela de Magisterio obtiene su graduación en 1975. Ejerció su labor docente en el centro público Claudio de la Torre de Carrizal, García Escámez de Las Palmas y Barrio Costa de Las Majoreras, para terminar su carrera profesional en el Instituto de Carrizal. En ciertas etapas ejerció tareas directivas, hasta su jubilación en 2012.
Inicia sus actividades teatrales por el año 1969 con la puesta en escena de algunas de sus obras, entre ellas La vara y concierto en libertad menor. Su amor por la escena lo hace tomar la iniciativa de poner en marcha los festivales de teatro infantil en Carrizal.
Desde la localidad que lo vio nacer ha sabido reflejar con gran dominio del lenguaje, no exento de un tono poético, la realidad histórica y social del sureste grancanario. El servicio que prestó su padre, durante 29 años como sacristán-sochantre en el templo parroquial del Carrizal le sirvió para conocer el patrimonio documental custodiado en su archivo y así poder transcribir y elaborar con todo rigor su libro Aproximación a la historia socio religiosa del Carrizal, editado en 1982, todo un referente para el conocimiento de la parroquia de Nuestra Señora del Buen Suceso. En 1985 publica su obra Fábulas conjuntamente con poemas de Nila Hernández en un libro bajo el título de Amalgama. Su novela Ecos que ayer fueron voces (1995) refleja el mundo rural y sus costumbres. En la misma línea, su último trabajo conocido La sombra de la cucaña (2002), en el que emplea muchas expresiones del léxico canario que define en un glosario final. Participó en 2006 en Surcos y ceretos, obra conjunta sobre el cultivo y empaquetado de tomate en Carrizal. Asesor de la revista Semblanza Carrizalera y colaborador en la revista municipal El Ingenio con la reflexión La historia de los pueblos es siempre una historia colectiva. En su polifacética actividad cultural ha puesto letra a canciones para la murga carrizalera Los Legañosos.
Participa en foros y entidades culturales en encuentros, charlas, conferencias, programas televisivos, pregones y actos de distinta índole destacando por su gran capacidad como orador.
Agustín Ramírez (1910-1967)
Es quizás el más desconocido de los cinco escritores escogidos en este trabajo, pero no por ello menos importante, con una corta producción literaria conocida, solo por sus artículos en la revista editada en Carrizal durante la etapa republicana El Costero desde su puesto de redactor jefe y colaboraciones en periódicos de Las Palmas,
Hijo del comerciante Agustín Ramírez Ramírez y de Candelaria Díaz Ramírez, nació en Carrizal de Ingenio el 8 de octubre de 1910. La casa de larga fachada y bella balconada hacia un patio interior donde nació vivió, estudió, escribió y murió, se encuentra ubicada en la calle Cándida Ruano (antigua calle que conducía del templo al cementerio). Falleció el día 27 de mayo de 1967.
Desde niño en la escuela se distinguió por su amor al estudio y afán de saber. Su delicada salud le impidió continuar estudios superiores, dedicando gran parte de su vida a la enseñanza particular preparando a gente de todas las edades.
Autodidacta, formado con el trabajo diario, era un ávido lector; leía y releía a todas horas y en todos los lugares, especialmente los clásicos, habiendo sido el Quijote su primer libro leído, según sus propias palabras.
Escribía a mano con letra clara, amplia y desigual en el trazo con estilo diáfano y ágil que se podría definir como azoriniano, dando a sus escritos un toque personal, cargado del dolor, amargura y soledad que le acompañaban.
Castigado por la vida y por la naturaleza debido a la dismetría que sufría, luchó y sufrió por el bienestar de su Carrizal natal frente a la incomprensión de buena parte de sus convecinos. Al decir del periodista Ignacio Quintana Marrero, alguien llegó a pensar que su nombre era el seudónimo tras el que se ocultaba un buen escritor; al que llega a comparar con Larra por lo acerado de sus escritos, curiosamente parecidos en la personalidad y en la obra, destacando también como poeta y ensayista de novela corta, bajo el marco de su Carrizal natal y en la dimensión universal de la buena literatura, en muchos casos asomado al análisis de situaciones de carácter regional y nacional en auténticos tratados sociológicos.
De talante triste y humilde, le gustaba más escuchar que hablar, con dosis de humor, ternura y gallardía. El contenido de su amena obra es un verdadero disfrute; unas veces irónico y mordaz y otras, humorista. Cultivó la faceta de director de teatro y recitales, consejero de juventudes y moderador de tertulias. Un talentoso intelectual malogrado por razones de tipo económico y ambiental, expresando su desencanto hacia la institución municipal con sus críticas mordaces, enmarcadas en la época de su madurez literaria durante la posguerra en un tono desgarrado, acorde con su personalidad, que también plasma en sus artículos descriptivos. Agustinito no pudo desarrollar plenamente todas sus facultades intelectuales.
Aparte de su obra literaria, participa de manera intensa en el acontecer social de su pueblo. Formó parte de la comisión nombrada en la etapa republicana para entrevistarse con el Gobernador Civil con el fin de resolver la carencia de agua a la población, motivada por la desaparición de los nacientes en el barranco del Obispo, provocada por la apertura de un pozo por parte de un particular.
Por la década de 1940 fue secretario de la sociedad de recreo Unión Fraternal, bajo la presidencia de Juan Castellano Viera y Agustín Ramírez Alemán, que habían sido sus compañeros en El Costero. Por 1970 el grupo infantil de teatro de Carrizal tomó su nombre.
Concluimos con un fragmento de un artículo suyo publicado en 1948 que nos demuestra el hondo contenido de su pensamiento y la belleza de su exquisita prosa poética: Carrizal, rebaño de abigarradas viviendas que parecen alojarse, ávidas de apagar su sed, al seco y pedregoso cauce del Guayadeque exhausto…
Conclusión
Institucionalmente han tenido reconocimiento municipal: Vicente Boada González, calle en Ingenio casco; Agustín Ramírez Díaz, calle en Los Hoyos de Carrizal, a pocos metros de su casa; Juan Jiménez Santana, calle en el barrio de Las Puntillas, además de hijo predilecto de Ingenio. Sirva este trabajo periodístico para que las autoridades municipales de Ingenio reconozcan y perpetúen de alguna manera las figuras de José Nicolás Boada Juárez y Juan López Vega.
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