Valsequillo

El vino de Valsequillo pide paso

La asociación de vitivinicultores de Valsequillo propone llevar el cultivo del vino a los colegios de la isla

Los etnólogos aseguran que el municipio tiene un clima y unas tierras apropiadas para la elaboración del vino

Francisco Robaina junto a sus parras, en su finca de Valsequillo

Francisco Robaina junto a sus parras, en su finca de Valsequillo / Jose Carlos Guerra

La curiosidad de Francisco Robaina por el pasado de su pueblo le llevó a recuperar la tradición vitivinícola. Una plantación de parras le llevaron a hacerse un experto del vino, y poco después a crear la asociación de vitivinicultores de Valsequillo. Unos vinos naturales que aspiran a romper el mercado. 

Antiguamente, el barrio del Valle de San Roque, en Valsequillo, era conocido por tener mucha tradición vitivinícola. Los bodegueros eran habituales y el vino la bebida estrella, hasta que el tiempo se llevó a todos por delante. Las costumbres cambiaron, así como los oficios, llegados a un punto en el que el Valle de San Roque se quedó con un solo bodeguero, Paco Pulido, que fue el que contra las cuerdas intentó que la tradición vitivinícola siguiera adelante. En este punto entra en acción Francisco Robaina, que por aquel entonces era miembro de la comisión de fiestas y de la asociación de vecinos, con un inmenso interés en preservar las viejas costumbres del municipio.

"Antes de que él se marchara del oficio, me interesé en realizarle una entrevista, y al finalizar le comenté que tenía un terreno con diez parras", explica Robaina. Paco Pulido no dudó y le propuso hacer vino, y de este modo comenzaron a dar los primeros pasos en el año 2015. "Hice mi primer vino bajo sus indicaciones, me explicó la manera de elaborarlo y me gustó", recuerda Francisco. "Le dije que al próximo año plantaría más parras y haría más vinos, y de este modo comencé a aficionarme al vino", explica. Una curiosidad que le llegó tras caer en la cuenta del lagar destruido en el que jugaba, en el barrio de San Roque. "Investigué y los mayores me hablaban de que en ese lugar antes había parras plantadas, y que era una zona muy buena para el cultivo".

La primera cata

De este modo comenzó el recorrido de Francisco Robaina por un mundo que ha pasado de no interesarle, a apasionarle, y de no poner atención, a crear la asociación de vitivinicultores de Valsequillo, que actualmente cuenta con 50 componentes y en la que él es el presidente. "La asociación empieza con un grupo de viticultores de Valsequillo y ahora también se han unido los de Telde", comenta. Cursos para mejorar y elaborar vinos y un aprendizaje diario hasta que en el año 2017 se lanzan y deciden hablar con el Ayuntamiento para llevar a cabo los papeleos. "Como todos los comienzos, fue difícil, porque hacía falta dinero", dice. Cursos, visitas a bodegas y al poco tiempo, la pandemia, que obligó a que la asociación hiciera un parón en sus actividades. No fue hasta el año 2022, cuando estos muchachos se convirtieron en profesionales y realizaron su primera cata.

Francisco Robaina con uno de sus vinos

Francisco Robaina con uno de sus vinos / Jose Carlos Guerra

Una cata de 50 socios y 20 vinos, para un año más tarde realizar la segunda puesta en escena y duplicar los vinos. "Nos asociamos en Vinigran y la tercera cata la hicimos en abril del 2024 con 29 vinos, debido a que el tiempo ha sido malo y el calor atacó notablemente a las plantas y los cultivos", explica el presidente de la asociación. "Esto me tiene enganchado, utilizo mucho tiempo de mi vida para sacarlo adelante y es un trabajo constante", apunta Robaina. Desde el municipio, esta asociación trabaja diariamente para que los tratamientos de las parras sean lo más ecológico posible, y a pesar de la experiencia que tienen a sus espaldas no dejan de aprender, haciendo cursos siempre que tienen la posibilidad, como el de la poda en verde y en seco.

Consumo propio

Una de las principales ideas de esta asociación de vitivinicultores es formarse al máximo para más adelante dar el paso, pues tal y como explica Robaina, la mayoría de los asociados no está legalizado, sino que hace vino por hobby y para el consumo propio. "Lo que queremos es que la gente sepa lo que tiene en la zona, ver qué uva es la más apropiada y poder expandirnos con seguridad para vender nuestros vinos", explica.

Finca de Francisco Robaina, en Valsequillo

Finca de Francisco Robaina, en Valsequillo / Jose Carlos Guerra

Han sido muchos los enólogos los que han probado las características del vino de Valsequillo, asegurando a su gente que la zona contempla un clima y unas tierras apropiadas para la elaboración del vino blanco. Sin embargo, la moda se centra en los tintos y sobre todo en los sabores que tienen, pues los expertos ya no buscan la perfección, sino sabores únicos, algo que han encontrado en el municipio. "Ya no se buscan las grandes producciones, sino las pequeñas porque es lo que se valora y cotiza a nivel mundial, y si tienen levaduras naturales, mejor", comenta Francisco Robaina.

Sabor a naturaleza

Ya habían advertido los mayores de la zona, de que Valsequillo tenía unos terrenos óptimos para llevar a cabo esta práctica, y es que la influencia del entorno juega un papel fundamental, que es el principal culpable de los sabores a naturaleza que poseen. "Si hay eucaliptos, árboles o lo que haya plantado, todo lo transmite a las parras", apuntan los expertos, que aseguran que los vinos son naturales y cambian mucho, por lo que nunca suelen ser iguales.

Según explica Francisco Robaina, esta asociación de vitivinicultores de Valsequillo es la única que está funcionando en la isla, puesto que el resto son bodegueros de denominación de origen. Sin embargo, desde el año pasado, fueron invitados por otras asociaciones a un encuentro entre vitivinicultores de todas las islas en Tenerife, en la que comparten experiencias, inquietudes y problemáticas. "Este año volvemos a reunirnos a final de mayo en Lanzarote, donde pondremos en valor lo que nosotros consideramos que será la solución al problema del agua, y queremos que nuestras propuestas lleguen al Cabildo", explica Robaina.

Finca de Francisco Robaina

Finca de Francisco Robaina / Jose Carlos Guerra

Una de las ideas que han adoptado de estas reuniones ha sido la de llevar el conocimiento del vino a los colegios, una propuesta que en Tegueste ya se está llevando a cabo con resultados positivos entre el alumnado. "Queremos garantizar al alumnado que hay un porvenir y que se pueden dedicar a ello. Hay futuro, los niños se están integrando, al igual que las mujeres, que queremos que cojan el relevo y sean ellas las presidentas de las asociaciones", asegura Francisco. Además, otro de los proyectos que contempla Robaina como presidente de la asociación es ver si existe algún espacio para llevar los excesos de uva de cada productor y hacer un vino centralizado.

La gloria del vino

De esta manera nace la asociación de vitivinicultores de Valsequillo. De la mano de francisco Robaina y su curiosidad por aprender sobre el pasado de su pueblo. De una persona que no se dedica a la agricultora ni mucho menos era amante del vino, pero que las vueltas de la vida le llevaron a convertirse en un experto. Una finca de mil metros cuadrados que es parte de su refugio, en la que tiene plantadas ciruelas, perales, manzanos, limoneros, aguacateras, plataneras y 200 parras. Una pasión que le nació sin buscarla y que ahora se ha convertido en parte de su vida, porque tal y como explica, "el vino de Valsequillo sabe a naturaleza y a gloria, porque a mí me ha hecho cambiar".

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